La misma nota o, en realidad, la misma intención informativa fue la que motivó los diálogos que este medio realizó -y publicó- con los concejales que culminan cuatro años de mandato: el vecinalista Héctor Melo y el radical Manuel Silva.
Con matices lógicos, evidentes, ambos trazaron la semblanza de una tarea que les llegó gracias al voto popular. Melo repasó esos años con su particular verborragia y su escasa cintura para construir respuestas atenuadas. Silva con su distintiva carga de corrección política, sin agredir y sin ser demasiado incisivo.
Diferente fue el tercer caso, que damos a conocer en esta edición (ver página 4). Leopoldo Polo? Miglioranza cierra la puerta del Concejo Deliberante con ganas de no regresar nunca más a ese ámbito de la democracia.
Miglioranza llegó a esa tarea como parte de la alianza que en 2003 reunía, en una lista de candidatos, las ambiciones futuras de Miguel Prince y Graciela Rosso. ?Polo? pertenecía a la fracción política de la hoy electa jefa comunal.
El correr de los tiempos, de los temas y la distancia entre el edil y su referente generaron una ruptura. ?Polo? dejó de responder a pie juntillas las órdenes de Rosso y se posicionó como un soldado más de las causas princistas. En ese barco llegó al final del viaje, pero la simple solicitud de una nota para repasar sus años de concejal logra exponer que las aguas transitadas, según su visión, no fueron placenteras. Por el contrario, no se suele escuchar a un político abandonar una función asegurando que ?ni loco? regresa.
En ese tono se enmarca la despedida de Miglioranza, concejal por el Frente para la Victoria hasta el 10 de diciembre. Sus palabras, duras de escuchar, molestas hasta la irritación para sus pares, reflejan heridas abiertas que perduran en todos los ámbitos de la política.
El concejal aseguró a este medio que el Concejo Deliberante, como todos los organismos similares de la Provincia, no le soluciona nada a la gente. Dijo también que carecen de debates ideológicos y su rol es apenas declamativo?, porque allí sólo se discute por ?chicanas y pelotudeces?.
Lo más grave, y reprochable en su caso, es que afirme no estar sorprendido por los años trascurridos. Para él, fueron la confirmación de la tarea que iniciaría. Y que sostuvo durante cuatro años.
Si se logra correr la cortina de las expresiones personales de Miglioranza, que sabrá por qué no renunció o directamente- por qué no rechazó la oferta de ser edil, es interesante observar un paso más allá y analizar el contexto con visión más integral y no tan cortoplacista?.
¿Cuánto puede lograr un Concejo Deliberante para cambiar realidades adversas de los vecinos? Si la tarea se entiende como una trinchera de militancia, seguramente se conseguirán muy pocos frutos. Si, por el contrario, se entiende a la banca como un espacio privilegiado para generar normas que cambien efectivamente situaciones desfavorables, el rinde puede ser diferente.
Fue el Concejo el que logró, con el espaldarazo de los vecinos movilizados, frenar la creación de una sociedad anónima que hipotecaba por cien años a toda la zona turística. Miglioranza sabe cuánto valió su voto. Fue el Concejo, también, el que termina castigando los bolsillos porque aprobó fortísimos aumentos de tasas. Y desde ese espacio, también, se resolvieron importantes cesiones de terrenos públicos.
Aunque la lista de temas concretos, positivos, palpables sea, seguramente, mucho menos extensa que los debates y comunicaciones infructuosas, hubo un rol que el Concejo no perdió: el control de la gestión ejecutiva.
Sin lugar a dudas, deberá incrementar y mejorar esa tarea. Y dejar de utilizar los bloques como trincheras electorales o como espacios cómodos donde cobrar una dieta durante cuatro años, sin rendir cuentas laborales a nadie.
El día que se logren esos cambios, la sensación en los ciudadanos será diferente y habrá menos margen para que un edil, oficialista u opositor, se retire diciendo que ?el Concejo no le cambia la vida a nadie?.
Aunque la lista de temas concretos, positivos, palpables sea, seguramente, mucho menos extensa que los debates y comunicaciones infructuosas, hubo un rol que el Concejo no perdió: el control de la gestión ejecutiva.
lunes, 3 de diciembre de 2007
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