lunes, 17 de diciembre de 2007

La economía marca el camino

Seguramente, por el impacto de las palabras, hacía falta decirlo en el ámbito justo, cuando todas las miradas y los oídos estaban puestos en el discurso inicial. La intendenta Graciela Rosso eligió el acto de jura para explicar que “no estamos bien económicamente”.
Y que la Municipalidad, es decir, cada uno de los lujanenses, debemos y nos debemos -porque una gran mayoría de cuentas a cobrar las tienen proveedores locales- no menos de 21 millones de pesos.
La información generó reacciones inmediatas, caras de sorpresa en algunos de los tantos que se acercaron a acompañar a Rosso en su juramento.
Nunca es malo que la comunidad sepa qué sucede en el marco de todos los actos de gobierno. En este caso, que sepa que una sucesión de pésimas administraciones dejó las cuentas en rojo.
De todos modos, se debe trazar una diferencia entre la información y la sorpresa. Es entendible que gran parte de la población desconociera los detalles de los números municipales, más si se desarrollaba una política que ayudó a poner un velo sobre la realidad: mucho concierto, muchos actos, mucha placa de inauguración, mientras la deuda pública crecía y crecía.
Sin embargo, la deuda millonaria no es novedosa para los dirigentes políticos, oficialistas y opositores. Sólo un improvisado podía pensar en una Municipalidad rica. De hecho, honrar esa deuda fue caballito de batalla en la campaña de varios de los candidatos a intendente.
Rosso conocía esa realidad, sabía que luchaba por llegar a una Intendencia que tiene sus cuentas en rojo y que durante más de una década gastó más de lo recaudado. En ese aspecto, no hay margen para la sorpresa.
Pueden resultar sorpresivos los pormenores ventilados en la transición, como lo releva el decreto de la intendenta que declaró la emergencia económica, la primera medida de la gestión entrante. Gran cantidad de juicios en marcha contra la administración comunal; parque automotor destrozado; superpoblación de cargos políticos y la necesidad insoslayable de enfrentar los gastos básicos (salud, servicios, asistencia social), jaquean el arranque de la flamante administración.
En ese contexto, la puesta en marcha de la nueva gestión abrió algunas puertas para la expectativa. Por lo pronto, decretó la emergencia para que, al menos en imagen -habrá que ver en los hechos-, quede la sensación de que los primeros meses de gobierno serán de economía de guerra.
También se anunció la quijotesca idea de terminar con la pobreza, porque “Luján es una ciudad rica, inmensamente rica”.
Para que esa agradable expresión se note en las calles, en los barrios, en las localidades, habrá que recorrer un duro camino. Entre otras medidas, se tendrá que normalizar la economía, ahorrar ante lo innecesario, minimizar el gasto en la estructura política y priorizar los gastos en salud, asistencia social y servicios.
No siempre la aplicación de esas acciones genera simpatía en el humor social. Por el contrario, rápidamente se suelen escuchar las voces de los que dejan de gozar de los beneficios del Estado.
En esa delgada brecha que separa el gasto en lo prioritario, el ahorro, y el malestar de los desplazados por el fin del derroche, tendrá que transitar los primeros tiempos de la gestión de Rosso. Es el único camino saludable para una mejora en la administración. Caminar por otros senderos sería repetir los errores y falencias que llevaron al setenta por ciento de la población a votar por un cambio.

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