Hay imágenes que hablan por sí solas; que tal como expresa el dicho, valen más que mil palabras. Luján se sumó a los municipios de la provincia de Buenos Aires que durante el fin de semana regalaron las postales de gran cantidad de ingresos a las escuelas públicas plagados de gente acampando.
El motivo del sacrificio no se relacionaba con el fanatismo hacia algún cantante o por la obsesión por ver un espectáculo deportivo. En este caso, los días enteros de cola a la intemperie se debían a la necesidad –y la responsabilidad- de inscribir a sus hijos en el primer grado de la educación primaria.
Ocurrió en muchos establecimientos locales que no ofrecían más que treinta vacantes y que recién abrían sus libros de inscripción el lunes a la mañana.
El que no se mostró dispuesto al sacrificio, tuvo que resignarse a inscribir a sus hijos en ubicaciones muy lejanas a las posibilidades de ingreso; paso previo a la resignación total de tener que anotar a sus chicos en colegios alejados de la ciudad o directamente en establecimientos privados.
A la situación natural de la altísima demanda en relación con la paupérrima oferta, se sumó la desesperación económica, que no hizo más que incrementar las horas de calvario. En los primeros sitios de las filas en la puerta de las escuelas se ubicaron “coleros”, personas dispuestas a sacrificar días enteros a cambio de unos pesos (el tarifario indicó unos 100 pesos cada 12 horas).
Eso obligó a muchos padres a sumarse a la cola desde el viernes a la mañana, para no perder un sitio expectante, generando el lamentable escenario de enfrentamiento entre necesidades paralelas. Unos, hacer horas de cola para cobrar más. Otros, para que sus hijos tengan un banco en los precarios sitios que ofrece la educación pública.
Tarde, como siempre, el director de Cultura y Educación bonaerense, Mario Oporto, salió a defender la estructura existente asegurando que “hay vacantes en los establecimientos de la provincia”.
Habría que indicarle al funcionario que para un padre y una madre que trabajan, no resulta igual enviar a su hijo a una escuela ubicada a escasas cuadras de su hogar, que tener que trasladarlo varios kilómetros todos los días para poder asistir a clases. Y mucho menos tener que culminar el trajín en una escuela privada, sumando al gasto del día a día el costo de una cuota mensual.
Oporto no puede hacerse el distraído, porque ya pasó por esta función. Por eso es tardío su anuncio de esta semana en el que habló de cambiar el modo de inscripción para 2009.
Modificar el método de inscripción es un paliativo. Lo que urge es tomar medidas más de fondo y entender, de una vez por todas, que una de las prioridades de una gestión tiene que pasar por la educación.
En Luján, como en la mayoría de los municipios bonaerenses, faltan escuelas, faltan aulas, faltan maestros. El día que se entienda esa demanda y se actúe en consecuencia, no habrá más días de cola bajo la luna para conseguir una vacante educativa.
viernes, 21 de diciembre de 2007
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