Los que eligieron con su voto a Cristina Fernández de Kirchner, aceptando la extraña propuesta de “un cambio con continuidad”, recibieron una noticia lógica al confirmarse la integración del gabinete de ministros. Un puñadito de cambios y un espaldarazo para los ministros más cuestionados.
En todo caso, el matrimonio presidencial sabrá que las críticas a la continuidad de Julio De Vido, Alberto Fernández y Aníbal Fernández, entre otros, emanarán de los mismos que con su voto no aportaron para que Cristina ganara con el 45 por ciento de los electores.
Diferente horizonte se presenta en Luján, donde la mayoría de los ciudadanos optó por un cambio. Si bien Miguel Prince y Graciela Rosso reportan ante las mismas autoridades provinciales y nacionales en el marco del Frente para la Victoria, el voto local pidió un cambio. O, enfocado con otro lente, exigió un punto final para un equipo de trabajo y un modo de entender y poner en práctica las acciones políticas.
El anuncio del nuevo gabinete que acompañará a Rosso, ¿responderá a esas expectativas? Por lo pronto, con los números del escrutinio aún frescos, la electa jefa comunal salió a marcar la cancha: “De los funcionarios de la gestión de Prince no quedará ninguno”.
¿Expresión meditada, o pronunciación en caliente para agradar al oído de quienes la votaron y de quienes le aportan un tiempo de crédito?
En las escasas acciones pertinentes a la transición de la administración, algunas cartas comienzan a asomar. Hernán Mosca, Héctor Artero, Alcides Pedurán, Humberto Guibaud son punta de lanza en los encuentros de intercambio de información y parecerían tener asegurado un sitio en la flamante estructura.
De todos modos, los nombramientos todavía no se realizaron y transitamos el interesante momento en que las palabras de campaña se tienen que traducir en hechos.
Rosso prometió ordenar la administración, cortar con los coordinadores para coordinar a coordinadores y nutrir a su estructura de las personas que considere más capacitadas o con conocimientos profesionales para cada una de las áreas.
Quizás en ese contexto entienda que para realizar una buena gestión no necesita un coordinador de delegados municipales, o un responsable de área que una vez cada tanto escriba un documento público y el resto de los días se preocupe únicamente por leer los diarios, o un coordinador para elegir las especies arbóreas que pueblan los espacios públicos de la ciudad, por citar algunos ejemplos posibles.
Quizás Rosso comprenda que más de setenta funcionarios elegidos a dedo, con sueldos que no bajan de los tres mil pesos, sean un plantel y una cifra que merezca una urgente revisión. Quizás entienda que los amiguismos deben quedar para la vida privada y aplique lo que ella misma expresó a este medio días después del triunfo: “Yo no creo en los entornos. Se trabaja con las personas que se eligen. Si no se tiene la capacidad como dirigente para sacar de al lado a las personas que no sirven para el bien común para el que se entró a la política, creo que es uno de los peores errores que puede cometer un político”.
Después de un viaje al exterior que mezcló descanso con gestiones y de trabajar en comisión dentro del Congreso Nacional para lograr la aprobación del presupuesto que solventará la gestión de la presidenta electa, Rosso desembarca en Luján para definir todos los nombres y las acciones iniciales de su mandato, que comienza formalmente el 10 de diciembre.
Es en estos tiempos, entonces, en los que se terminan de establecer cargos, responsabilidades, funciones, urgencias y modos de enfrentarlas. Sería saludable para los lujanenses que esa tarea se encare en correlato con lo expresado en la campaña y horas después del triunfo. Y que esas funciones queden en manos de los profesionales más capacitados, con un gabinete que no evidencie únicamente una sencilla distribución de cargos entre los sectores de Rosso y la diputada Fernández, asociados dentro del Partido Justicialista, para mantener la paz interior.
lunes, 19 de noviembre de 2007
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