miércoles, 10 de octubre de 2007

Llegan, rezan y huyen

La Peregrinación Juvenil tiene su convocatoria antepuesta: un millón de personas. ¿Alguien se ocupó de calcular fehacientemente esa cifra? En realidad, ¿a alguien le interesa conocer exactamente la cantidad de feligreses que caminan desde Liniers hasta Luján? ¿O todos quedan felices con el dato presunto?
Lo cierto es que este año se volvió a hablar de una caminata realizada “por alrededor de un millón de fieles”. Otros medidores a “ojímetro” aseguran que este año vino menos gente que en ocasiones anteriores.
Así lo señaló una de las coordinadoras de la salida, el sábado a la tarde en Liniers. Y lo corroboraron decenas de vendedores que esperan con las manos y los bolsillos abiertos a los cansados peregrinos.
Una información resultará irrefutable para cualquiera de las partes interesadas en la masiva manifestación de fe: cada año las visitas se quedan menos tiempo en las tierras de la Virgen.
Llegan con lo justo, ingresan a la Basílica, salen, buscan a su colectivo, su combi o el tren, y regresan a su ciudad. Es mínimo el porcentaje de fieles que se queda a esperar la palabra sacerdotal de la misa central, y menos aún a recorrer los atractivos del lugar.
¿Por qué no analizar las razones de esa verdadera huida? La Arquidiócesis de Mercedes-Luján, las autoridades del municipio, los comerciantes, ¿no tendrían que rever una serie de acontecimientos que ayudan a ese escape rápido?
Sin duda, parte de las explicaciones que nadie parece dispuesto a dar se encontrarán en todo lo que rodea a los peregrinos.
Hace años que la masiva convocatoria se transformó en tribuna para las más variadas propagandas. Juan Carlos Blumberg, por ejemplo, se mezcló hace diez días entre los gauchos y el domingo pasado entre los jóvenes, para rapiñar votos en su intención de llegar a la Gobernación. Este año fue Blumberg, o Felipe Solá disfrazado de gaucho; dentro de dos años serán otros.
Los sectores católicos más conservadores utilizaron el camino de los peregrinos para inundarlo con carteles que exponen su posición en relación con el aborto. ¿Todos los fieles habrán estado de acuerdo?
Los comerciantes de la zona turística y del sendero de llegada a Luján actúan como si el arribo de miles y miles de personas fuese la salvación económica para todo el año. Compran mercadería por 1 peso y la venden a 5 pesos. Ofrecen sus baños particulares “por dos pesitos”. “Total, pasan una vez en el año”, argumentó uno de los improvisados mercachifles.
Todos quieren aprovecharse de la peregrinación y nadie les pone un freno. Si hasta parece avalada la venta de “certificados de la fe”, unos papeles con una presunta bendición y acreditación de la condición religiosa que se les ofrece a todos los caminantes.
Los caprichosos cálculos que rodean a la masiva marcha a pie indicarían una merma en la cantidad de peregrinos y una notable disminución del tiempo de permanencia en la Ciudad de la Fe. ¿Cuánto tendrá que ver, en lo que ocurre, el abusivo aprovechamiento que se realiza con una manifestación que, en sus protagonistas, no tiene más motivaciones que la fe?

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