miércoles, 12 de diciembre de 2007

De espalda a la gente

Jugaron a las escondidas y les salió bien. Ganaron ellos. Perdieron los miles de lujanenses que querían detalles del acto que plasmó la decisión electoral del 28 de octubre pasado.
El intendente saliente y la intendenta entrante no se mostraron a la altura de las circunstancias y realizaron el acto administrativo más importante para una comuna a espaldas de la gente. Como expresa el dicho, pero en este caso sin necesidad de ocultar nada, “entre gallos y medianoche”.
Con el hermetismo propio de quien –por razones que se desconocen- no quiere exponer su imagen después de una derrota, Miguel Prince ingresó a la casa municipal en la mañana del lunes, cuando su sucesora, Graciela Rosso, estaba en otra ciudad.
Pidió el libro de actas de transición, estampó su firma, charló unos minutos con un grupo de colaboradores, se fue y no regresó.
No hay imágenes ni testimonio periodístico presencial sobre la rúbrica que le puso fin a doce años, tres mandatos consecutivos de gestión de Prince. En todo caso, hay testigos de los pasos dados por uno y de los pasos dados por la jefa comunal electa.
Lejos de entender la magnitud del acto administrativo, Rosso accedió a los deseos de quien, seguramente, no quiso mostrarse derrotado. Entonces respetó la idea de realizar todo en privado, sin gente, sin fotos, sin demasiados testigos y permitió que, en concreto, nadie le hiciera entrega del mando.
Por la mañana, Rosso consideró que debía asistir a la entrega de los diplomas de la Junta Electoral, en La Plata. Después del tormentoso recuento de votos, es comprensible ese deseo. De eso hay fotos oficiales.
Después quiso presenciar, en su rol de diputada nacional saliente, la asunción de la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, y también de los ministros que acompañarán a la primera mandataria del país. También hubo fotos de la prensa oficial.
La última parada de su agenda indicaba “Luján”. Con las últimas luces del día, Rosso ingresó a la casa municipal, se juntó con parte de su gabinete y con el funcionario saliente y concejal entrante, Salvador Domingo Faro, y agregó su firma en el papel que ya había rubricado Prince.
Como nenes enemistados por la tenencia de un juguete, Rosso y Prince acordaron no cruzarse, no tener que saludarse, no regalarle a la comunidad que los eligió la imagen que plasma, ni más ni menos, un proceso democrático.
Porque les ha resultado más cómodo y placentero a los dos, no quisieron compartir públicamente el trascendental acto de traspaso de mando. De ese acto no hay fotos oficiales.
Todos los lujanenses que, sorteando un sinfín de contratiempos, se acercaron a las urnas y en octubre eligieron un cambio de gobierno en Luján, merecían una seriedad que ni Prince ni Rosso supieron asumir.
Al cierre de esta edición, ahí sí para la prensa, para que abunden las fotos y los comentarios, Rosso jurará como jefa comunal. Se presumía que Prince no asistiría a esa reunión. En realidad, cuando Rosso participe de ese acto, ya tendrá en sus espaldas un día de gestión, aunque casi nadie se haya enterado en tiempo y forma.

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