Los encuestadotes son coincidentes. El domingo las urnas terminarían determinando que la Presidencia quede en manos de la esposa del actual presidente Néstor Kirchner, la senadora de Santa Cruz pero representante de Buenos Aires, Cristina Fernández.
Como se apuran en indicar los pregoneros de la prensa oficial, si eso ocurre es porque una mayoría lo decidirá con su voto. Es cierto, lo decidiría un caudal de votos seguramente inapelable.
Pero esa presunción de la realidad no óbice para un análisis alejado de las conveniencias momentáneas, y más centrado en lo que todos los argentinos necesitamos desde lo institucional, desde lo político, desde lo social. Un análisis que no todos los medios de prensa ofrecen.
Porque si los encuestadotes no se equivocan en sus pronósticos, la gente estaría eligiendo a una persona que jamás se prestó al diálogo franco con los comunicadores. Que jamás concedió una entrevista sin saber de antemano que los entrevistadores endulzarían sus oídos con las preguntas. Es algo que, si se cumplen los pronósticos, la mayoría de la población no ve.
Si los encuestadores no se equivocan, el domingo se elegirá a una senadora que formó parte del gobierno que permitió la maniobra de Skanska; que avaló a una ministra de Economía que escondía varios miles de pesos, en fajos sellados del Banco Central, en el botiquín del baño de su despacho; y que permitió el vuelo y el posterior ingreso al país de misteriosas valijas rebosantes de dinero venezolano, y en ninguno de los casos se dieron mínimas explicaciones. Es algo que, si se cumplen los pronósticos, la mayoría de la población no ve.
Si los encuestadores no se equivocan, el domingo recibirá la bendición como presidenta una de las figuras más destacadas de un gobierno al que, en la cara, le desapareció un testigo de los juicios contra los genocidas de la dictadura; testigo que, vale la pena señalar, sigue sin aparecer. Y al que, con la sospecha de “el mensaje”, le matan a tres policías sin que se sepa un ápice acerca de los culpables. Es algo que, si se cumplen los pronósticos, la mayoría de la población no ve.
Si los encuestadores no se equivocan, el domingo llegará a la Presidencia una senadora que no ofrece ni explicaciones, ni respuestas, ni soluciones a la constante suba de precios, que destroza a diario los bolsillos de los trabajadores y que si siquiera se admite en las mediciones del INDEC.
El domingo pasaría de senadora a presidenta una legisladora que se muestra más preocupada por la cotización de los bolsos Louis Vuitton, que por el costo de llenar una bolsa de supermercado. Es algo que, si se cumplen los pronósticos, la mayoría de la población no ve.
Si los encuestadores no se equivocan, el domingo accederá a la Presidencia una de las responsables de la dilación, por incapacidad para solucionar el tema, del conflicto desatado entre Argentina y Uruguay por el funcionamiento de una papelera. Cristina Fernández está más preocupada por otros temas internacionales, como salir bien vestida en la foto con Hillary Clinton o Angela Merkel. Pero... ya se reiteró: es algo que, si se cumplen los pronósticos, la mayoría de la población no ve.
Tal vez el correr de los años en democracia nos permita mejorar la visión, depurar nuestras observaciones, mirar con más atención. En definitiva... salir de esta especie de ceguera.
viernes, 26 de octubre de 2007
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