miércoles, 25 de junio de 2008
miércoles, 21 de mayo de 2008
Circo

La noticia era buena y como tal alegró a decenas y decenas de chicos que acostumbran tener esquivas las alegrías. Una gestión de aquellos que tienen los recursos y el poder para gestionar y lograr reacciones, consiguió que la carpa del circo se abra mágicamente. Esa mística infantil intacta del show por comenzar, se ponía a disposición de grandes y chicos que no tienen ese resto para pagar una entrada. “A la tarde vamos al circo” se escuchaba por las calles polvorientas de los barrios San Fermín, Santa Marta, La Loma, San Pedro, de Olivera, de Jáuregui.
Graciela Rosso gestionó una función del Cirque XXI para chicos de esos barrios y se arbitraron los medios para el traslado. La noticia alegre se empañó con la difusión: una gacetilla de prensa municipal se adelantó en aclarar que los asistentes a la función eran niños “carenciados”. A la aclaración se le adjuntó una foto, con la jefa comunal al frente del grupo de pequeños con sus papás, expectantes por el inicio de la función.
¿Por qué la foto de la intendenta en la gacetilla?, me pregunté primero.
¿Por qué fotos en la gacetilla?, me pregunté unos minutos más tarde.
¿Porque una gacetilla?, terminé preguntándome, sin encontrar aún una respuesta que me convenza.
Bienvenida la gestión para que un montón de chicos que no tenían dinero para ir al circo –y no por ello merecen la etiqueta de “carenciados”- puedan disfrutar del show bajo la gran carpa. ¿Pero no era suficiente con hacer llegar la noticia a los beneficiados? ¿Todo Luján tenía que saber y ver cómo fue la alegría de esos chicos “carenciados”?
Hace algunos meses atrás, un grupo de chicos de otros barrios del partido fueron al circo por gestiones realizadas por trabajadores sociales sin lazos con la gestión municipal. ¿Alguien se enteró? Sí, los únicos que tenían que enterarse: los chicos y sus familias. ¿Quién más tenía que saberlo?
No hay que ser injusto. La difusión de estas noticias con sus respectivas fotos no podemos entenderlo como una exclusividad de la actual gestión. Es una práctica arraigada en la política argentina. Tan arraigada como el uso de la palabra “carenciado”. Abundan los ejemplos en Luján, en la provincia de Buenos Aires, en otras provincias e incluso fuera de la geografía argentina.
Ante este uso de la información, en la redacción vuelve a sonar con fuerza aquel pedido del entonces párroco de Villa del Parque, cuando la crisis arreciaba y esta misma lógica de la comunicación oficial hacía alarde de los aniversarios de los comedores sociales. “Por favor no saquen fotos de los chicos comiendo”, nos sugería Luis Jáuregui.
Eran años en los que se festejaba -porque la propaganda del gobierno así lo indica en sus manuales de estilo- que los comedores barriales cumplieran años de existencia y de crecimiento. No se reparaba en lo esencial: esos chicos se alimentan allí porque no pueden hacerlo en sus casas, con su familia. Lo importante en ese entonces era el festejo y la foto.
Exponer cualquier consecuencia de la pobreza suele resultar chocante. Más aún si esa consecuencia se vislumbra en los chicos.
Graciela Rosso gestionó una función del Cirque XXI para chicos de esos barrios y se arbitraron los medios para el traslado. La noticia alegre se empañó con la difusión: una gacetilla de prensa municipal se adelantó en aclarar que los asistentes a la función eran niños “carenciados”. A la aclaración se le adjuntó una foto, con la jefa comunal al frente del grupo de pequeños con sus papás, expectantes por el inicio de la función.
¿Por qué la foto de la intendenta en la gacetilla?, me pregunté primero.
¿Por qué fotos en la gacetilla?, me pregunté unos minutos más tarde.
¿Porque una gacetilla?, terminé preguntándome, sin encontrar aún una respuesta que me convenza.
Bienvenida la gestión para que un montón de chicos que no tenían dinero para ir al circo –y no por ello merecen la etiqueta de “carenciados”- puedan disfrutar del show bajo la gran carpa. ¿Pero no era suficiente con hacer llegar la noticia a los beneficiados? ¿Todo Luján tenía que saber y ver cómo fue la alegría de esos chicos “carenciados”?
Hace algunos meses atrás, un grupo de chicos de otros barrios del partido fueron al circo por gestiones realizadas por trabajadores sociales sin lazos con la gestión municipal. ¿Alguien se enteró? Sí, los únicos que tenían que enterarse: los chicos y sus familias. ¿Quién más tenía que saberlo?
No hay que ser injusto. La difusión de estas noticias con sus respectivas fotos no podemos entenderlo como una exclusividad de la actual gestión. Es una práctica arraigada en la política argentina. Tan arraigada como el uso de la palabra “carenciado”. Abundan los ejemplos en Luján, en la provincia de Buenos Aires, en otras provincias e incluso fuera de la geografía argentina.
Ante este uso de la información, en la redacción vuelve a sonar con fuerza aquel pedido del entonces párroco de Villa del Parque, cuando la crisis arreciaba y esta misma lógica de la comunicación oficial hacía alarde de los aniversarios de los comedores sociales. “Por favor no saquen fotos de los chicos comiendo”, nos sugería Luis Jáuregui.
Eran años en los que se festejaba -porque la propaganda del gobierno así lo indica en sus manuales de estilo- que los comedores barriales cumplieran años de existencia y de crecimiento. No se reparaba en lo esencial: esos chicos se alimentan allí porque no pueden hacerlo en sus casas, con su familia. Lo importante en ese entonces era el festejo y la foto.
Exponer cualquier consecuencia de la pobreza suele resultar chocante. Más aún si esa consecuencia se vislumbra en los chicos.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Cronología de un anuncio bajo presión

Cómo se gestó el compromiso de cerrar el basural
La elaboración de un informe periodístico que aún no salió al aire, apuró una decisión del gobierno local: Rosso dijo que el basural municipal se cierra dentro de tres meses.
Para ello se tienen que solucionar una serie de situaciones: descarga y destino de los residuos sólidos; vuelco de los tanques atmosféricos; control de los incendios; trabajo para los “cirujas” y desratización.
El miércoles pasado un equipo de producción del programa Caiga Quien Caiga (CQC) visitó la zona del basural municipal para tomar algunas fotos y definir el enfoque del informe periodístico. En esa jornada, uno de los productores fue testigo del desfile constante de camiones de basura, del trabajo de los “cirujas” y de la descarga de tanques atmosféricos sobre los fondos del predio. De esto último sacaron fotos.
El viernes, a primera hora de la mañana, un numeroso equipo de producción (tres cámaras, dos productores y asistentes) con el periodista Gonzalo Rodríguez a la cabeza, llegó al basural. Allí realizó algunas notas con un vecino, de apellido Verdi, que fue quien denunció la situación en la sección “Proteste ya” del programa CQC. Esa persona tiene un predio a la altura del kilómetro 2 de la ruta provincial 192 y dijo estar cansado de denunciar el humo, el peligro que implica en la ruta y los vuelcos de atmosféricos en el basural.
También se consultó a un periodista de este medio sobre la peligrosidad de la ruta, los proyectos pendientes para poder cerrar el basural y la falta de control en los ingresos a “La Quema”, con imágenes de evidenciaban el vuelco de productos peligrosos, incluso fuera de los límites del basural, y varios focos de incendio.
Mientras se realizaban las notas en el basural, dos tanques atmosféricos entraron al predio para descargar. Ante la presencia de las cámaras, se retiraron. A metros de la entrada le avisaron a otro camión. Los tres camiones emprendieron regreso a Luján, pero se quedaron a mitad de camino esperando que la combi que trasladaba al equipo periodístico se retirara del lugar. Pasadas dos horas de espera y con los tanques llenos, enfilaron hacia el centro de Luján y no regresaron.
El periodista de CQC también aprovechó el informe para cosechar testimonios de vecinos cercanos al basural. Con ese fin, dialogó con un puñado de gente del barrio San Pedro. Cada uno relató los padecimientos diarios a causa del humo y los roedores.
El sábado, un equipo más reducido del programa, con una cámara y mayor sigilo, regresó al basural y según contaron los productores lograron registrar vuelcos de tanques atmosféricos. En el predio, casualmente, encontraron a la directora de Medio Ambiente, Mariana Zaia, y le realizaron una nota que en particular apuntó a la falta de control en los vuelcos de los tanques sépticos.
El lunes pasado fue la última jornada del equipo de CQC en Luján, dedicada al informe. Tenían intenciones de contactar a las autoridades municipales para conocer la explicación oficial acerca del descontrol que se evidencia en el basural. Ya estaban en Luján cuando se enteraron de la convocatoria a conferencia de prensa, en la Casa Municipal, para hablar, casual y oportunamente, de medidas para “erradicar la basura a cielo abierto”.
El equipo periodístico de ese programa entró a la rueda de prensa con un carrito de supermercado repleto de residuos recolectados en el basural y una máquina de humo para simular el malestar con el que conviven gran cantidad de vecinos y aquellos que tienen que transitar a diario la ruta 192.
Después de un áspero ida y vuelta de preguntas con la intendenta Rosso, lograron arrancarle el compromiso de que en tres meses se cerrará definitivamente el basural y estarán solucionadas todas las situaciones paralelas que trae aparejado el cierre.
Ayer a la mañana (por el martes), desde la producción del programa CQC se comunicaron con aquellas personas de Luján que ayudaron en la realización del trabajo periodístico y les informaron que la puesta en aire estaba prevista para el próximo martes. Detallaron que en estos días se elaboraron dos informes; uno sobre el basural de Luján y otro sobre el tren El Gran Capitán. Y que por la actualidad del debate alrededor del Tren Bala, se eligió presentar este último informe en la noche de ayer.
El martes próximo, si no ocurre nada extraño que periodísticamente eclipse al descontrol del basural local, finalmente se proyectaría el “Proteste ya” grabado en Luján. Para ese entonces ya habrán corrido ocho días de los tres meses de plazo que se fijó la intendenta para cerrar el depositario de los residuos urbanos.
En realidad, para que la cronología de la noticia sea justa y detallada, la primera fecha a mencionar debe ser el jueves 4 de diciembre de 1997. Ese día el entonces intendente Miguel Prince se acercó al descontrolado predio del basural y allí mismo anunció su “cierre definitivo”. Lo hizo rodeado de “recolectores informales de basura” que trabajan en el predio.
Anunciaba que al lugar sólo se llevarían los residuos del día y que después de la tarea de los cirujas todos los restos se pondrían en containers, con destino al CEAMSE. Esa propuesta, al igual que el alambrado perimetral, duró unos meses. También ese día se inició una desratización y, casualmente, se decía que “en 90 días no habría más roedores en el basural”. Nadie pensó en los alrededores.
La elaboración de un informe periodístico que aún no salió al aire, apuró una decisión del gobierno local: Rosso dijo que el basural municipal se cierra dentro de tres meses.
Para ello se tienen que solucionar una serie de situaciones: descarga y destino de los residuos sólidos; vuelco de los tanques atmosféricos; control de los incendios; trabajo para los “cirujas” y desratización.
El miércoles pasado un equipo de producción del programa Caiga Quien Caiga (CQC) visitó la zona del basural municipal para tomar algunas fotos y definir el enfoque del informe periodístico. En esa jornada, uno de los productores fue testigo del desfile constante de camiones de basura, del trabajo de los “cirujas” y de la descarga de tanques atmosféricos sobre los fondos del predio. De esto último sacaron fotos.
El viernes, a primera hora de la mañana, un numeroso equipo de producción (tres cámaras, dos productores y asistentes) con el periodista Gonzalo Rodríguez a la cabeza, llegó al basural. Allí realizó algunas notas con un vecino, de apellido Verdi, que fue quien denunció la situación en la sección “Proteste ya” del programa CQC. Esa persona tiene un predio a la altura del kilómetro 2 de la ruta provincial 192 y dijo estar cansado de denunciar el humo, el peligro que implica en la ruta y los vuelcos de atmosféricos en el basural.
También se consultó a un periodista de este medio sobre la peligrosidad de la ruta, los proyectos pendientes para poder cerrar el basural y la falta de control en los ingresos a “La Quema”, con imágenes de evidenciaban el vuelco de productos peligrosos, incluso fuera de los límites del basural, y varios focos de incendio.
Mientras se realizaban las notas en el basural, dos tanques atmosféricos entraron al predio para descargar. Ante la presencia de las cámaras, se retiraron. A metros de la entrada le avisaron a otro camión. Los tres camiones emprendieron regreso a Luján, pero se quedaron a mitad de camino esperando que la combi que trasladaba al equipo periodístico se retirara del lugar. Pasadas dos horas de espera y con los tanques llenos, enfilaron hacia el centro de Luján y no regresaron.
El periodista de CQC también aprovechó el informe para cosechar testimonios de vecinos cercanos al basural. Con ese fin, dialogó con un puñado de gente del barrio San Pedro. Cada uno relató los padecimientos diarios a causa del humo y los roedores.
El sábado, un equipo más reducido del programa, con una cámara y mayor sigilo, regresó al basural y según contaron los productores lograron registrar vuelcos de tanques atmosféricos. En el predio, casualmente, encontraron a la directora de Medio Ambiente, Mariana Zaia, y le realizaron una nota que en particular apuntó a la falta de control en los vuelcos de los tanques sépticos.
El lunes pasado fue la última jornada del equipo de CQC en Luján, dedicada al informe. Tenían intenciones de contactar a las autoridades municipales para conocer la explicación oficial acerca del descontrol que se evidencia en el basural. Ya estaban en Luján cuando se enteraron de la convocatoria a conferencia de prensa, en la Casa Municipal, para hablar, casual y oportunamente, de medidas para “erradicar la basura a cielo abierto”.
El equipo periodístico de ese programa entró a la rueda de prensa con un carrito de supermercado repleto de residuos recolectados en el basural y una máquina de humo para simular el malestar con el que conviven gran cantidad de vecinos y aquellos que tienen que transitar a diario la ruta 192.
Después de un áspero ida y vuelta de preguntas con la intendenta Rosso, lograron arrancarle el compromiso de que en tres meses se cerrará definitivamente el basural y estarán solucionadas todas las situaciones paralelas que trae aparejado el cierre.
Ayer a la mañana (por el martes), desde la producción del programa CQC se comunicaron con aquellas personas de Luján que ayudaron en la realización del trabajo periodístico y les informaron que la puesta en aire estaba prevista para el próximo martes. Detallaron que en estos días se elaboraron dos informes; uno sobre el basural de Luján y otro sobre el tren El Gran Capitán. Y que por la actualidad del debate alrededor del Tren Bala, se eligió presentar este último informe en la noche de ayer.
El martes próximo, si no ocurre nada extraño que periodísticamente eclipse al descontrol del basural local, finalmente se proyectaría el “Proteste ya” grabado en Luján. Para ese entonces ya habrán corrido ocho días de los tres meses de plazo que se fijó la intendenta para cerrar el depositario de los residuos urbanos.
En realidad, para que la cronología de la noticia sea justa y detallada, la primera fecha a mencionar debe ser el jueves 4 de diciembre de 1997. Ese día el entonces intendente Miguel Prince se acercó al descontrolado predio del basural y allí mismo anunció su “cierre definitivo”. Lo hizo rodeado de “recolectores informales de basura” que trabajan en el predio.
Anunciaba que al lugar sólo se llevarían los residuos del día y que después de la tarea de los cirujas todos los restos se pondrían en containers, con destino al CEAMSE. Esa propuesta, al igual que el alambrado perimetral, duró unos meses. También ese día se inició una desratización y, casualmente, se decía que “en 90 días no habría más roedores en el basural”. Nadie pensó en los alrededores.
Un canto a la coherencia

Charla con un artista que (aún) no eligió claudicar
De visita por Luján, Raly Barrionuevo dialogó con algunos periodistas locales. Dejó bien claras sus diferencias con el gobierno y ratificó su compromiso social.
Foto por Ricardo Castiñeira
Es saludable, cada tanto, poder refugiarse en la obra de artistas que además de sus letras, su música, su poesía, construyen una coherencia. Diferentes generaciones admiraron y admiran a León Gieco. Lo escuchan y sus palabras trascienden el momento de la interpretación. Sus estrofas, como la de otros artistas, transportan al pasado, a la memoria, a los recuerdos personales, al compromiso por causas propias o populares.Sin embargo, ese matrimonio por conveniencia entre público y artistas puede transitar crisis. Y sabemos que las crisis son pasajeros o derivan en la separación definitiva. Dependerá de cada caso. Por ejemplo, aquel Gieco rebelde, que cosechó elogios por esa coherencia contagiosa, por sus letras a contramano del olvido, gladiadoras sonoras de causas justas, un día se dedican a la propaganda bien paga de un proyecto político-partido.Varias generaciones también admiraron y admiran la inteligencia de Charly García. Es que supo cantarle verdades a los militares de la última dictadura, con sutilezas y giros que los uniformados nunca llegaron a entender. Y siguió cantando siempre un paso delante de sus “colegas”, hasta que un día su público privado, mínimo, en la Quinta de Olivos, terminó siendo la corte del rey Carlos Saúl de La Rioja. Años más tarde, sus canciones –las mismas- se trasladaron al Salón Blanco de la Casa Rosada, porque los funcionarios del matrimonio Kirchner querían escucharlo. “Cambia, todo cambia”, avisó Mercedes Sosa, antes de mutar de vocera musical de las juventudes de los setenta, en defensora de la actual gestión de gobierno. “Yo tengo mucho respeto por la presidenta, que estuvo en mi casa. Además, da sus discursos sin ayuda memoria. Cristina es muy inteligente”, dijo Mercedes, hace poco, en Luján. Y muchos la escucharán y querrán prender fuegos sus viejos cassettes.Sin la grandeza de los caprichosos ejemplos expuestos, hay un artista que comenzó a construir un pequeño pero -por ahora- firme camino de coherencia entre letras y acción. Se trata de Raly Barrionuevo, un santiagueño y folklorista que se hizo oír en Buenos Aires de la mano de León Gieco (antes de ser kirchnerista). Raly canta en el escenario y también canta su verdad debajo de las tarimas. Es ahí donde un minúsculo grupo de periodistas locales logramos dialogar; cuando tocó como invitado en el Encuentro de la Fe y la Historia.Aquellos que no lo conocen, verán en sus letras palabras como Mo.Ca.Se. no por que le sirva para la rima, sino porque colabora con ese movimiento campesino. Hablará de la Simona no porque su nombre suene simpático, sino porque aporta para que cambie la realidad de ese poblado olvidado en el interior del país. También le canta al Che Guevara, y admite: “Si un tema del Che Guevara vende, a las discográficas les gustará el Che Guevara. Yo canto ‘Hasta siempre comandante’ porque siento la letra”.También, a riesgo de no recibir más invitaciones para tocar en el Salón Blanco y ser el bufón musical del gobierno de turno, aclara que no iría a ese sitio oficial a exponer su arte. Coherencia, porque minutos antes había gritado contra “la puta corrupción”. “Yo con los gobierno, no”, manifiesta, por ahora. Esperemos que la vida no lo haga derrapar porque, como él mismo, dice “daría mucho asco”.
-No es tu primera visita a Luján.-No, toqué en Luján hace varios años. Me acuerdo que tocamos tarde, con muy poquita gente pero un público hermoso. Fue una sorpresa recibir la invitación de este año. La verdad que es muy lindo que nos tengan en cuenta para este tipo de eventos. Nosotros, que tocamos nuestras canciones, nos alegramos con estas invitaciones porque nos llegan como de vuelta de cosas que uno da. Son invitaciones que no caen del cielo, sino que responden a nuestro trabajo. En lo personal, yo no trabajo para que me contraten. No hago canciones ni discos ni nada de lo que hago para que me contraten. Eso es algo que se da después de respetar interiormente una necesidad artística. Si yo tuviera la más ínfima especulación al respecto, estaría en problemas, pero disfrutamos cuando las cosas se dan así, como ahora. Me siento tranquilo y feliz que me inviten.
-Las letras como las tuyas, con cierto compromiso social, no siempre le simpatizan a las discográficas.-A las discográficas les interesa lo que venda, viste. Hay todo tipo de personas en las discográficas, pero si vende una canción del Che Guevara, la van a editar. Pero es porque vende, no porque hable del Che Guevara. Nosotros estamos tranquilos porque sé por qué canto esa canción (“Hasta siempre comandante”). Aparte no es una canción que me haya hecho vender discos, ni mucho menos. Forma parte de nuestro repertorio porque hay un conocimiento de esa figura y demás. El interés de las discográficas es relativo.
-¿Cómo sentiste al público de Luján?.-Hermoso. Nosotros tratamos de divertirnos en el escenario y hacer lo que nos gusta. Y está bueno cuando el público también la pasa bien. A mí me gusta que el público se sienta como tiene ganas de sentirse. Si el público tiene ganas de estar de brazos cruzados y mirar y no aplaudir, hay que dejarlo. Para mí eso de arengar al público para que haga palmas me parece una falta de respeto. Yo quiero hacer mi música y respetar a la gente. Eso lo aprendí con el tiempo; un público que está calladito o no aplaude casi nada, no quiere decir que no le guste lo que estás haciendo. Si no le gusta, se levanta y se va. Cada público tiene su modo de disfrutar de los artistas y de los conciertos y hoy han sido bastante cariñosos con nosotros. Está bueno, nos hace sentir bien y se notaba que había un montón de gente que nos conocía y muchos que no, que nos escuchó por primera vez y les agradezco el respeto, porque por ahí sólo nos sintieron nombrar y pueden estar cargados de prejuicios.
-Es propio de los festivales enfrentar público en parte desconocido.-Claro. Compartís gente con otros artistas. Igualmente, acá, con Teresa Parodi creo que estamos en la misma. Yo la llevo a Teresa como una referente. Y creo que el público de ella, como el nuestro, ideológicamente están en la misma línea.
-¿Seguís relacionado con la Universidad Trashumante?.-Sí, sí, claro. En todos los movimientos con los que aporto, lo hago a través de la música. También suelo participar de talleres reflexivos o asisto a los campamentos con las organizaciones campesinas. Lo que se da, más que nada, es convivencia y talleres de formación. Pero mi aporte es desde la música. Es lo que hago y tardé mucho tiempo en valorar ese aporte. Muchas veces pensaba que la música sólo puede acompañar, apoyar o adherir a ciertos movimientos, pero no es así. Hoy, gracias a un montón de compañeros, siento que a través de la música no sólo acompaño sino que participo. Esa es mi herramienta y me hace sentir muy útil.
-Mercedes Sosa manifestaba recién su respeto hacia las autoridades del gobierno. ¿Cuál es tu relación o tu opinión en relación con el gobierno nacional?-Nooo. Yo con los gobiernos no.
-Tenés razones para no avalar.-Pero claro. Escuchame: lo que pasa es que se siguen llevando el país de a pedazos. Se siguen envenenando las tierras. Está bien, pero yo no. Yo no pongo las esperanzas en los gobiernos. Cada gobierno tiene su interés y su forma de hacer las cosas. No sé qué le agrada a otros. Yo, en mi humilde opinión, siento que hasta que no nacionalicen las tierras de Benetton, hasta que no echen a las empresas mineras Barry Gold, hasta que no le devuelvan la tierra a un montón de campesinos, hasta que no le devuelvan lo que corresponde a todos los pescadores de Mar del Plata y toda la costa argentina, que les devuelvan su derecho al trabajo a los pueblos originarios, que se frene la tala de los bosques de El Impenetrable, hasta que no frene la venta indiscriminada de tierra a los terratenientes, hasta que no cambie todo eso, para mí sigue todo igual. Si cambia eso me sacaré el sombrero ante cualquier gobierno y diré que está bien, que cumple con lo que tiene que cumplir. Hoy no me parece que haya que estar casado con nadie.
-Se sigue peleando por la utopía.-Creo que los caminos para la lucha uno tiene que buscarlos. Cada uno hace lo que puede y lo busca a su manera. A mí me han ofrecido un montón de veces cantar en la Rosada y yo no voy a ir. ¿Cómo voy a ir a avalar algo en lo que no estoy de acuerdo? No es algo personal ni con la presidenta. Es parte del sistema en el que vivimos y me parece que los gobiernos siguen siendo funcionales al vaciamiento del país; de este país maravilloso.Cada uno hace su negocio. Rodríguez Saa sale en las revistas con los pueblos originarios y se pone la bincha. Es una cosa que te da mucho asco, viste. Cada uno tiene su modo, pero yo personalmente pienso que hay que estar muy atentos, porque hoy no se sabe quién es quién. Está todo tan mezclado que mejor lejos. Por las dudas, lejos.
De visita por Luján, Raly Barrionuevo dialogó con algunos periodistas locales. Dejó bien claras sus diferencias con el gobierno y ratificó su compromiso social.
Foto por Ricardo Castiñeira
Es saludable, cada tanto, poder refugiarse en la obra de artistas que además de sus letras, su música, su poesía, construyen una coherencia. Diferentes generaciones admiraron y admiran a León Gieco. Lo escuchan y sus palabras trascienden el momento de la interpretación. Sus estrofas, como la de otros artistas, transportan al pasado, a la memoria, a los recuerdos personales, al compromiso por causas propias o populares.Sin embargo, ese matrimonio por conveniencia entre público y artistas puede transitar crisis. Y sabemos que las crisis son pasajeros o derivan en la separación definitiva. Dependerá de cada caso. Por ejemplo, aquel Gieco rebelde, que cosechó elogios por esa coherencia contagiosa, por sus letras a contramano del olvido, gladiadoras sonoras de causas justas, un día se dedican a la propaganda bien paga de un proyecto político-partido.Varias generaciones también admiraron y admiran la inteligencia de Charly García. Es que supo cantarle verdades a los militares de la última dictadura, con sutilezas y giros que los uniformados nunca llegaron a entender. Y siguió cantando siempre un paso delante de sus “colegas”, hasta que un día su público privado, mínimo, en la Quinta de Olivos, terminó siendo la corte del rey Carlos Saúl de La Rioja. Años más tarde, sus canciones –las mismas- se trasladaron al Salón Blanco de la Casa Rosada, porque los funcionarios del matrimonio Kirchner querían escucharlo. “Cambia, todo cambia”, avisó Mercedes Sosa, antes de mutar de vocera musical de las juventudes de los setenta, en defensora de la actual gestión de gobierno. “Yo tengo mucho respeto por la presidenta, que estuvo en mi casa. Además, da sus discursos sin ayuda memoria. Cristina es muy inteligente”, dijo Mercedes, hace poco, en Luján. Y muchos la escucharán y querrán prender fuegos sus viejos cassettes.Sin la grandeza de los caprichosos ejemplos expuestos, hay un artista que comenzó a construir un pequeño pero -por ahora- firme camino de coherencia entre letras y acción. Se trata de Raly Barrionuevo, un santiagueño y folklorista que se hizo oír en Buenos Aires de la mano de León Gieco (antes de ser kirchnerista). Raly canta en el escenario y también canta su verdad debajo de las tarimas. Es ahí donde un minúsculo grupo de periodistas locales logramos dialogar; cuando tocó como invitado en el Encuentro de la Fe y la Historia.Aquellos que no lo conocen, verán en sus letras palabras como Mo.Ca.Se. no por que le sirva para la rima, sino porque colabora con ese movimiento campesino. Hablará de la Simona no porque su nombre suene simpático, sino porque aporta para que cambie la realidad de ese poblado olvidado en el interior del país. También le canta al Che Guevara, y admite: “Si un tema del Che Guevara vende, a las discográficas les gustará el Che Guevara. Yo canto ‘Hasta siempre comandante’ porque siento la letra”.También, a riesgo de no recibir más invitaciones para tocar en el Salón Blanco y ser el bufón musical del gobierno de turno, aclara que no iría a ese sitio oficial a exponer su arte. Coherencia, porque minutos antes había gritado contra “la puta corrupción”. “Yo con los gobierno, no”, manifiesta, por ahora. Esperemos que la vida no lo haga derrapar porque, como él mismo, dice “daría mucho asco”.
-No es tu primera visita a Luján.-No, toqué en Luján hace varios años. Me acuerdo que tocamos tarde, con muy poquita gente pero un público hermoso. Fue una sorpresa recibir la invitación de este año. La verdad que es muy lindo que nos tengan en cuenta para este tipo de eventos. Nosotros, que tocamos nuestras canciones, nos alegramos con estas invitaciones porque nos llegan como de vuelta de cosas que uno da. Son invitaciones que no caen del cielo, sino que responden a nuestro trabajo. En lo personal, yo no trabajo para que me contraten. No hago canciones ni discos ni nada de lo que hago para que me contraten. Eso es algo que se da después de respetar interiormente una necesidad artística. Si yo tuviera la más ínfima especulación al respecto, estaría en problemas, pero disfrutamos cuando las cosas se dan así, como ahora. Me siento tranquilo y feliz que me inviten.
-Las letras como las tuyas, con cierto compromiso social, no siempre le simpatizan a las discográficas.-A las discográficas les interesa lo que venda, viste. Hay todo tipo de personas en las discográficas, pero si vende una canción del Che Guevara, la van a editar. Pero es porque vende, no porque hable del Che Guevara. Nosotros estamos tranquilos porque sé por qué canto esa canción (“Hasta siempre comandante”). Aparte no es una canción que me haya hecho vender discos, ni mucho menos. Forma parte de nuestro repertorio porque hay un conocimiento de esa figura y demás. El interés de las discográficas es relativo.
-¿Cómo sentiste al público de Luján?.-Hermoso. Nosotros tratamos de divertirnos en el escenario y hacer lo que nos gusta. Y está bueno cuando el público también la pasa bien. A mí me gusta que el público se sienta como tiene ganas de sentirse. Si el público tiene ganas de estar de brazos cruzados y mirar y no aplaudir, hay que dejarlo. Para mí eso de arengar al público para que haga palmas me parece una falta de respeto. Yo quiero hacer mi música y respetar a la gente. Eso lo aprendí con el tiempo; un público que está calladito o no aplaude casi nada, no quiere decir que no le guste lo que estás haciendo. Si no le gusta, se levanta y se va. Cada público tiene su modo de disfrutar de los artistas y de los conciertos y hoy han sido bastante cariñosos con nosotros. Está bueno, nos hace sentir bien y se notaba que había un montón de gente que nos conocía y muchos que no, que nos escuchó por primera vez y les agradezco el respeto, porque por ahí sólo nos sintieron nombrar y pueden estar cargados de prejuicios.
-Es propio de los festivales enfrentar público en parte desconocido.-Claro. Compartís gente con otros artistas. Igualmente, acá, con Teresa Parodi creo que estamos en la misma. Yo la llevo a Teresa como una referente. Y creo que el público de ella, como el nuestro, ideológicamente están en la misma línea.
-¿Seguís relacionado con la Universidad Trashumante?.-Sí, sí, claro. En todos los movimientos con los que aporto, lo hago a través de la música. También suelo participar de talleres reflexivos o asisto a los campamentos con las organizaciones campesinas. Lo que se da, más que nada, es convivencia y talleres de formación. Pero mi aporte es desde la música. Es lo que hago y tardé mucho tiempo en valorar ese aporte. Muchas veces pensaba que la música sólo puede acompañar, apoyar o adherir a ciertos movimientos, pero no es así. Hoy, gracias a un montón de compañeros, siento que a través de la música no sólo acompaño sino que participo. Esa es mi herramienta y me hace sentir muy útil.
-Mercedes Sosa manifestaba recién su respeto hacia las autoridades del gobierno. ¿Cuál es tu relación o tu opinión en relación con el gobierno nacional?-Nooo. Yo con los gobiernos no.
-Tenés razones para no avalar.-Pero claro. Escuchame: lo que pasa es que se siguen llevando el país de a pedazos. Se siguen envenenando las tierras. Está bien, pero yo no. Yo no pongo las esperanzas en los gobiernos. Cada gobierno tiene su interés y su forma de hacer las cosas. No sé qué le agrada a otros. Yo, en mi humilde opinión, siento que hasta que no nacionalicen las tierras de Benetton, hasta que no echen a las empresas mineras Barry Gold, hasta que no le devuelvan la tierra a un montón de campesinos, hasta que no le devuelvan lo que corresponde a todos los pescadores de Mar del Plata y toda la costa argentina, que les devuelvan su derecho al trabajo a los pueblos originarios, que se frene la tala de los bosques de El Impenetrable, hasta que no frene la venta indiscriminada de tierra a los terratenientes, hasta que no cambie todo eso, para mí sigue todo igual. Si cambia eso me sacaré el sombrero ante cualquier gobierno y diré que está bien, que cumple con lo que tiene que cumplir. Hoy no me parece que haya que estar casado con nadie.
-Se sigue peleando por la utopía.-Creo que los caminos para la lucha uno tiene que buscarlos. Cada uno hace lo que puede y lo busca a su manera. A mí me han ofrecido un montón de veces cantar en la Rosada y yo no voy a ir. ¿Cómo voy a ir a avalar algo en lo que no estoy de acuerdo? No es algo personal ni con la presidenta. Es parte del sistema en el que vivimos y me parece que los gobiernos siguen siendo funcionales al vaciamiento del país; de este país maravilloso.Cada uno hace su negocio. Rodríguez Saa sale en las revistas con los pueblos originarios y se pone la bincha. Es una cosa que te da mucho asco, viste. Cada uno tiene su modo, pero yo personalmente pienso que hay que estar muy atentos, porque hoy no se sabe quién es quién. Está todo tan mezclado que mejor lejos. Por las dudas, lejos.
(Esta nota se publicó en la revista digital "Saltar el cerco")
viernes, 4 de abril de 2008
El problema no son las retenciones
El conflicto del campo con el gobierno sigue, tan latente como la semana pasada. Y con el agravante del desabastecimiento, una consecuencia directa del bloqueo de rutas y de la intransigencia de las autoridades nacionales para plantear un diálogo franco; un diálogo que no tenga sesgo tribunero.
Ayer, sin una explicación lógica, el gobierno nacional trabajó arduamente para llenar la Plaza de Mayo. Nuevo discurso de la presidenta de la Nación y una pregunta que queda flotando: y ahora, ¿qué cambia?
Tan innecesaria como costosa fue la convocatoria de ayer. ¿Qué pretendía demostrar el gobierno? ¿Que puede llenar la plaza? ¿Que tiene poder de movilización? De ser así, permitan otra pregunta: ¿quién lo cuestionaba?
De hecho, cualquier análisis tiene que admitir que la oradora de ayer fue votada por la mayoría de los argentinos. No hay dudas respecto de ello. Tal vez se sienta cómoda observando fantasmas de desestabilidad.
¿Acaso la presidenta anda floja de autoestima y necesita que miles de personas le aplaudan sus dichos? En todo caso, que alguien le indique que para los “argentinos y argentinas” no representa un problema cotidiano la estima personal de la presidenta.
El problema de los “argentinos y argentinas” pasa por otro lado. Pasa por las góndolas vacías y la necedad oficial de un lado y la necedad dirigencial del otro. Pasa por los precios que se disparan, que se tornan imposibles para la enorme mayoría de los bolsillos y nadie parece tener las herramientas para ponerle un freno. Las autoridades nacionales, ¿tendrán las herramientas para después de esta tormenta retrotraer los precios a mediados de marzo?
Con 20 días de conflicto y posiciones cerradas de ambos lados, habrá que comenzar a buscar preguntas y respuestas más de fondo; que no se limiten a porcentajes de retenciones.
Habría que comenzar a preguntarse si esta crisis no estará atada a una falta de credibilidad que se mantiene en el marco de la extraña continuidad-alternancia del matrimonio Kirchner en el poder.
Es probable que muchos “argentinos y argentinas” sencillamente no le crean a la presidenta y, por efecto dominó, tampoco a sus ministros. Porque aislado de todo el cúmulo de situaciones que rodean al paro del campo, las medidas que el lunes anunció el ministro de Economía de la Nación no parecían desacertadas. Incluso nos animaríamos a decir que en muchos casos sonaban justas, equitativas, con sana diferenciación entre los grandes productores y los que se tienen que romper el lomo en un puñado de hectáreas para redondear un ingreso digno.
El problema de fondo parecería, entonces, radicar en la credibilidad. Un problema que trae atado otro problema: la credibilidad de un gobierno no se pierde ni se construye de la noche a la mañana. No se pierde ni se construye con uno, dos o tres discursos. Se pierde cuando es evidente la distancia entre los dichos y los hechos.
Ayer, sin una explicación lógica, el gobierno nacional trabajó arduamente para llenar la Plaza de Mayo. Nuevo discurso de la presidenta de la Nación y una pregunta que queda flotando: y ahora, ¿qué cambia?
Tan innecesaria como costosa fue la convocatoria de ayer. ¿Qué pretendía demostrar el gobierno? ¿Que puede llenar la plaza? ¿Que tiene poder de movilización? De ser así, permitan otra pregunta: ¿quién lo cuestionaba?
De hecho, cualquier análisis tiene que admitir que la oradora de ayer fue votada por la mayoría de los argentinos. No hay dudas respecto de ello. Tal vez se sienta cómoda observando fantasmas de desestabilidad.
¿Acaso la presidenta anda floja de autoestima y necesita que miles de personas le aplaudan sus dichos? En todo caso, que alguien le indique que para los “argentinos y argentinas” no representa un problema cotidiano la estima personal de la presidenta.
El problema de los “argentinos y argentinas” pasa por otro lado. Pasa por las góndolas vacías y la necedad oficial de un lado y la necedad dirigencial del otro. Pasa por los precios que se disparan, que se tornan imposibles para la enorme mayoría de los bolsillos y nadie parece tener las herramientas para ponerle un freno. Las autoridades nacionales, ¿tendrán las herramientas para después de esta tormenta retrotraer los precios a mediados de marzo?
Con 20 días de conflicto y posiciones cerradas de ambos lados, habrá que comenzar a buscar preguntas y respuestas más de fondo; que no se limiten a porcentajes de retenciones.
Habría que comenzar a preguntarse si esta crisis no estará atada a una falta de credibilidad que se mantiene en el marco de la extraña continuidad-alternancia del matrimonio Kirchner en el poder.
Es probable que muchos “argentinos y argentinas” sencillamente no le crean a la presidenta y, por efecto dominó, tampoco a sus ministros. Porque aislado de todo el cúmulo de situaciones que rodean al paro del campo, las medidas que el lunes anunció el ministro de Economía de la Nación no parecían desacertadas. Incluso nos animaríamos a decir que en muchos casos sonaban justas, equitativas, con sana diferenciación entre los grandes productores y los que se tienen que romper el lomo en un puñado de hectáreas para redondear un ingreso digno.
El problema de fondo parecería, entonces, radicar en la credibilidad. Un problema que trae atado otro problema: la credibilidad de un gobierno no se pierde ni se construye de la noche a la mañana. No se pierde ni se construye con uno, dos o tres discursos. Se pierde cuando es evidente la distancia entre los dichos y los hechos.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Bien lejos del conflicto
“El gobierno hace la política del avestruz. Esconde la cabeza bajo la tierra para no enfrentar los problemas”. Una lástima que la incoherencia de su autor, el ex ministro hoy aliado al kirchnerismo Roberto Lavagna, le haya quitado peso a la definición. Hoy esa definición encaja perfectamente para explicar qué (no) hace la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, ante un país que se muestra caótico.
Ayer, un diario ayudaba a recordar cuántas veces el matrimonio presidencial aplicó la política del avestruz: cuando el candidato en Misiones, Carlos Rovira, perdió en su intento reeleccionista; cuando Juan Carlos Blumberg convocó a la primera marcha contra la inseguridad; cuando se produjo la tragedia de Cromañón; cuando murió Jorge Sayago por un acto de represión en Santa Cruz; cuando se realizaron los primeros cortes de los pasos a Uruguay; cuando se supo del caso de los casetes en la causa AMIA, y en estos días, con el país bloqueado y cercano al desabastecimiento por las protestas del campo que ya llevan 14 días.
Cristina Fernández de Kirchner descansó seis días en El Calafate, bien lejos del ruido de los bombos camioneros que mandó a apostar a la vera de las rutas y también bien lejos de las góndolas que se muestran vacías o sobrevaluadas por la amenaza de escasez. Ni siquiera se acercó a los actos centrales por el 24 de marzo de 1976.
Sin entrar en el análisis fino de razones esbozadas de uno y otro lado, resulta indignante que la única política visible del gobierno nacional, ante el firme reclamo del campo, sea dispersar a un grupo de impresentables camioneros rentados por el sindicato y minar el conflicto con un puñado de frases bélicas de los lenguaraces de siempre: Hugo Moyano, Luis D`Elía, los Fernández, entre otros.
¿No hay funcionarios nacionales dedicados a los problemas del agro? Si existen tales funcionarios, ¿qué hacen por mejorar la alarmante situación actual?
Lo cierto es que el gobierno no tuvo la capacidad para frenar las acciones de protesta antes de llegar a la sensación actual y al reciente anuncio de un paro por tiempo indeterminado.
Los dirigidos por Cristina siguieron defendiendo las abusivas retenciones que no distinguen entre productores pequeños, medianos o grandes; su gestión no invirtió ese dinero fácil que llega a las arcas de la Nación en obras o políticas que esbocen un real proyecto de inserción social, y profundizó la estrategia del enfrentamiento entre ciudadanos, machacando con la idea de oligarcas contra el pueblo; de ricos contra pobres.
Nada de lo expuesto es serio para defenderlo como política de Estado y las consecuencias comienzan a asomar. Un país cortado en sus rutas principales, productores que no entregan mercadería de consumo primario, incidentes en los piquetes, precios que se disparan “por las dudas” y –como si faltara más- la idea de la intervención militar para asegurar el abastecimiento.
Todo se desarrolla y se complica mientras el matrimonio presidencial descansa en El Calafate o, en todo caso, uno se preocupa por el modelito adecuado para cada acto y el otro sigue construyendo poder en las cómodas oficinas de la “oligarca” urbanización de Puerto Madero. Ambos, bien lejos de las rutas y el campo.
Ayer, un diario ayudaba a recordar cuántas veces el matrimonio presidencial aplicó la política del avestruz: cuando el candidato en Misiones, Carlos Rovira, perdió en su intento reeleccionista; cuando Juan Carlos Blumberg convocó a la primera marcha contra la inseguridad; cuando se produjo la tragedia de Cromañón; cuando murió Jorge Sayago por un acto de represión en Santa Cruz; cuando se realizaron los primeros cortes de los pasos a Uruguay; cuando se supo del caso de los casetes en la causa AMIA, y en estos días, con el país bloqueado y cercano al desabastecimiento por las protestas del campo que ya llevan 14 días.
Cristina Fernández de Kirchner descansó seis días en El Calafate, bien lejos del ruido de los bombos camioneros que mandó a apostar a la vera de las rutas y también bien lejos de las góndolas que se muestran vacías o sobrevaluadas por la amenaza de escasez. Ni siquiera se acercó a los actos centrales por el 24 de marzo de 1976.
Sin entrar en el análisis fino de razones esbozadas de uno y otro lado, resulta indignante que la única política visible del gobierno nacional, ante el firme reclamo del campo, sea dispersar a un grupo de impresentables camioneros rentados por el sindicato y minar el conflicto con un puñado de frases bélicas de los lenguaraces de siempre: Hugo Moyano, Luis D`Elía, los Fernández, entre otros.
¿No hay funcionarios nacionales dedicados a los problemas del agro? Si existen tales funcionarios, ¿qué hacen por mejorar la alarmante situación actual?
Lo cierto es que el gobierno no tuvo la capacidad para frenar las acciones de protesta antes de llegar a la sensación actual y al reciente anuncio de un paro por tiempo indeterminado.
Los dirigidos por Cristina siguieron defendiendo las abusivas retenciones que no distinguen entre productores pequeños, medianos o grandes; su gestión no invirtió ese dinero fácil que llega a las arcas de la Nación en obras o políticas que esbocen un real proyecto de inserción social, y profundizó la estrategia del enfrentamiento entre ciudadanos, machacando con la idea de oligarcas contra el pueblo; de ricos contra pobres.
Nada de lo expuesto es serio para defenderlo como política de Estado y las consecuencias comienzan a asomar. Un país cortado en sus rutas principales, productores que no entregan mercadería de consumo primario, incidentes en los piquetes, precios que se disparan “por las dudas” y –como si faltara más- la idea de la intervención militar para asegurar el abastecimiento.
Todo se desarrolla y se complica mientras el matrimonio presidencial descansa en El Calafate o, en todo caso, uno se preocupa por el modelito adecuado para cada acto y el otro sigue construyendo poder en las cómodas oficinas de la “oligarca” urbanización de Puerto Madero. Ambos, bien lejos de las rutas y el campo.
"Ella está enojada"
La relación comenzó complicada. La intendenta Graciela Rosso no había asumido y ya asomaban pequeños cortocircuitos para trabajar con la información emanada de la nueva gestión. Se pidió y gestionó una entrevista exclusiva con la electa jefa comunal. Las tratativas se realizaron a través de la persona que trabajó como prensa de la campaña. Quien ofició de intermediario para conseguir la nota pidió quedarse a escucharla. No hubo problemas para acceder al pedido, pero horas más tarde al menos dos preguntas realizadas por este medio fueron repetidas para una nota que se pasó en la televisión antes de la publicación de nuestra entrevista.
Rosso eligió a Fabián Pérez para el cargo de director de Prensa. Horas después de esa decisión, trascendió que la intendenta electa –aún no había asumido- había emprendido un viaje al exterior. Se buscó la confirmación de esa noticia y se llamó al responsable de prensa, inminente funcionario: “¿Rosso viajó a Cuba?”, le preguntó este medio. “Eso es lo que están diciendo”, respondió el por entonces no asumido director. “¿Cómo ‘lo están diciendo’? ¿Quién lo está diciendo?”, se insistió. “Eso dicen, pero parece que ella (Rosso) tuvo un problema de presión por la campaña y se tomó unos días”. Se intentó explicar que esa no era una respuesta acorde con la situación, pero fue en vano.
Rosso regresó de Cuba y comenzó a transitar su gestión. Los funcionarios comenzaban a trabajar en sus cargos, pero no aparecía la información oficial sobre cada uno de los nombramientos. Se solicitaron datos y desde Prensa se prometió una grilla completa de todos los colaboradores políticos de la administración, pero la grilla sigue sin aparecer. Sólo se aportaron los datos de los secretarios y de un puñado de directores y subdirectores.
Otro caso testigo de la dificultad en la recepción de la información oficial: la intendenta se reunió con la secretaria de Medio Ambiente de Nación, Romina Picolotti, y no se avisó a los medios de prensa sobre su presencia. El importante encuentro se tradujo y sintetizó en una gacetilla de dos párrafos. Desde nuestra redacción se pidió una ampliación y se redactó una segunda gacetilla, más completa, que se entregó a todos los medios; no sólo al que la pidió.
Siguieron los vaivenes en la recepción de la información oficial hasta que este medio supo y difundió el caso de la desaparición en el Hospital de las tapitas de plástico que los vecinos juntaban solidariamente para adquirir elementos para ese establecimiento de salud. Desde entonces, en incontable cantidad de ocasiones, se solicitó a la Dirección de Prensa que ayudara a conseguir una explicación oficial. Como respuesta, se pedía tiempo. En una ocasión, un periodista de este medio insistió en el pedido y se logró que el director del Hospital, Daniel Ortega, adelantara que se abriría un sumario interno. “Pero va a hablar con la secretaria de Salud para ver qué se termina informando”, respondió el funcionario Pérez.
Cuando EL CIVISMO consiguió, a través de un testigo presencial, la información de lo que ocurrió con las bolsas de tapitas y otros elementos que molestaban en el lavadero, se le volvió a pedir a Pérez que las autoridades dieran su versión de los hechos. “Mañana o pasado van a dar una conferencia de prensa o algo para informar”.
La semana pasada –mientras insistíamos en conseguir una explicación oficial- la Dirección de Prensa redactó una aclaración con palabras de Ortega (que no aclara en nada lo informado por este medio y sólo ratifica la apertura de un sumario). Ese informe público se entregó a todos los medios de prensa de Luján, menos a EL CIVISMO.
Se le preguntó a Pérez la causa de la discriminación en la difusión de ese acto de gobierno, y el funcionario sólo explicó que “Graciela está enojada por lo que ustedes escribieron de las tapitas. Le molestó ese tema”. “Podemos entender el enojo, pero usted sabe que pedimos explicaciones oficiales no menos de diez veces. Además, una cosa no debería tener relación con la otra. Un enojo no puede fijar la política de comunicación de una gestión de gobierno”, intentó explicar este medio. “Sí, sé que ustedes pidieron la información, pero está enojada. Está enojada”, volvió a decir el funcionario. “¿Y usted no le explicó que esa conducta era equivocada?”. “Sí, se lo dije. Y se lo voy a volver a decir. Pero se enojó”, reiteró.
Nos cuesta creer que el enojo por una nota derive en la discriminación de la información oficial hacia un medio de prensa; que el enojo desemboque en la censura total sobre los actos de gobierno para un medio de comunicación y termine fijando una política de comunicación. Consideramos que quienes transitan la arena política desde hace muchos años tienen el deber de conocer la gravedad de semejante medida. Y conocer, además, que la información de los actos de gobierno no se puede cercenar bajo ninguna excusa.
Nos cuesta creer, pero deberemos hacerlo porque durante esta semana sólo se enviaron a la redacción de EL CIVISMO dos gacetillas de la Dirección de Prensa. Se le preguntó al responsable del área si la medida de censura ya estaba en marcha y respondió que “sí”. “Entonces, ¿las dos gacetillas de esta semana llegaron por error?”, se preguntó. “Deben haber llegado por error”, respondió el funcionario Pérez. “Necesitamos la confirmación oficial de las razones de esa discriminación”, pidió este medio. “Ella está muy enojada por esa nota de las tapitas”, volvió a argumentar el director de Prensa. Y desde entonces (el martes, para ser más específicos) no volvimos a hablar con la Dirección de Prensa. Y tampoco llegaron más gacetillas oficiales.
Rosso eligió a Fabián Pérez para el cargo de director de Prensa. Horas después de esa decisión, trascendió que la intendenta electa –aún no había asumido- había emprendido un viaje al exterior. Se buscó la confirmación de esa noticia y se llamó al responsable de prensa, inminente funcionario: “¿Rosso viajó a Cuba?”, le preguntó este medio. “Eso es lo que están diciendo”, respondió el por entonces no asumido director. “¿Cómo ‘lo están diciendo’? ¿Quién lo está diciendo?”, se insistió. “Eso dicen, pero parece que ella (Rosso) tuvo un problema de presión por la campaña y se tomó unos días”. Se intentó explicar que esa no era una respuesta acorde con la situación, pero fue en vano.
Rosso regresó de Cuba y comenzó a transitar su gestión. Los funcionarios comenzaban a trabajar en sus cargos, pero no aparecía la información oficial sobre cada uno de los nombramientos. Se solicitaron datos y desde Prensa se prometió una grilla completa de todos los colaboradores políticos de la administración, pero la grilla sigue sin aparecer. Sólo se aportaron los datos de los secretarios y de un puñado de directores y subdirectores.
Otro caso testigo de la dificultad en la recepción de la información oficial: la intendenta se reunió con la secretaria de Medio Ambiente de Nación, Romina Picolotti, y no se avisó a los medios de prensa sobre su presencia. El importante encuentro se tradujo y sintetizó en una gacetilla de dos párrafos. Desde nuestra redacción se pidió una ampliación y se redactó una segunda gacetilla, más completa, que se entregó a todos los medios; no sólo al que la pidió.
Siguieron los vaivenes en la recepción de la información oficial hasta que este medio supo y difundió el caso de la desaparición en el Hospital de las tapitas de plástico que los vecinos juntaban solidariamente para adquirir elementos para ese establecimiento de salud. Desde entonces, en incontable cantidad de ocasiones, se solicitó a la Dirección de Prensa que ayudara a conseguir una explicación oficial. Como respuesta, se pedía tiempo. En una ocasión, un periodista de este medio insistió en el pedido y se logró que el director del Hospital, Daniel Ortega, adelantara que se abriría un sumario interno. “Pero va a hablar con la secretaria de Salud para ver qué se termina informando”, respondió el funcionario Pérez.
Cuando EL CIVISMO consiguió, a través de un testigo presencial, la información de lo que ocurrió con las bolsas de tapitas y otros elementos que molestaban en el lavadero, se le volvió a pedir a Pérez que las autoridades dieran su versión de los hechos. “Mañana o pasado van a dar una conferencia de prensa o algo para informar”.
La semana pasada –mientras insistíamos en conseguir una explicación oficial- la Dirección de Prensa redactó una aclaración con palabras de Ortega (que no aclara en nada lo informado por este medio y sólo ratifica la apertura de un sumario). Ese informe público se entregó a todos los medios de prensa de Luján, menos a EL CIVISMO.
Se le preguntó a Pérez la causa de la discriminación en la difusión de ese acto de gobierno, y el funcionario sólo explicó que “Graciela está enojada por lo que ustedes escribieron de las tapitas. Le molestó ese tema”. “Podemos entender el enojo, pero usted sabe que pedimos explicaciones oficiales no menos de diez veces. Además, una cosa no debería tener relación con la otra. Un enojo no puede fijar la política de comunicación de una gestión de gobierno”, intentó explicar este medio. “Sí, sé que ustedes pidieron la información, pero está enojada. Está enojada”, volvió a decir el funcionario. “¿Y usted no le explicó que esa conducta era equivocada?”. “Sí, se lo dije. Y se lo voy a volver a decir. Pero se enojó”, reiteró.
Nos cuesta creer que el enojo por una nota derive en la discriminación de la información oficial hacia un medio de prensa; que el enojo desemboque en la censura total sobre los actos de gobierno para un medio de comunicación y termine fijando una política de comunicación. Consideramos que quienes transitan la arena política desde hace muchos años tienen el deber de conocer la gravedad de semejante medida. Y conocer, además, que la información de los actos de gobierno no se puede cercenar bajo ninguna excusa.
Nos cuesta creer, pero deberemos hacerlo porque durante esta semana sólo se enviaron a la redacción de EL CIVISMO dos gacetillas de la Dirección de Prensa. Se le preguntó al responsable del área si la medida de censura ya estaba en marcha y respondió que “sí”. “Entonces, ¿las dos gacetillas de esta semana llegaron por error?”, se preguntó. “Deben haber llegado por error”, respondió el funcionario Pérez. “Necesitamos la confirmación oficial de las razones de esa discriminación”, pidió este medio. “Ella está muy enojada por esa nota de las tapitas”, volvió a argumentar el director de Prensa. Y desde entonces (el martes, para ser más específicos) no volvimos a hablar con la Dirección de Prensa. Y tampoco llegaron más gacetillas oficiales.
miércoles, 12 de marzo de 2008
En sólo 3 minutos
En la madrugada del domingo, en Dolores, un tren embistió a un colectivo de larga distancia que, por razones que se intentarán determinar, no respetó las barreras bajas de un paso a nivel. 17 personas muertas, gran cantidad de heridos. Un saldo previsible para semejante imprudencia.
Después del choque, lo habitual: el análisis de lo que sucedió, la rápida búsqueda de culpables, las imágenes que, incansables, muestran los hierros retorcidos. Y, a la distancia, comienzan a aparecer los datos estadísticos, las cuestiones relacionadas con la seguridad al viajar. Ante ello, ¿qué se puede aportar como nuevo?
Entre diferentes análisis posibles de una catástrofe semejante, uno lo tenemos al alcance de la mano. El colectivo intentó cruzar con las barreras bajas y la maniobra le salió pésimo. Ante ello, es inconcebible horrorizarse.
Con la modesta idea de exponer que los argentinos, todos, tenemos incorporada a la imprudencia como la manera de manejarnos en la calle o en las rutas, mientras tomaba forma este editorial realizamos un pequeño ejercicio. Nos asomamos al balcón de la redacción y decidimos observar y registrar cuántas infracciones (leáse imprudencias) se pueden observar en una esquina cualquiera, en apenas 5 minutos.
Lo primero que debemos contar es que, para acotar las observaciones al espacio del que disponemos, los 5 minutos lo redujimos a 3.
En ese tiempo, un auto blanco, una traffic del mismo color, un Duna roja y otro gris esperaban en doble fila a los chicos que salían de un jardín de infantes. Un ciclista pasó con el semáforo en rojo. Dos chicos transitaban a la avenida Doctor Muñiz haciendo equilibrio sobre una bicicleta, mientras cargaban un par de muletas. Corta el semáforo para dar paso a los conductores que vienen por Alsina y 6 motociclistas, 2 de ellos con pasajeros detrás (es decir, ocho personas), viajaban en moto sin casco a la vista.
Mientras tanto –y seguimos dentro de los 3 minutos- al menos 6 madres esperaban la salida de sus chicos del colegio con la bicicleta estacionada en el medio de la cinta asfáltica. Ajena a esa situación, una señora cruza la mencionada avenida por el medio, sin reparar en la señalización para el cruce peatonal. El registro de las imprudencias se torna complejo; casi no hay tiempo para anotar todo. Las motos, en todas las direcciones, siguen transportando a conductores sin casco, muchos de ellos exponiendo lo que debe ser una moda: el niño en sándwich; un adulto maneja, el nene con su mochila en el medio, y detrás un mayor o un hermanito. Todos sin el caso, por supuesto.
El semáforo vuelve a modificar el paso y doblan seis rodados sin recordar que los vehículos traen algo que se llama luz de giro. Entre los olvidadizos, el conductor de una ambulancia. Apurada por responder al antojo del nene, una mamá recorre más de media cuadra en bicicleta y en contramano, con su hijo en el canasto. Todo por el afán de llegar rápido al kiosco.
Se cumplían los 3 minutos y nos aprestábamos a regresar a la redacción cuando aparece en escena un señor que merece su mención: vestido con jeans y camisa gris, el hombre circulaba con su moto y en la cabeza llevaba un casco. Casi una especie en extinción.
Cuando los accidentes ocurren, todavía solemos horrorizarnos.
Después del choque, lo habitual: el análisis de lo que sucedió, la rápida búsqueda de culpables, las imágenes que, incansables, muestran los hierros retorcidos. Y, a la distancia, comienzan a aparecer los datos estadísticos, las cuestiones relacionadas con la seguridad al viajar. Ante ello, ¿qué se puede aportar como nuevo?
Entre diferentes análisis posibles de una catástrofe semejante, uno lo tenemos al alcance de la mano. El colectivo intentó cruzar con las barreras bajas y la maniobra le salió pésimo. Ante ello, es inconcebible horrorizarse.
Con la modesta idea de exponer que los argentinos, todos, tenemos incorporada a la imprudencia como la manera de manejarnos en la calle o en las rutas, mientras tomaba forma este editorial realizamos un pequeño ejercicio. Nos asomamos al balcón de la redacción y decidimos observar y registrar cuántas infracciones (leáse imprudencias) se pueden observar en una esquina cualquiera, en apenas 5 minutos.
Lo primero que debemos contar es que, para acotar las observaciones al espacio del que disponemos, los 5 minutos lo redujimos a 3.
En ese tiempo, un auto blanco, una traffic del mismo color, un Duna roja y otro gris esperaban en doble fila a los chicos que salían de un jardín de infantes. Un ciclista pasó con el semáforo en rojo. Dos chicos transitaban a la avenida Doctor Muñiz haciendo equilibrio sobre una bicicleta, mientras cargaban un par de muletas. Corta el semáforo para dar paso a los conductores que vienen por Alsina y 6 motociclistas, 2 de ellos con pasajeros detrás (es decir, ocho personas), viajaban en moto sin casco a la vista.
Mientras tanto –y seguimos dentro de los 3 minutos- al menos 6 madres esperaban la salida de sus chicos del colegio con la bicicleta estacionada en el medio de la cinta asfáltica. Ajena a esa situación, una señora cruza la mencionada avenida por el medio, sin reparar en la señalización para el cruce peatonal. El registro de las imprudencias se torna complejo; casi no hay tiempo para anotar todo. Las motos, en todas las direcciones, siguen transportando a conductores sin casco, muchos de ellos exponiendo lo que debe ser una moda: el niño en sándwich; un adulto maneja, el nene con su mochila en el medio, y detrás un mayor o un hermanito. Todos sin el caso, por supuesto.
El semáforo vuelve a modificar el paso y doblan seis rodados sin recordar que los vehículos traen algo que se llama luz de giro. Entre los olvidadizos, el conductor de una ambulancia. Apurada por responder al antojo del nene, una mamá recorre más de media cuadra en bicicleta y en contramano, con su hijo en el canasto. Todo por el afán de llegar rápido al kiosco.
Se cumplían los 3 minutos y nos aprestábamos a regresar a la redacción cuando aparece en escena un señor que merece su mención: vestido con jeans y camisa gris, el hombre circulaba con su moto y en la cabeza llevaba un casco. Casi una especie en extinción.
Cuando los accidentes ocurren, todavía solemos horrorizarnos.
lunes, 10 de marzo de 2008
Haz lo que yo digo, no lo que yo hago
Contradictorio. Es lo más adecuado que se puede expresar para preservar los modos políticamente correctos y definir lo que por un lado realiza el gobierno municipal y por otro lado permite que se haga. ¿De qué hablamos?
Días atrás, a través de una gacetilla de prensa, el gobierno comunal invitó a los vecinos de Luján a colaborar con una campaña solidaria para la recolección de libros y así aportar al equipamiento de una biblioteca. La encabeza un área de la estructura comunal: la Casa de la Juventud. Y la destinataria elegida es la biblioteca popular “Nueva Esperanza”, del barrio El Ceibo.
Esta semana, en el marco de los anuncios oficiales por la realización del festival “Encuentro de la Fe y la Historia”, previsto para los próximos 15 y 16 de marzo, las autoridades locales vuelven a apelar a la solidaridad de los vecinos. Destacaron que la entrada a todos los espectáculos será gratuita, pero que se colocarán recipientes para que se depositen alimentos no perecederos que serán clasificados y distribuidos por la Dirección de Atención y Emergencia Directa de la Municipalidad.
Sumamente interesante cada una de las iniciativas del gobierno local. Lástima que el pasado inmediato no nos permita fomentar en los vecinos ese espíritu solidario si quien lo pide es el gobierno municipal, y mucho menos ofrecer nuestro espacio de difusión como garantía de que lo que se done llegará a las manos que lo necesitan.
Es lo mínimo que se puede expresar ante el silencio cuasi burlón que las mismas autoridades que ahora piden colaboración, asumen a la hora de (no) explicar qué pasó con los cerca de 2.000 kilos de tapitas de plástico que la gente donó para colaborar con el Hospital. Y que desaparecieron de ese establecimiento de salud sin que nadie se haga cargo de lo ocurrido.
Lo expresamos en ediciones pasadas y no deberíamos cansarnos de decirlo: lo que ocurrió con el material donado por incontable cantidad de lujanenses de todas las edades, con el fin de ayudar al Hospital público, es vergonzoso. Y sólo agrega una cuota de vergüenza el hecho que no se comunique a los responsables de la campaña qué pasó con un cargamento que se valúa –aunque importante la cifra- en unos 2.400 pesos.
Carlos Mainelli fue el vecino al que se le ocurrió la iniciativa de juntar las tapitas y tuvo la desafortunada idea de pensar en el mismo Hospital como el mejor resguardo para el acopio. Desde el gobierno le dijeron que si quiere explicar o recibir explicaciones de la intendenta, tiene que pedirlo por nota.
El gobierno municipal muestra un flagrante desinterés por explicar por qué se frustró una campaña solidaria, pide a los vecinos que colaboren con dos propuestas de esa característica.
A modo de consejo; si los vecinos no vieron herido su sentimiento solidario con lo que ocurrió en el Hospital, y donan libros o alimentos no perecederos, tengan en cuenta un sitio para su acopio y una correcta vigilancia de lo depositado. No sería bueno que uno, dos o tres vivos se apoderen de lo que la gente entrega con la intención de ayudar a los demás
Días atrás, a través de una gacetilla de prensa, el gobierno comunal invitó a los vecinos de Luján a colaborar con una campaña solidaria para la recolección de libros y así aportar al equipamiento de una biblioteca. La encabeza un área de la estructura comunal: la Casa de la Juventud. Y la destinataria elegida es la biblioteca popular “Nueva Esperanza”, del barrio El Ceibo.
Esta semana, en el marco de los anuncios oficiales por la realización del festival “Encuentro de la Fe y la Historia”, previsto para los próximos 15 y 16 de marzo, las autoridades locales vuelven a apelar a la solidaridad de los vecinos. Destacaron que la entrada a todos los espectáculos será gratuita, pero que se colocarán recipientes para que se depositen alimentos no perecederos que serán clasificados y distribuidos por la Dirección de Atención y Emergencia Directa de la Municipalidad.
Sumamente interesante cada una de las iniciativas del gobierno local. Lástima que el pasado inmediato no nos permita fomentar en los vecinos ese espíritu solidario si quien lo pide es el gobierno municipal, y mucho menos ofrecer nuestro espacio de difusión como garantía de que lo que se done llegará a las manos que lo necesitan.
Es lo mínimo que se puede expresar ante el silencio cuasi burlón que las mismas autoridades que ahora piden colaboración, asumen a la hora de (no) explicar qué pasó con los cerca de 2.000 kilos de tapitas de plástico que la gente donó para colaborar con el Hospital. Y que desaparecieron de ese establecimiento de salud sin que nadie se haga cargo de lo ocurrido.
Lo expresamos en ediciones pasadas y no deberíamos cansarnos de decirlo: lo que ocurrió con el material donado por incontable cantidad de lujanenses de todas las edades, con el fin de ayudar al Hospital público, es vergonzoso. Y sólo agrega una cuota de vergüenza el hecho que no se comunique a los responsables de la campaña qué pasó con un cargamento que se valúa –aunque importante la cifra- en unos 2.400 pesos.
Carlos Mainelli fue el vecino al que se le ocurrió la iniciativa de juntar las tapitas y tuvo la desafortunada idea de pensar en el mismo Hospital como el mejor resguardo para el acopio. Desde el gobierno le dijeron que si quiere explicar o recibir explicaciones de la intendenta, tiene que pedirlo por nota.
El gobierno municipal muestra un flagrante desinterés por explicar por qué se frustró una campaña solidaria, pide a los vecinos que colaboren con dos propuestas de esa característica.
A modo de consejo; si los vecinos no vieron herido su sentimiento solidario con lo que ocurrió en el Hospital, y donan libros o alimentos no perecederos, tengan en cuenta un sitio para su acopio y una correcta vigilancia de lo depositado. No sería bueno que uno, dos o tres vivos se apoderen de lo que la gente entrega con la intención de ayudar a los demás
jueves, 6 de marzo de 2008
Nueva política con viejos contratos
El oficialismo todo –es decir, concejales y funcionarios- dejaron pasar una buena ocasión para demostrar que es verdad aquello de trabajar en el marco de una nueva política, sin repetir costumbres, vicios o malas prácticas de otros años.
El viernes pasado se llevó a cabo la primera sesión extraordinaria del año y mezclados entre los puntos del temario aparecían los expedientes de distintos alquileres que la Municipalidad de Luján paga hace varios años. Fueron analizados, acordados y firmados (aunque en muchos de ellos justamente no aparecen las firmas) por los responsables de la gestión anterior, encabezada por Miguel Prince.
El análisis realizado por la concejal vecinalista Amanda Robles arrojó luz sobre acuerdos que están repletos de errores, omisiones y condiciones de clara desventaja para el municipio. Sólo Prince y sus funcionarios podrían llegar a explicar las razones de esos acuerdos que, aún para el más principiante de los inquilinos, eran insostenibles (ver página 3).
Prince, contra toda lógica del mercado inmobiliario, quiso alquilar y pagar cifras importantes por mes para que la Municipalidad, el ANSeS o las Fiscalías tuvieran más espacio para trabajar y brindar sus servicios.
Robles descubrió que no están las firmas y/o los datos de los responsables de cada parte, que se pagaron miles de pesos por edificios destruidos que la Comuna debió reparar a nuevos, que se sellaban acuerdos por dos años cuando la ley establece tres años como mínimo, que se asumen los pagos de tasas; en síntesis, que se acordaba con condiciones de desventaja para la Municipalidad y no se reparaba en gastos.
Ese cúmulo de información fue volcado a la sesión del viernes, pero en los bloques oficialista y ex oficialista primó la sordera.
El bloque presidido por Ariel Notta mantuvo un entendible silencio. Si sabían de antemano que el oficialismo avalaría lo realizado, no tenían necesidad de defender lo actuado por los ex funcionarios.
Habrá sido sorprendente para aquellos que creyeron ese slogan de “la nueva política” la postura adoptada por la bancada presidida por Pablo Tonini, que no es ni más ni menos que la voz de la Intendencia en el recinto deliberativo.
El concejal oficialista no se ruborizó al aceptar que pueden existir esas irregularidades, pero el temor a darle un corte a las malas prácticas reside en la posibilidad de juicios contra la comuna. Tonini tampoco escuchó cuando se le aclaró que un contrato de alquiler implica un acuerdo de partes.
Si se ponía punto final a estos polémicos contratos, seguramente la Municipalidad tenía que afrontar la urgencia de buscar nuevos espacios o sellar otros acuerdos de alquiler. También es cierto que los beneficiarios-propietarios de los actuales inmuebles no estarían muy contentos. ¿Acaso enfrentar esos problemas no sería lógico y saludable para una gestión que prometió hacer las cosas como corresponde? El oficialismo en el Concejo ya respondió a esta pregunta.
El viernes pasado se llevó a cabo la primera sesión extraordinaria del año y mezclados entre los puntos del temario aparecían los expedientes de distintos alquileres que la Municipalidad de Luján paga hace varios años. Fueron analizados, acordados y firmados (aunque en muchos de ellos justamente no aparecen las firmas) por los responsables de la gestión anterior, encabezada por Miguel Prince.
El análisis realizado por la concejal vecinalista Amanda Robles arrojó luz sobre acuerdos que están repletos de errores, omisiones y condiciones de clara desventaja para el municipio. Sólo Prince y sus funcionarios podrían llegar a explicar las razones de esos acuerdos que, aún para el más principiante de los inquilinos, eran insostenibles (ver página 3).
Prince, contra toda lógica del mercado inmobiliario, quiso alquilar y pagar cifras importantes por mes para que la Municipalidad, el ANSeS o las Fiscalías tuvieran más espacio para trabajar y brindar sus servicios.
Robles descubrió que no están las firmas y/o los datos de los responsables de cada parte, que se pagaron miles de pesos por edificios destruidos que la Comuna debió reparar a nuevos, que se sellaban acuerdos por dos años cuando la ley establece tres años como mínimo, que se asumen los pagos de tasas; en síntesis, que se acordaba con condiciones de desventaja para la Municipalidad y no se reparaba en gastos.
Ese cúmulo de información fue volcado a la sesión del viernes, pero en los bloques oficialista y ex oficialista primó la sordera.
El bloque presidido por Ariel Notta mantuvo un entendible silencio. Si sabían de antemano que el oficialismo avalaría lo realizado, no tenían necesidad de defender lo actuado por los ex funcionarios.
Habrá sido sorprendente para aquellos que creyeron ese slogan de “la nueva política” la postura adoptada por la bancada presidida por Pablo Tonini, que no es ni más ni menos que la voz de la Intendencia en el recinto deliberativo.
El concejal oficialista no se ruborizó al aceptar que pueden existir esas irregularidades, pero el temor a darle un corte a las malas prácticas reside en la posibilidad de juicios contra la comuna. Tonini tampoco escuchó cuando se le aclaró que un contrato de alquiler implica un acuerdo de partes.
Si se ponía punto final a estos polémicos contratos, seguramente la Municipalidad tenía que afrontar la urgencia de buscar nuevos espacios o sellar otros acuerdos de alquiler. También es cierto que los beneficiarios-propietarios de los actuales inmuebles no estarían muy contentos. ¿Acaso enfrentar esos problemas no sería lógico y saludable para una gestión que prometió hacer las cosas como corresponde? El oficialismo en el Concejo ya respondió a esta pregunta.
No importa cuántas tapitas eran
Los gestos solidarios tienen un valor que no se mide en monedas. Se trata de acciones que realizan las personas resignando tiempo, recursos e ideas propias con la única intención de aportar al bien común; para ayudar a los que menos tienen, cualquier sea la causa esa desventaja o de esa necesidad. Existen gestos solidarios urgentes, como los que suelen aparecer ante desastres naturales. Y otros que se sostienen en el tiempo, cuyo ejemplo más cercano lo encontramos en las entidades solidarias. Sin duda, los gestos solidarios representan una de las expresiones más apreciadas de un ser humano.
Un par de vecinos de Luján iniciaron hace años una campaña solidaria cuyo beneficiario era el Hospital Municipal Nuestra Señora de Luján; es decir, directa o indirectamente, toda la comunidad de Luján.
Entendieron que una manera de ayudar, contando con la colaboración de los vecinos lujanenses, eran reunir tapitas plásticas (elemento habitual en todos los hogares), vender ese material y, con los fondos, comprar o reparar lo que hiciera falta en el establecimiento público de salud.
Incontable cantidad de vecinos se sumaron a la propuesta que logró amplia difusión en los medios de comunicación. Durante años, chicos y grandes, sólo o por sugerencia de entidades sociales o educativas, llenaron bolsas de tapitas que primero se depositaron en la casa de uno de los voluntarios, y en los últimos tiempos pasaron a almacenarse en el mismo Hospital Municipal.
Según se supo en estos días, la última venta de tapitas se había realizado a mediados del año pasado y con el dinero se atendieron necesidades muy concretas del Hospital (reparación de un portón, compra de una mesa, de un esterilizador, entre otras cosas). Desde ese entonces, kilos y kilos de tapitas se fueron juntando con el edificio de salud.
El 31 de enero pasado uno de los voluntarios se acercó al nosocomio para preguntar qué se haría con el dinero derivado de la venta de cerca de 2.000 kilos de plástico que se almacenaban en el lavadero. No se acordó el destino y las tapitas siguieron esperando. Se presumía en ese entonces que la recaudación por la venta podía rozar los 2.500 pesos.
Lo cierto es que quince días más tarde el mismo voluntario regresó el Hospital para definir qué hacer con las tapitas, pero ya no estaban en el establecimiento. Nadie se dignó a darle una respuesta por la misteriosa desaparición.
En nuestra edición pasada se informó en detalle sobre lo ocurrido aunque, claro está, faltaban las explicaciones oficiales. Por tratarse de un gesto solidario cuyo valor excede lo monetario, era de esperar que las explicaciones contundentes aparecieran de inmediato.
Pasaron los días y sólo por la insistencia de este medio en conocer qué pasó con las tapitas, apenas se alcanzó a saber que “el director del Hospital tiene resuelto abrir un sumario para que se investigue lo ocurrido”. Se buscaron más precisiones y oficialmente se dijo que “el texto del sumario lo terminarán de definir el director del Hospital (Dr. Daniel Ortega) y el secretario de Legal y Técnica”.
Hoy por hoy, no se sabe qué pasó con 2.000 kilos de plástico que solidariamente juntaron cientos y cientos de lujanenses para ayudar a su propio Hospital. En realidad, se sabe que desaparecieron y que alguien ingresó al edificio público y retiró la abultada carga sin que las autoridades se inmutaran.
Estamos ante un pésimo ejemplo para aquellos que están a tiempo de aprender el valor de la solidaridad. Estamos ante un acto de desidia, que debería provocar vergüenza.
Un par de vecinos de Luján iniciaron hace años una campaña solidaria cuyo beneficiario era el Hospital Municipal Nuestra Señora de Luján; es decir, directa o indirectamente, toda la comunidad de Luján.
Entendieron que una manera de ayudar, contando con la colaboración de los vecinos lujanenses, eran reunir tapitas plásticas (elemento habitual en todos los hogares), vender ese material y, con los fondos, comprar o reparar lo que hiciera falta en el establecimiento público de salud.
Incontable cantidad de vecinos se sumaron a la propuesta que logró amplia difusión en los medios de comunicación. Durante años, chicos y grandes, sólo o por sugerencia de entidades sociales o educativas, llenaron bolsas de tapitas que primero se depositaron en la casa de uno de los voluntarios, y en los últimos tiempos pasaron a almacenarse en el mismo Hospital Municipal.
Según se supo en estos días, la última venta de tapitas se había realizado a mediados del año pasado y con el dinero se atendieron necesidades muy concretas del Hospital (reparación de un portón, compra de una mesa, de un esterilizador, entre otras cosas). Desde ese entonces, kilos y kilos de tapitas se fueron juntando con el edificio de salud.
El 31 de enero pasado uno de los voluntarios se acercó al nosocomio para preguntar qué se haría con el dinero derivado de la venta de cerca de 2.000 kilos de plástico que se almacenaban en el lavadero. No se acordó el destino y las tapitas siguieron esperando. Se presumía en ese entonces que la recaudación por la venta podía rozar los 2.500 pesos.
Lo cierto es que quince días más tarde el mismo voluntario regresó el Hospital para definir qué hacer con las tapitas, pero ya no estaban en el establecimiento. Nadie se dignó a darle una respuesta por la misteriosa desaparición.
En nuestra edición pasada se informó en detalle sobre lo ocurrido aunque, claro está, faltaban las explicaciones oficiales. Por tratarse de un gesto solidario cuyo valor excede lo monetario, era de esperar que las explicaciones contundentes aparecieran de inmediato.
Pasaron los días y sólo por la insistencia de este medio en conocer qué pasó con las tapitas, apenas se alcanzó a saber que “el director del Hospital tiene resuelto abrir un sumario para que se investigue lo ocurrido”. Se buscaron más precisiones y oficialmente se dijo que “el texto del sumario lo terminarán de definir el director del Hospital (Dr. Daniel Ortega) y el secretario de Legal y Técnica”.
Hoy por hoy, no se sabe qué pasó con 2.000 kilos de plástico que solidariamente juntaron cientos y cientos de lujanenses para ayudar a su propio Hospital. En realidad, se sabe que desaparecieron y que alguien ingresó al edificio público y retiró la abultada carga sin que las autoridades se inmutaran.
Estamos ante un pésimo ejemplo para aquellos que están a tiempo de aprender el valor de la solidaridad. Estamos ante un acto de desidia, que debería provocar vergüenza.
Ejemplo de madurez democrática
Si es cierto que la envidia puede ser sana, eso era lo que provocaba, el lunes por la noche, observar en diferentes canales de televisión a dos candidatos a la presidencia de un país debatir sobre sus propuestas de campaña. Después de 15 años de negar esa posibilidad a los ciudadanos, los postulantes a la Presidencia de España, José Luis Zapatero y Mariano Rajoy, se sentaron frente a frente -con la sola compañía de un moderador- a intercambiar opiniones sobre lo que hizo o hará uno u otro en caso de llegar al cargo máximo de esa nación europea.
El socialista Zapatero y el candidato del Partido Popular debatieron con vehemencia, con entusiasmo, con datos y gráficos especialmente preparados para la ocasión, con inteligencia y con apenas un par de interrupciones entre ellos. También respetaron, a rajatablas, el orden y el tiempo establecido para cada una de las exposiciones y los tres minutos finales destinados a hilvanar una conclusión dirigida a los potenciales votantes.
Sin interferencias ni ruidos en la comunicación, millones de españoles y espectadores fortuitos –como quien le da forma a estos párrafos- tuvieron la oportunidad de mirar a los candidatos y escuchar sus propuestas o posturas.
El minuto siguiente a la finalización del debate es harina de otro costal. Los medios de prensa de España y del mundo se abocaron a resumir lo que consideraron los pasajes más relevantes, buscaron el título más adecuado para la crónica y, de acuerdo al modo de entender y trasmitir su información, hablaron de una victoria de Zapatero o de Rajoy. Nada de ello perturbó la atención de millones de ciudadanos que deberán elegir a su presidente.
A los candidatos seguramente les interesará, pero a los fines democráticos poco importa saber quién ganó o perdió el cruce verbal. Lo importante, lo destacable, lo que es digno de copiar y genera sana envidia es el respeto por la herramienta del debate como una manera de transitar la campaña electoral; como un modo de manejarse en democracia.
En Argentina, los últimos candidatos a ocupar la Presidencia vienen negando esa posibilidad de modo sistemático. A lo más alto que se ha llegado a la hora de debatir públicamente ha sido a legislador nacional o jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Luján tuvo algún ejemplo destacable allá por 1999, cuando quienes se perfilaban como los candidatos más firmes para quedarse con la Intendencia, Miguel Prince y Juan Carlos Juárez, aceptaron debatir y responder preguntas ante alumnos de un colegio secundario.
Hoy no abundan los ejemplos locales –quien ganó las últimas elecciones en Luján no participó ni siquiera de un foro de ideas- y menos los nacionales. La presidenta de la Nación no sólo se negó a un debate con sus contrincantes, sino que transitó su campaña y transita su gestión sin realizar conferencias de prensa, una maña copiada de su esposo. El diálogo de las autoridades con los ciudadanos, a través de los medios, no existe. En todo caso, sólo excepciones muy bien orquestadas.
Por ello, para los argentinos, pensar en un debate franco entre candidatos a la presidencia es sólo una ilusión. Es algo que sólo podemos verlo por televisión, con protagonistas extranjeros.
El socialista Zapatero y el candidato del Partido Popular debatieron con vehemencia, con entusiasmo, con datos y gráficos especialmente preparados para la ocasión, con inteligencia y con apenas un par de interrupciones entre ellos. También respetaron, a rajatablas, el orden y el tiempo establecido para cada una de las exposiciones y los tres minutos finales destinados a hilvanar una conclusión dirigida a los potenciales votantes.
Sin interferencias ni ruidos en la comunicación, millones de españoles y espectadores fortuitos –como quien le da forma a estos párrafos- tuvieron la oportunidad de mirar a los candidatos y escuchar sus propuestas o posturas.
El minuto siguiente a la finalización del debate es harina de otro costal. Los medios de prensa de España y del mundo se abocaron a resumir lo que consideraron los pasajes más relevantes, buscaron el título más adecuado para la crónica y, de acuerdo al modo de entender y trasmitir su información, hablaron de una victoria de Zapatero o de Rajoy. Nada de ello perturbó la atención de millones de ciudadanos que deberán elegir a su presidente.
A los candidatos seguramente les interesará, pero a los fines democráticos poco importa saber quién ganó o perdió el cruce verbal. Lo importante, lo destacable, lo que es digno de copiar y genera sana envidia es el respeto por la herramienta del debate como una manera de transitar la campaña electoral; como un modo de manejarse en democracia.
En Argentina, los últimos candidatos a ocupar la Presidencia vienen negando esa posibilidad de modo sistemático. A lo más alto que se ha llegado a la hora de debatir públicamente ha sido a legislador nacional o jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Luján tuvo algún ejemplo destacable allá por 1999, cuando quienes se perfilaban como los candidatos más firmes para quedarse con la Intendencia, Miguel Prince y Juan Carlos Juárez, aceptaron debatir y responder preguntas ante alumnos de un colegio secundario.
Hoy no abundan los ejemplos locales –quien ganó las últimas elecciones en Luján no participó ni siquiera de un foro de ideas- y menos los nacionales. La presidenta de la Nación no sólo se negó a un debate con sus contrincantes, sino que transitó su campaña y transita su gestión sin realizar conferencias de prensa, una maña copiada de su esposo. El diálogo de las autoridades con los ciudadanos, a través de los medios, no existe. En todo caso, sólo excepciones muy bien orquestadas.
Por ello, para los argentinos, pensar en un debate franco entre candidatos a la presidencia es sólo una ilusión. Es algo que sólo podemos verlo por televisión, con protagonistas extranjeros.
El techo lo pone el bolsillo
“Un fraude”. Así calificó el abogado de la Central de Trabajadores del Estado (CTA), Horacio Meguira, al acuerdo logrado esta semana entre Camioneros y el gobierno nacional. Se trata, sin lugar a dudas, de un acuerdo orquestado con la clara intención de difuminar el pacto salarial de los camioneros con un ficticio techo de aumento de 19,5 por ciento.
Tanto la CTA, como empresas de logística que desde el miércoles calculan cómo aplicar el incremento, afirman que el aumento real para los representados por Hugo Moyano es del 24 por ciento (porque se obvió decir que al 19,5 hay que agregarle una serie de aportes que suman al sueldo). Y que ese porcentaje se adosa a todos los aumentos acordados para el mismo sector durante 2007, por un porcentaje total de entre 38 y 40 por ciento.
Pero Moyano, seguramente a cambio de favores que no aparecen en los medios (como, por ejemplo, asegurarse la continuidad al frente de la CGT), ayuda al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a construir esta realidad paralela que se da de bruces con la realidad del bolsillo.
24 por ciento de aumento real para los camioneros. 24 por ciento podría ser la cifra final para arreglo que permita a los docentes iniciar el ciclo lectivo. Los trabajadores de edificios, en sus paritarias, no se bajarán del pedido de 27 por ciento de aumento. Los panaderos no se muestran dispuestos a aceptar menos del 30 por ciento. Los empleados de empresas viales y portuarias reclaman un 35 por ciento. Los gremios que representan a los mecánicos pelean por un incremento del 35 por ciento. Los gastronómicos, enfrentados con Moyano, todavía no revelaron qué cifra se sentarán a negociar, pero se sabe que estará por encima del oficialista 19,5 por ciento.
Lo cierto es que ninguno de los gremios -amigos o enemistados con el gobierno- se sienta a reclamar aumentos en sintonía con las cifras de inflación del INDEC. Nadie toma en cuenta los ridículos cálculos de ese organismo oficial, que seguramente tiene la orden de dibujar un número que no dispare la macroeconomía, pero que nada tiene que ver con la economía diaria, de bolsillo. Ocurre, en definitiva, que ni siquiera en el gobierno aceptan a esas cifras del INDEC como reales.
Hace meses que en algunos medios de prensa se informa acerca del verdadero costo de vida a través de la constatación de los aumentos de los productos de consumo o uso cotidiano. Los contestadores de las radios se atestan de denuncias que hablan de aumentos diarios en todos los productos, de los más variados rubros.
Al margen de los incrementos notables en la mercadería de temporada (canasta navideña para fin de año, alquileres y demás servicios relacionados con las vacaciones, canasta de útiles escolares o los inminentes aumentos en los productos típicos de semana santa, por citar algunos ejemplos), las cosas aumentan a un ritmo que marca la inflación real y el aumento del costo de vida. Es por ello que ni en chiste los gremios se sientan a hablar de aumentos atados a la inflación oficial. Todos, con mayores o menores pretensiones, pelean por porcentajes más acordes con la realidad.
Tanto la CTA, como empresas de logística que desde el miércoles calculan cómo aplicar el incremento, afirman que el aumento real para los representados por Hugo Moyano es del 24 por ciento (porque se obvió decir que al 19,5 hay que agregarle una serie de aportes que suman al sueldo). Y que ese porcentaje se adosa a todos los aumentos acordados para el mismo sector durante 2007, por un porcentaje total de entre 38 y 40 por ciento.
Pero Moyano, seguramente a cambio de favores que no aparecen en los medios (como, por ejemplo, asegurarse la continuidad al frente de la CGT), ayuda al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a construir esta realidad paralela que se da de bruces con la realidad del bolsillo.
24 por ciento de aumento real para los camioneros. 24 por ciento podría ser la cifra final para arreglo que permita a los docentes iniciar el ciclo lectivo. Los trabajadores de edificios, en sus paritarias, no se bajarán del pedido de 27 por ciento de aumento. Los panaderos no se muestran dispuestos a aceptar menos del 30 por ciento. Los empleados de empresas viales y portuarias reclaman un 35 por ciento. Los gremios que representan a los mecánicos pelean por un incremento del 35 por ciento. Los gastronómicos, enfrentados con Moyano, todavía no revelaron qué cifra se sentarán a negociar, pero se sabe que estará por encima del oficialista 19,5 por ciento.
Lo cierto es que ninguno de los gremios -amigos o enemistados con el gobierno- se sienta a reclamar aumentos en sintonía con las cifras de inflación del INDEC. Nadie toma en cuenta los ridículos cálculos de ese organismo oficial, que seguramente tiene la orden de dibujar un número que no dispare la macroeconomía, pero que nada tiene que ver con la economía diaria, de bolsillo. Ocurre, en definitiva, que ni siquiera en el gobierno aceptan a esas cifras del INDEC como reales.
Hace meses que en algunos medios de prensa se informa acerca del verdadero costo de vida a través de la constatación de los aumentos de los productos de consumo o uso cotidiano. Los contestadores de las radios se atestan de denuncias que hablan de aumentos diarios en todos los productos, de los más variados rubros.
Al margen de los incrementos notables en la mercadería de temporada (canasta navideña para fin de año, alquileres y demás servicios relacionados con las vacaciones, canasta de útiles escolares o los inminentes aumentos en los productos típicos de semana santa, por citar algunos ejemplos), las cosas aumentan a un ritmo que marca la inflación real y el aumento del costo de vida. Es por ello que ni en chiste los gremios se sientan a hablar de aumentos atados a la inflación oficial. Todos, con mayores o menores pretensiones, pelean por porcentajes más acordes con la realidad.
martes, 26 de febrero de 2008
lo que tapa el aumento
Si, con esfuerzo, logramos esquivar la euforia que ofrecen los grandes medios de prensa por el aumento a los jubilados anunciado por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner –pero anticipado por el diario Clarín de un domingo, al igual que el pacto Lavagna-Kirchner-, nos daremos cuenta de alguna omisión y, según parece, también de presuntos errores en los cálculos.
La omisión es básica: el gobierno eleva unos pesos los ingresos de los jubilados y posterga, quién sabe hasta cuándo, el tratamiento de una ley que determine la movilidad en los haberes. Porque una cosa es limosnear los ingresos de los abuelos cada tanto (como ocurre ahora), y otra muy diferente es establecer un sistema de movilidad que se rija por los incrementos salariales de cada sector laboral.
¿Y el presunto error en el cálculo? “La suba dispuesta ayer (por el lunes) elevará el haber mínimo a 689 pesos en julio y se hará efectiva en dos cuotas iguales. El gobierno vendió un aumento del 15 por ciento, pero en realidad para este año será de sólo el 11% si se considera que entre marzo y julio será de sólo el 7,5 por ciento, y que recién a partir del séptimo mes se completaría el resto de la mejora”, detalla en su página web “Crítica de la Argentina”, el futuro diario de Jorge Lanata.
Ese enfoque, que lamentablemente está ausente en otros medios de difusión, repara en que con el anuncio del aumento se busca aplazar la discusión de la movilidad automática hasta julio (por lo menos), a pesar de lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia en sus dos últimos fallos sobre el tema.
Pero esos dos datos sueltos no son lo más interesante que aparece en esa crónica diferente referida al gran aumento anunciado para los jubilados. Ese trabajo periodístico reparó en la lógica de bolsillo; en esa lógica que choca de frente contra los oficialistas apurados que salen a pregonar los distintos incrementos que otorgó el co-gobierno de Cristina y Néstor y que, por fanatismo o ceguera, no quieren observar cómo fue perdiendo poder adquisitivo el bolsillo de la tercera edad.
Bajo el título “Ganadores y perdedores”, se indica que “las distintas categorías de jubilaciones no tuvieron los mismos aumentos desde la salida de la convertibilidad. Los que más ganaron fueron los jubilados con haberes menores a 300 pesos. Este tramo acumuló aumentos de hasta 238 por ciento. Los que casi empataron ganan entre 300 y 413 pesos, con incrementos de 103 por ciento. Los que perdieron fueron los jubilados que cobran más de 414 pesos. Los de hasta 1.342 pesos perdieron un 63% de poder de compra. Más perjudicados fueron los de más de 1.343 pesos mensuales, cuyo haber puede comprar 74% menos que en 2001”.
En una de sus últimas visitas a Luján como gobernador, Felipe Solá mantuvo un breve diálogo con integrantes del batallador Grupo de Jubilados Independientes. Uno de ellos le habló de la necesidad de establecer por ley movilidad en los haberes y Solá esquivó el planteo asegurando que “el gobierno nacional aumentó más que ningún otro el ingreso de los jubilados”. “Sí, pero antes de 2001 con lo que cobraba compraba muchos más kilos de papa que los que compro ahora”, dijo el jubilado. Y Solá no respondió.
La omisión es básica: el gobierno eleva unos pesos los ingresos de los jubilados y posterga, quién sabe hasta cuándo, el tratamiento de una ley que determine la movilidad en los haberes. Porque una cosa es limosnear los ingresos de los abuelos cada tanto (como ocurre ahora), y otra muy diferente es establecer un sistema de movilidad que se rija por los incrementos salariales de cada sector laboral.
¿Y el presunto error en el cálculo? “La suba dispuesta ayer (por el lunes) elevará el haber mínimo a 689 pesos en julio y se hará efectiva en dos cuotas iguales. El gobierno vendió un aumento del 15 por ciento, pero en realidad para este año será de sólo el 11% si se considera que entre marzo y julio será de sólo el 7,5 por ciento, y que recién a partir del séptimo mes se completaría el resto de la mejora”, detalla en su página web “Crítica de la Argentina”, el futuro diario de Jorge Lanata.
Ese enfoque, que lamentablemente está ausente en otros medios de difusión, repara en que con el anuncio del aumento se busca aplazar la discusión de la movilidad automática hasta julio (por lo menos), a pesar de lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia en sus dos últimos fallos sobre el tema.
Pero esos dos datos sueltos no son lo más interesante que aparece en esa crónica diferente referida al gran aumento anunciado para los jubilados. Ese trabajo periodístico reparó en la lógica de bolsillo; en esa lógica que choca de frente contra los oficialistas apurados que salen a pregonar los distintos incrementos que otorgó el co-gobierno de Cristina y Néstor y que, por fanatismo o ceguera, no quieren observar cómo fue perdiendo poder adquisitivo el bolsillo de la tercera edad.
Bajo el título “Ganadores y perdedores”, se indica que “las distintas categorías de jubilaciones no tuvieron los mismos aumentos desde la salida de la convertibilidad. Los que más ganaron fueron los jubilados con haberes menores a 300 pesos. Este tramo acumuló aumentos de hasta 238 por ciento. Los que casi empataron ganan entre 300 y 413 pesos, con incrementos de 103 por ciento. Los que perdieron fueron los jubilados que cobran más de 414 pesos. Los de hasta 1.342 pesos perdieron un 63% de poder de compra. Más perjudicados fueron los de más de 1.343 pesos mensuales, cuyo haber puede comprar 74% menos que en 2001”.
En una de sus últimas visitas a Luján como gobernador, Felipe Solá mantuvo un breve diálogo con integrantes del batallador Grupo de Jubilados Independientes. Uno de ellos le habló de la necesidad de establecer por ley movilidad en los haberes y Solá esquivó el planteo asegurando que “el gobierno nacional aumentó más que ningún otro el ingreso de los jubilados”. “Sí, pero antes de 2001 con lo que cobraba compraba muchos más kilos de papa que los que compro ahora”, dijo el jubilado. Y Solá no respondió.
martes, 19 de febrero de 2008
El clásico del verano
En una reciente columna de opinión de la página “Rebelión.org”, Daniel Cadabón escribió sobre lo que calificó como “El clásico del verano. Negociaciones con los docentes”.
En su enfoque, el autor habla de los aspectos de una negociación que entiende como superficial en relación con los problemas serios que atañen a la educación en el país. Se justifica la necesidad de reclamar y acceder a aumentos en los salarios de los maestros, pero repara en la verdadera preocupación de las autoridades nacionales y cada una de las autoridades provinciales: que los reclamos no ganen la calle y que el conflicto por mejores condiciones laborales no se unifique en todo el país. Cadabón además plantea que si en Buenos Aires, uno de los espacios con mayor posibilidad de conseguir recursos, los gremios aspiran a un piso salarial de 1.400 pesos, qué le puede esperar a los docentes de las provincias más remotas.
En ese contexto se desarrollan las paritarias y nadie cuestionaría los ejes de la discusión: mejor salario, mejores condiciones generales de trabajo.
Lo que se posiciona en una vereda contraria a la entendible discusión es el modo en que, de un lado y otro, se manipula la negociación para tratar de sacar rédito, sin reparar en el daño y/o la incertidumbre que se genera en incontable cantidad de familias.
Es allí donde la opinión no puede ser compartida ni con las autoridades ni con los dirigentes gremiales que se sientan en la mesa de discusión.
Desde principios de enero se hablaba de la llegada de las paritarias, pero evidentemente sólo se hablaba. No había detrás de las expresiones un trabajo serio y constante que facilitara los acuerdos de cara al comienzo de las clases. Sin embargo, el inicio del ciclo para el 3 de marzo ya había sido fijado a mediados del año pasado.
En la provincia de Buenos Aires, el 8 de febrero pasado se sentaron todas las partes a dialogar sobre reclamos y aceptaciones. “La paritaria fue un éxito” se adelantaron a decir los voceros de la Dirección General de Cultura y Educación.
La paritaria fue un éxito porque no se habló de los salarios. Los gremios dijeron, fuera de la pelea formal –es decir, sólo para los medios de prensa- que pedirían un incremento del 30 por ciento.
Días atrás se volvieron a sentar gremialistas y autoridades y los títulos hablaban de “un fracaso en las paritarias”. Esta semana se discutieron los aumentos.
La negociación quedó congelada hasta la semana que viene. Por eso, la incertidumbre sobre el inicio de las clases se extiende algunos días más. Volvió el clásico del verano: no saber hasta último momento si las clases comienzan o no.
Cada sector mira su conveniencia. Los docentes esperan hasta última hora para, mientras tanto, acusar el gobierno de no querer acceder a los reclamos y entonces poner en peligro el inicio de las clases. Las autoridades también esperan hasta última hora apelando a que la comunidad despotrique contra los docentes por su presunta insensibilidad, por mantener el suspenso respecto del retorno a las aulas.
El suspenso lo mantienen los dos: gremios y autoridades. Y cada uno lo hace con la intención subyacente de llevar agua a su molino. Como decíamos hace prácticamente un año, en medio de la disputa, con la mochila armada y el guardapolvo listo, esperaban miles y miles de chicos.
En su enfoque, el autor habla de los aspectos de una negociación que entiende como superficial en relación con los problemas serios que atañen a la educación en el país. Se justifica la necesidad de reclamar y acceder a aumentos en los salarios de los maestros, pero repara en la verdadera preocupación de las autoridades nacionales y cada una de las autoridades provinciales: que los reclamos no ganen la calle y que el conflicto por mejores condiciones laborales no se unifique en todo el país. Cadabón además plantea que si en Buenos Aires, uno de los espacios con mayor posibilidad de conseguir recursos, los gremios aspiran a un piso salarial de 1.400 pesos, qué le puede esperar a los docentes de las provincias más remotas.
En ese contexto se desarrollan las paritarias y nadie cuestionaría los ejes de la discusión: mejor salario, mejores condiciones generales de trabajo.
Lo que se posiciona en una vereda contraria a la entendible discusión es el modo en que, de un lado y otro, se manipula la negociación para tratar de sacar rédito, sin reparar en el daño y/o la incertidumbre que se genera en incontable cantidad de familias.
Es allí donde la opinión no puede ser compartida ni con las autoridades ni con los dirigentes gremiales que se sientan en la mesa de discusión.
Desde principios de enero se hablaba de la llegada de las paritarias, pero evidentemente sólo se hablaba. No había detrás de las expresiones un trabajo serio y constante que facilitara los acuerdos de cara al comienzo de las clases. Sin embargo, el inicio del ciclo para el 3 de marzo ya había sido fijado a mediados del año pasado.
En la provincia de Buenos Aires, el 8 de febrero pasado se sentaron todas las partes a dialogar sobre reclamos y aceptaciones. “La paritaria fue un éxito” se adelantaron a decir los voceros de la Dirección General de Cultura y Educación.
La paritaria fue un éxito porque no se habló de los salarios. Los gremios dijeron, fuera de la pelea formal –es decir, sólo para los medios de prensa- que pedirían un incremento del 30 por ciento.
Días atrás se volvieron a sentar gremialistas y autoridades y los títulos hablaban de “un fracaso en las paritarias”. Esta semana se discutieron los aumentos.
La negociación quedó congelada hasta la semana que viene. Por eso, la incertidumbre sobre el inicio de las clases se extiende algunos días más. Volvió el clásico del verano: no saber hasta último momento si las clases comienzan o no.
Cada sector mira su conveniencia. Los docentes esperan hasta última hora para, mientras tanto, acusar el gobierno de no querer acceder a los reclamos y entonces poner en peligro el inicio de las clases. Las autoridades también esperan hasta última hora apelando a que la comunidad despotrique contra los docentes por su presunta insensibilidad, por mantener el suspenso respecto del retorno a las aulas.
El suspenso lo mantienen los dos: gremios y autoridades. Y cada uno lo hace con la intención subyacente de llevar agua a su molino. Como decíamos hace prácticamente un año, en medio de la disputa, con la mochila armada y el guardapolvo listo, esperaban miles y miles de chicos.
El camino para marcar diferencias
En reiteradas columnas periodísticas de los más variados temas de actualidad –política, investigaciones judiciales o policiales, deportivas, entre otros- se habla de lo saludable de encarar medidas “a fondo”. Cuando se habla de investigaciones judiciales, en general se suele hacer referencia a la necesidad de encontrar a los culpables y llevar la revisión de lo ocurrido “hasta las últimas consecuencias”. En deporte, ese deseo suele estar emparentado, por ejemplo, por la erradicación de la violencia o de los violentos que empañan los espectáculos.
En política, la expresión de deseo de “ir a fondo” suele ligarse a la necesidad de los vecinos de notar acciones transparentes o, en todo caso, que castiguen a los que no se atan a esa transparencia.
Porque los ejemplos abundan, la opinión popular suele inclinarse hacia el pensamiento que indica que en la función pública se permite mucho más que en ámbito privado. Y que esos límites son aún más laxos si se trata investigar malos comportamientos. Pensar en un castigo laboral ejemplar en un contexto de administración pública, para los que miran a ese ámbito desde afuera suele parecer utópico.
Con todo, en el marco de los primeros pasos de la gestión municipal, la semana pasada se adoptaron un par de medidas que deberían marcar el sendero a seguir en lo que resta de los cuatro años de gestión.
Tanto la intendenta Graciela Rosso como el secretario de Gobierno Humberto Guibaud recolectaron gran cantidad de pruebas para decidir la suspensión preventiva del cargo del tesorero que manejó las cuentas en los últimos años de la gestión de Miguel Ángel Prince. Y pedirle al Concejo Deliberante, por tratarse de un cargo de ley, que analice las pruebas y acompañe la decisión del Ejecutivo de dejar cesante a este funcionario.
Pasos similares se dieron al abrir un sumario interno y radicar una denuncia policial ante una agresión que el agente municipal y secretario del Sindicato de Trabajadores Municipales, Enrique Peñalba, le propinó al funcionario Julio García.
Si se tienen sospechas de manejos irregulares en los fondos públicos, ese funcionario no tiene lugar en la administración, al menos hasta que realice su defensa y, en todo caso, demuestre lo contrario. Y si un agente, gremialista o funcionario tiene actitudes violentas para expresar sus diferencias, tampoco hay espacio dentro de la estructura comunal para apañar su comportamiento.
Si con el correr de las investigaciones de ambos casos, la gestión municipal se mantiene firme en el camino emprendido la semana pasada, se estará marcando una notable diferencia con la gestión anterior. En la gestión saliente, Peñalba protagonizó un escándalo, invitó a pelear e insultó a quienes pensaban distinto en el marco de una sesión del Concejo Deliberante; el gobierno lo respaldó. Peñalba defendía al presidente del Concejo, integrante de la entonces bancada oficialista, acusado de tener relación con vuelcos clandestinos de tanques atmosféricos; también se respaldó al acusado. La entonces directora de Viviendas fue procesada por una investigación de venta de lotes bajo custodia municipal; otra protegida hasta el término de la gestión. Y jamás se tejieron sospechas sobre el ahora suspendido tesorero municipal.
Si Rosso quiere marcar diferencias con la gestión anterior, las medidas anunciadas para con el tesorero y el agente golpeador pueden marcar el rumbo.
En política, la expresión de deseo de “ir a fondo” suele ligarse a la necesidad de los vecinos de notar acciones transparentes o, en todo caso, que castiguen a los que no se atan a esa transparencia.
Porque los ejemplos abundan, la opinión popular suele inclinarse hacia el pensamiento que indica que en la función pública se permite mucho más que en ámbito privado. Y que esos límites son aún más laxos si se trata investigar malos comportamientos. Pensar en un castigo laboral ejemplar en un contexto de administración pública, para los que miran a ese ámbito desde afuera suele parecer utópico.
Con todo, en el marco de los primeros pasos de la gestión municipal, la semana pasada se adoptaron un par de medidas que deberían marcar el sendero a seguir en lo que resta de los cuatro años de gestión.
Tanto la intendenta Graciela Rosso como el secretario de Gobierno Humberto Guibaud recolectaron gran cantidad de pruebas para decidir la suspensión preventiva del cargo del tesorero que manejó las cuentas en los últimos años de la gestión de Miguel Ángel Prince. Y pedirle al Concejo Deliberante, por tratarse de un cargo de ley, que analice las pruebas y acompañe la decisión del Ejecutivo de dejar cesante a este funcionario.
Pasos similares se dieron al abrir un sumario interno y radicar una denuncia policial ante una agresión que el agente municipal y secretario del Sindicato de Trabajadores Municipales, Enrique Peñalba, le propinó al funcionario Julio García.
Si se tienen sospechas de manejos irregulares en los fondos públicos, ese funcionario no tiene lugar en la administración, al menos hasta que realice su defensa y, en todo caso, demuestre lo contrario. Y si un agente, gremialista o funcionario tiene actitudes violentas para expresar sus diferencias, tampoco hay espacio dentro de la estructura comunal para apañar su comportamiento.
Si con el correr de las investigaciones de ambos casos, la gestión municipal se mantiene firme en el camino emprendido la semana pasada, se estará marcando una notable diferencia con la gestión anterior. En la gestión saliente, Peñalba protagonizó un escándalo, invitó a pelear e insultó a quienes pensaban distinto en el marco de una sesión del Concejo Deliberante; el gobierno lo respaldó. Peñalba defendía al presidente del Concejo, integrante de la entonces bancada oficialista, acusado de tener relación con vuelcos clandestinos de tanques atmosféricos; también se respaldó al acusado. La entonces directora de Viviendas fue procesada por una investigación de venta de lotes bajo custodia municipal; otra protegida hasta el término de la gestión. Y jamás se tejieron sospechas sobre el ahora suspendido tesorero municipal.
Si Rosso quiere marcar diferencias con la gestión anterior, las medidas anunciadas para con el tesorero y el agente golpeador pueden marcar el rumbo.
De positivo, debe pasar a fructífero
El método de trabajo, a simple vista, parece acertado. Trasladar el gabinete provincial a un municipio, llegar junto al gobernador, y en esa ciudad escuchar los planteos urgentes que tengan para realizar los responsables de cada área de gobierno comunal. Eso fue lo que sucedió el jueves en el Museo Municipal de Bellas Artes y el trabajo se extendió durante más de dos horas.
Para realizar una tarea ordenada y que no se dispersara en grandes alocuciones, lo que se pidió desde Gobernación fue que los secretarios o directores presentaran los títulos de las necesidades de su área. Ante ello, los ministros expondrían respuestas y eventuales soluciones.
Los funcionarios locales hicieron los deberes. Cada uno llevó un informe de situación y resumieron cada concepto con pedidos concretos. Entre otras cosas, se solicitó maquinaria para arreglar caminos rurales y para prestar los servicios urbanos; más patrulleros; más personal policial que permita disminuir el tamaño actual de las cuadrículas; dinero para refaccionar 21 de los 22 centros de atención primaria que se esparcen en toda la geografía local; destrabar la burocracia que impide la llegada a dos barrios de Luján de salas de primeros auxilios con todo su equipamiento; dinero constante y sonante para enfrentar parte de la deuda heredada, 21 millones de pesos, y lo que la comuna tarde o temprano -millón más, millón menos- tendrá que erogar de los cerca de 12 millones de pesos por los que está demandada en 60 juicios. También se pidió la apertura de líneas de crédito blando para que las pequeñas y medianas empresas -todas, no sólo las que por diferentes razones o contactos caían simpáticas al gobierno de turno- accedan a dinero que les permita soñar con un crecimiento productivo; mejoras edilicias en establecimientos escolares, y dinero para la puesta en marcha de la planta depuradora y del nuevo espacio para el depósito y selección de los residuos sólidos urbanos.
El método de trabajo tiene otra particularidad positiva: todo se habló delante de los medios de prensa. Por esa razón, el jueves quedó establecida y difundida una gran cantidad de promesas que ahora deberán concretarse.
Sólo de esa manera, lo que hoy se vislumbra como positivo pasará a ser fructífero.
Lo contrario sería el paso del tiempo sin que se realicen las obras que prometió la ministra de Infraestructura; sin que lleguen las aulas que ofrendó el director de Cultura y Educación; sin que se gire el dinero que aseguró el ministro de Salud; sin que lleguen los canales de financiamiento que prometieron los responsables del Banco Provincia y de Producción o la capacitación que se describió desde el área de Trabajo.
Si eso pasa, es decir, si el tiempo pasa y las promesas no se concretan, el jueves, entonces, sólo asistimos a una muy ordenada puesta en escena, para que los medios tengan material de sobra para sus horas o páginas de información.
Para realizar una tarea ordenada y que no se dispersara en grandes alocuciones, lo que se pidió desde Gobernación fue que los secretarios o directores presentaran los títulos de las necesidades de su área. Ante ello, los ministros expondrían respuestas y eventuales soluciones.
Los funcionarios locales hicieron los deberes. Cada uno llevó un informe de situación y resumieron cada concepto con pedidos concretos. Entre otras cosas, se solicitó maquinaria para arreglar caminos rurales y para prestar los servicios urbanos; más patrulleros; más personal policial que permita disminuir el tamaño actual de las cuadrículas; dinero para refaccionar 21 de los 22 centros de atención primaria que se esparcen en toda la geografía local; destrabar la burocracia que impide la llegada a dos barrios de Luján de salas de primeros auxilios con todo su equipamiento; dinero constante y sonante para enfrentar parte de la deuda heredada, 21 millones de pesos, y lo que la comuna tarde o temprano -millón más, millón menos- tendrá que erogar de los cerca de 12 millones de pesos por los que está demandada en 60 juicios. También se pidió la apertura de líneas de crédito blando para que las pequeñas y medianas empresas -todas, no sólo las que por diferentes razones o contactos caían simpáticas al gobierno de turno- accedan a dinero que les permita soñar con un crecimiento productivo; mejoras edilicias en establecimientos escolares, y dinero para la puesta en marcha de la planta depuradora y del nuevo espacio para el depósito y selección de los residuos sólidos urbanos.
El método de trabajo tiene otra particularidad positiva: todo se habló delante de los medios de prensa. Por esa razón, el jueves quedó establecida y difundida una gran cantidad de promesas que ahora deberán concretarse.
Sólo de esa manera, lo que hoy se vislumbra como positivo pasará a ser fructífero.
Lo contrario sería el paso del tiempo sin que se realicen las obras que prometió la ministra de Infraestructura; sin que lleguen las aulas que ofrendó el director de Cultura y Educación; sin que se gire el dinero que aseguró el ministro de Salud; sin que lleguen los canales de financiamiento que prometieron los responsables del Banco Provincia y de Producción o la capacitación que se describió desde el área de Trabajo.
Si eso pasa, es decir, si el tiempo pasa y las promesas no se concretan, el jueves, entonces, sólo asistimos a una muy ordenada puesta en escena, para que los medios tengan material de sobra para sus horas o páginas de información.
El menosprecio hacia la política
Un pacto de Olivos volvió a las tapas de los grandes medios de prensa. En este caso, el apretón de manos a espaldas del pueblo no fue con argumentos vinculados con el sostenimiento de la democracia, sino que se trató de una repartija partidaria, si se lo mira desde una vereda, o de una conquista más en el afán por conseguir la hegemonía en el poder, si se busca otra visión posible.
A escasos meses de enfrentar en elecciones al gobierno nacional, con críticas de su “política de la avestruz” ante los problemas, sus dibujados números del INDEC, su manera de enfrentar la crisis energética, su política de control de precios y su relación con el presidente venezolano Hugo Chávez, entre otras diferencias, el ex candidato a presidente por UNA (Una Nación Avanzada), Roberto Lavagna, pactó con el ex presidente de la Nación, Néstor Kirchner, sumarse a su proyecto de reorganización del Partido Justicialista, ni más ni menos que la maquinaria electoral que llevó a Kirchner y más tarde a su esposa a la Presidencia de la Argentina.
Lavagna, suelto de cuerpo, intenta explicar lo evidente. Según él, su propuesta jamás fue opositora, sino que “era una alternativa”. Hoy, con la foto del pacto, más de 3 millones de argentinos que le aportaron su voto a la “alternativa” Lavagna se sienten defraudados. Muchos se pellizcan para confirmar si es verdad que, una vez más, un político en campaña los engañó con su discurso.
Uno de los caminos posibles para entender las acciones de los políticos que tienen, en mayor o menor medida, alguna cuota de poder, es analizando las razones concretas para las cuales quieren acceder a posiciones públicas.
Para ello, el primer ejercicio necesario es el de evadir sus explicaciones sobre las razones que ellos dicen sostener al meterse de lleno en la política. En la gran mayoría de los casos -no diremos en todos porque es feo generalizar- dirán que quieren llegar al poder para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. En razón de verdad, no mienten; en todo caso, dicen la verdad con matices. Porque personajes como Lavagna o Borocotó (para citar los ejemplos más a mano) quieren meterse en política y, una vez dentro, en realidad lo que quieren es mejorar su calidad de vida. Y como ellos forman parte de todos los ciudadanos, no están mintiendo.
Los políticos que “se meten” en las grandes ligas de la política y durante décadas sostienen una ideología, más allá de las conveniencias personales y circunstanciales, se transformaron en una especie en extinción. Si se responde a esas características, sus colegas de la política lo miran con cara extraña.
De hecho, el menosprecio hacia la política como la manera de modificar las realidades adversas de los ciudadanos se transformó en moneda cotidiana. Tanto que en las últimas elecciones, ciertos candidatos -incluso los locales- planteaban a sus potenciales votantes que su propuesta no tenía ideología. De esa manera, sin nada a qué atarse, es mucho más fácil pegar saltos partidarios en el futuro. ¿Y los votantes? Si te he prometido, no me acuerdo.
A escasos meses de enfrentar en elecciones al gobierno nacional, con críticas de su “política de la avestruz” ante los problemas, sus dibujados números del INDEC, su manera de enfrentar la crisis energética, su política de control de precios y su relación con el presidente venezolano Hugo Chávez, entre otras diferencias, el ex candidato a presidente por UNA (Una Nación Avanzada), Roberto Lavagna, pactó con el ex presidente de la Nación, Néstor Kirchner, sumarse a su proyecto de reorganización del Partido Justicialista, ni más ni menos que la maquinaria electoral que llevó a Kirchner y más tarde a su esposa a la Presidencia de la Argentina.
Lavagna, suelto de cuerpo, intenta explicar lo evidente. Según él, su propuesta jamás fue opositora, sino que “era una alternativa”. Hoy, con la foto del pacto, más de 3 millones de argentinos que le aportaron su voto a la “alternativa” Lavagna se sienten defraudados. Muchos se pellizcan para confirmar si es verdad que, una vez más, un político en campaña los engañó con su discurso.
Uno de los caminos posibles para entender las acciones de los políticos que tienen, en mayor o menor medida, alguna cuota de poder, es analizando las razones concretas para las cuales quieren acceder a posiciones públicas.
Para ello, el primer ejercicio necesario es el de evadir sus explicaciones sobre las razones que ellos dicen sostener al meterse de lleno en la política. En la gran mayoría de los casos -no diremos en todos porque es feo generalizar- dirán que quieren llegar al poder para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. En razón de verdad, no mienten; en todo caso, dicen la verdad con matices. Porque personajes como Lavagna o Borocotó (para citar los ejemplos más a mano) quieren meterse en política y, una vez dentro, en realidad lo que quieren es mejorar su calidad de vida. Y como ellos forman parte de todos los ciudadanos, no están mintiendo.
Los políticos que “se meten” en las grandes ligas de la política y durante décadas sostienen una ideología, más allá de las conveniencias personales y circunstanciales, se transformaron en una especie en extinción. Si se responde a esas características, sus colegas de la política lo miran con cara extraña.
De hecho, el menosprecio hacia la política como la manera de modificar las realidades adversas de los ciudadanos se transformó en moneda cotidiana. Tanto que en las últimas elecciones, ciertos candidatos -incluso los locales- planteaban a sus potenciales votantes que su propuesta no tenía ideología. De esa manera, sin nada a qué atarse, es mucho más fácil pegar saltos partidarios en el futuro. ¿Y los votantes? Si te he prometido, no me acuerdo.
lunes, 4 de febrero de 2008
Piedra libre para la información
A través un método de ordenamiento y difusión de la información que la gestión municipal saliente entregó como herencia a la flamante administración, este medio pudo saber que la intendenta Graciela Rosso designó a una importante cantidad de colaboradores, la mayoría de ellos bajo el cargo de directores o subdirectores.
Ingresaron directores y subdirectores de Teatro y Eventos, del Museo de Bellas Artes, de Tránsito, de Depósito, de Planeamiento, entre otros, y también personal de planta temporaria o permanente para reparticiones municipales o delegaciones de las localidades. Pero nada se dijo al respecto. No se informaron los nombres y los cargos, y mucho menos los antecedentes de cada uno de los elegidos para esas funciones. Hoy este medio aporta algo de información al respecto, por considerarlo uno de los pilares para entender, analizar y en todo caso elogiar o criticar a una gestión.
No se entiende qué es lo que se busca ocultar o, en todo caso, por qué se empecinan desde el gobierno en demorar la llegada de la información a los vecinos. A casi dos meses de la asunción, se desconocen los nombres de gran parte de los funcionarios, a pesar de que hace semanas que fueron designados.
En virtud a la verdad, se cuenta con una notable ventaja comparativa contrastando las prácticas de la anterior gestión: el intendente Miguel Ángel Prince había llenado la estructura de gobierno con amigos y conocidos que ni siquiera recordaban el nombre completo de su cargo o que no sabían explicar específicamente qué era lo que hacían en la función pública.
Suena grotesco, pero una de las personas que durante los años de gobierno de Prince cobraba un salario muy digno para el bolsillo de un trabajador, explicó ante las nuevas autoridades que su tarea específica era saludar a los familiares de las personas que fallecían y que, por alguna razón, eran conocidos en el ámbito comunal. Y que si la relación era un tanto más estrecha, esta persona empleada por el intendente se acercaba al velatorio y/o el entierro.
También se descubrió en estos días la designación con una presunta tarea docente de una persona que jamás apareció por su puesto de trabajo y que, además, tampoco cumple con el presentismo en el horario establecido en su otro trabajo dentro del Estado.
Por eso, si lo que se encuentra en la revisión de la herencia causa sorpresa e indignación y públicamente se insiste en la idea de desarrollar una administración muy diferente a la anterior, menos aún se entiende el ocultamiento de las designaciones, nombramientos y bajas dentro de la estructura de gobierno.
La gestión municipal recién se inicia y hay tiempo para trazar rumbos correctos que demuestren la voluntad de apuntar a la transparencia y a la eficiencia dentro de la Municipalidad. No hay vicios o compromisos de larga data que condicionen el accionar. En ese contexto, la información amplia y clara sobre las acciones públicas tiene que ser un pilar fundamental.
Ingresaron directores y subdirectores de Teatro y Eventos, del Museo de Bellas Artes, de Tránsito, de Depósito, de Planeamiento, entre otros, y también personal de planta temporaria o permanente para reparticiones municipales o delegaciones de las localidades. Pero nada se dijo al respecto. No se informaron los nombres y los cargos, y mucho menos los antecedentes de cada uno de los elegidos para esas funciones. Hoy este medio aporta algo de información al respecto, por considerarlo uno de los pilares para entender, analizar y en todo caso elogiar o criticar a una gestión.
No se entiende qué es lo que se busca ocultar o, en todo caso, por qué se empecinan desde el gobierno en demorar la llegada de la información a los vecinos. A casi dos meses de la asunción, se desconocen los nombres de gran parte de los funcionarios, a pesar de que hace semanas que fueron designados.
En virtud a la verdad, se cuenta con una notable ventaja comparativa contrastando las prácticas de la anterior gestión: el intendente Miguel Ángel Prince había llenado la estructura de gobierno con amigos y conocidos que ni siquiera recordaban el nombre completo de su cargo o que no sabían explicar específicamente qué era lo que hacían en la función pública.
Suena grotesco, pero una de las personas que durante los años de gobierno de Prince cobraba un salario muy digno para el bolsillo de un trabajador, explicó ante las nuevas autoridades que su tarea específica era saludar a los familiares de las personas que fallecían y que, por alguna razón, eran conocidos en el ámbito comunal. Y que si la relación era un tanto más estrecha, esta persona empleada por el intendente se acercaba al velatorio y/o el entierro.
También se descubrió en estos días la designación con una presunta tarea docente de una persona que jamás apareció por su puesto de trabajo y que, además, tampoco cumple con el presentismo en el horario establecido en su otro trabajo dentro del Estado.
Por eso, si lo que se encuentra en la revisión de la herencia causa sorpresa e indignación y públicamente se insiste en la idea de desarrollar una administración muy diferente a la anterior, menos aún se entiende el ocultamiento de las designaciones, nombramientos y bajas dentro de la estructura de gobierno.
La gestión municipal recién se inicia y hay tiempo para trazar rumbos correctos que demuestren la voluntad de apuntar a la transparencia y a la eficiencia dentro de la Municipalidad. No hay vicios o compromisos de larga data que condicionen el accionar. En ese contexto, la información amplia y clara sobre las acciones públicas tiene que ser un pilar fundamental.
Termina el mes de gracia
El jueves se cierra un mes atípico para la administración municipal. Las nuevas autoridades de gobierno desembarcaron con la novedosa iniciativa de la feria durante todo enero. Y dijeron y reiteraron que la propuesta apuntaba a ordenar la compleja herencia recibida por funcionarios que quién sabe en qué sillones públicos han caído.
Se pretendía, al menos en el anuncio, revisar en detalle la deuda municipal estimada en millones; observar los pormenores de no menos millonarios juicios que enfrenta la comuna; analizar el entramado de la plantilla de empleados municipales y definir las políticas que se realizarán con los elementos efectivos con lo que cuenta la gestión de Graciela Rosso.
Lo cierto es que la iniciativa está en sus últimas horas y genera expectativa saber cuáles serán las conclusiones. En ese período de gracia, tanto la intendenta como sus funcionarios sólo dieron pinceladas de lo que había detrás del velo que supieron construir quienes acompañaron en el gobierno a Miguel Prince.
Se supo, a cuentagotas, que la plantilla de empleados tenía errores, horrores y perdones. Se estima que había pasantes cumpliendo tareas en condiciones que no le son propias a esos trabajadores. Se cree que también había mucho por revisar en los contratos y en los cursos para acceder a un puesto. También aseguraron los funcionarios que las licencias por enfermedad no se otorgaban de manera estricta, sino todo lo contrario.
En relación con la deuda y -vinculado con ello- con los modos que tenía el municipio para comprar con dinero público, también se estima que había tela para cortar. Gran cantidad de proveedores intentan conseguir documentos que le ayuden a justificar la morosidad oficial.
Por eso, después del mes de “revisión”, es saludable para la ciudadanía conocer con exactitud cuánto debe la Municipalidad, de qué manera piensa pagar y de qué modo mejorará la manera de comprar o de abastecerse para incrementar la transparencia.
También se debe conocer cuántos juicios quedan en pie, quiénes son los demandantes y qué chances hay de conseguir acuerdos que permitan ahorros.
Pero no todo lo heredado debe terminar de analizarse e informarlo en detalle. Hay acciones y decisiones que se comenzaron a tomar a partir del 10 de diciembre, y que merecen informarse con todos sus pormenores. Por ejemplo, saber cómo queda conformado el gabinete y así determinar si la mediática decisión de borrar del mapa a los coordinadores fue el marco de una real política de ahorro o si en realidad lo único que se hizo fue cambiar nombres o denominaciones, pero el plantel de funcionarios sigue tan superpoblado como en años anteriores.
Se pretendía, al menos en el anuncio, revisar en detalle la deuda municipal estimada en millones; observar los pormenores de no menos millonarios juicios que enfrenta la comuna; analizar el entramado de la plantilla de empleados municipales y definir las políticas que se realizarán con los elementos efectivos con lo que cuenta la gestión de Graciela Rosso.
Lo cierto es que la iniciativa está en sus últimas horas y genera expectativa saber cuáles serán las conclusiones. En ese período de gracia, tanto la intendenta como sus funcionarios sólo dieron pinceladas de lo que había detrás del velo que supieron construir quienes acompañaron en el gobierno a Miguel Prince.
Se supo, a cuentagotas, que la plantilla de empleados tenía errores, horrores y perdones. Se estima que había pasantes cumpliendo tareas en condiciones que no le son propias a esos trabajadores. Se cree que también había mucho por revisar en los contratos y en los cursos para acceder a un puesto. También aseguraron los funcionarios que las licencias por enfermedad no se otorgaban de manera estricta, sino todo lo contrario.
En relación con la deuda y -vinculado con ello- con los modos que tenía el municipio para comprar con dinero público, también se estima que había tela para cortar. Gran cantidad de proveedores intentan conseguir documentos que le ayuden a justificar la morosidad oficial.
Por eso, después del mes de “revisión”, es saludable para la ciudadanía conocer con exactitud cuánto debe la Municipalidad, de qué manera piensa pagar y de qué modo mejorará la manera de comprar o de abastecerse para incrementar la transparencia.
También se debe conocer cuántos juicios quedan en pie, quiénes son los demandantes y qué chances hay de conseguir acuerdos que permitan ahorros.
Pero no todo lo heredado debe terminar de analizarse e informarlo en detalle. Hay acciones y decisiones que se comenzaron a tomar a partir del 10 de diciembre, y que merecen informarse con todos sus pormenores. Por ejemplo, saber cómo queda conformado el gabinete y así determinar si la mediática decisión de borrar del mapa a los coordinadores fue el marco de una real política de ahorro o si en realidad lo único que se hizo fue cambiar nombres o denominaciones, pero el plantel de funcionarios sigue tan superpoblado como en años anteriores.
lunes, 28 de enero de 2008
Porque alguien lo hizo...
El clima político local, con su inevitable contagio en ciertos sectores de la sociedad, no es el ideal. No reina la calma. Y una descripción de lo que sucede en Luján -transmitido en diferentes notas publicadas por este medio- tal vez encuentra coincidencias con lo que ocurre en otros distritos en los que las urnas le dieron un corte definitivo a varios años de una misma administración.
Fue el propio gobierno municipal encabezado por la doctora Graciela Rosso el que rubricó la seriedad de lo que sucede en nuestro partido.
Allá lejos, en octubre pasado, los primeros indicios de que el camino no sería sencillo: actas de las elecciones con horrores que dan a un ganador erróneo y que fueron avaladas y publicadas por autoridades provinciales. Jamás se dio a conocer una desmentida; por el contrario, Florencio Randazzo (responsable máximo de aquella página web que generó zozobra en los lujanenses) saltó de una función provincial a una nacional.
Corrieron las semanas y los hechos siguieron apareciendo. Hace unos diez días, cuando los nuevos funcionarios se sentaban en los sillones que quedaron vacíos por el recambio de autoridades, desde el Departamento Ejecutivo se denunció en la Justicia que en ninguna de las oficinas municipales aparecía el libro de inventario. No se trata de un elemento más. El que sigue sin aparecer es el documento en el que deberían estar registradas todas las pertenencias de la Municipalidad de Luján.
Dicho de otro modo, sin ese libro se complica saber qué había antes del 10 de diciembre, qué quedó o -sin ánimo de ser malpensados- qué se pudieron haber llevado los invitados a retirarse por el voto de la gente.
Durante este fin de semana, el clima continuó enrareciéndose. Entre la mañana del sábado y la mañana del lunes pasado, alguien entró a uno de los despachos de la Intendencia, revolvió papeles y carpetas y sustrajo algunos de esos documentos públicos. No tocó la caja fuerte de esa dependencia, dejando en claro que no se trató de un robo. Tal como se cuenta el hecho en este editorial, consta en la denuncia judicial realizada por las autoridades comunales y en el sumario interno que se abrió para saber qué fue lo que sucedió y quiénes pecaron por acción u omisión.
El escenario de suspenso se terminó de armar con la aparición, esta semana, de afiches que sólo los autores y los receptores del mensaje alcanzarían a entender en toda su magnitud. La foto de Graciela Rosso, de Isabel Perón y de Raúl Guglielminetti, con la frase “Roma no paga a traidores” y la firma de “La Cámpora”.
En lugar de adoptar la más saludable actitud ante mensajes anónimos -porque “La Cámpora” se encargó de desmentir la autoría del panfleto- e ignorar la bravuconada, la propia intendenta salió a definir a esos papeles como “un mensaje mafioso” que le endilgó a “delincuentes” a los que “les estamos cambiando su relación con el poder, con el dinero, con los negocios”.
En parte por seriedad, pero también por tranquilidad para todos los ciudadanos, es necesario que el gobierno entrante no abandone las causas judiciales que decidió iniciar. Es necesario que busque a los responsables de la desaparición del libro de inventario y que esa sustracción no pase al olvido. Es necesario también que investigue quién o quiénes ingresaron a su despacho, qué se llevaron y con qué fin. Y también que se identifique a los “delincuentes” que utilizan la vía pública para difundir sus mensajes. Porque si realmente se trata de delincuentes, su lugar en la sociedad no es la libertad de las calles sino la cárcel.
Fue el propio gobierno municipal encabezado por la doctora Graciela Rosso el que rubricó la seriedad de lo que sucede en nuestro partido.
Allá lejos, en octubre pasado, los primeros indicios de que el camino no sería sencillo: actas de las elecciones con horrores que dan a un ganador erróneo y que fueron avaladas y publicadas por autoridades provinciales. Jamás se dio a conocer una desmentida; por el contrario, Florencio Randazzo (responsable máximo de aquella página web que generó zozobra en los lujanenses) saltó de una función provincial a una nacional.
Corrieron las semanas y los hechos siguieron apareciendo. Hace unos diez días, cuando los nuevos funcionarios se sentaban en los sillones que quedaron vacíos por el recambio de autoridades, desde el Departamento Ejecutivo se denunció en la Justicia que en ninguna de las oficinas municipales aparecía el libro de inventario. No se trata de un elemento más. El que sigue sin aparecer es el documento en el que deberían estar registradas todas las pertenencias de la Municipalidad de Luján.
Dicho de otro modo, sin ese libro se complica saber qué había antes del 10 de diciembre, qué quedó o -sin ánimo de ser malpensados- qué se pudieron haber llevado los invitados a retirarse por el voto de la gente.
Durante este fin de semana, el clima continuó enrareciéndose. Entre la mañana del sábado y la mañana del lunes pasado, alguien entró a uno de los despachos de la Intendencia, revolvió papeles y carpetas y sustrajo algunos de esos documentos públicos. No tocó la caja fuerte de esa dependencia, dejando en claro que no se trató de un robo. Tal como se cuenta el hecho en este editorial, consta en la denuncia judicial realizada por las autoridades comunales y en el sumario interno que se abrió para saber qué fue lo que sucedió y quiénes pecaron por acción u omisión.
El escenario de suspenso se terminó de armar con la aparición, esta semana, de afiches que sólo los autores y los receptores del mensaje alcanzarían a entender en toda su magnitud. La foto de Graciela Rosso, de Isabel Perón y de Raúl Guglielminetti, con la frase “Roma no paga a traidores” y la firma de “La Cámpora”.
En lugar de adoptar la más saludable actitud ante mensajes anónimos -porque “La Cámpora” se encargó de desmentir la autoría del panfleto- e ignorar la bravuconada, la propia intendenta salió a definir a esos papeles como “un mensaje mafioso” que le endilgó a “delincuentes” a los que “les estamos cambiando su relación con el poder, con el dinero, con los negocios”.
En parte por seriedad, pero también por tranquilidad para todos los ciudadanos, es necesario que el gobierno entrante no abandone las causas judiciales que decidió iniciar. Es necesario que busque a los responsables de la desaparición del libro de inventario y que esa sustracción no pase al olvido. Es necesario también que investigue quién o quiénes ingresaron a su despacho, qué se llevaron y con qué fin. Y también que se identifique a los “delincuentes” que utilizan la vía pública para difundir sus mensajes. Porque si realmente se trata de delincuentes, su lugar en la sociedad no es la libertad de las calles sino la cárcel.
viernes, 25 de enero de 2008
Los desocupados de la política
El problema principal para cualquier gestión de gobierno entrante -la de Luján o la que usted prefiera elegir para realizar un análisis de situación- no se encuentra específicamente en el interior de la administración, sino en el exterior.
Aquellos que por su capacidad, su conocimiento, su trabajo, su dedicación, quedan dentro de la flamante estructura, difícilmente cambien de actitud. Seguirán siendo trabajadores, capaces, responsables, más allá de un cambio de mando en el timón.
El problema que, de manera urgente, se tiene que salir a atenuar cuando se ingresa a un sitio de gobierno lo suele generar la mano de obra desocupada. Desocupada porque formaba parte de la estructura netamente política, es decir aquella que cada titular del Ejecutivo elige a dedo, o desocupada porque ingresó a la administración con más argumentos que hablan de contactos, amistades o recomendaciones, que por sus habilidades laborales.
Tampoco debería generar mayor preocupación para una administración entrante el personal político o de carrera que se queda sin un puesto de trabajo, pero tiene amplios conocimientos técnicos o de oficios. Sin duda, esos recursos humanos se esperan con ansiedad en el ámbito privado.
Distinto es el panorama cuando las urnas deciden un cambio en el mando ejecutivo, un nuevo equipo de gestión desembarca en un distrito, comuna, provincia (siga eligiendo el ejemplo que más le sirva), y las que quedan desplazadas son personas que sólo saben trabajar de políticos, en la política o para la política.
De hecho, en estos casos hasta resulta difícil definir específicamente qué es lo que saben hacer esas personas. En particular, cuando en su currículo sólo aparece “la militancia”. En ese caso, ¿qué es lo que sabe hacer bien ese político? ¿Gestionar? ¿O esa es tarea de un gestor? Un carpintero sabe trabajar la madera, un abogado tiene manejo de las leyes, un contador de los números. ¿Un político de años de militancia?
Cuando esto último sucede y los desplazados se encuadran en esta última definición, el gobierno entrante tendrá siempre, desde el mismo día en que ganó las elecciones, un frente de conflicto latente.
¿Luján puede enmarcarse en esta última descripción? Por el momento, sólo se registraron situaciones menores que invitan a la reflexión.
El gobierno entrante ya tuvo que recurrir a la Justicia para denunciar el faltante del libro de inventario, el documento en el que tiene que estar asentado todo el patrimonio de la Municipalidad.
A fines de la semana pasada, nuevamente resultó necesaria una presentación judicial porque la intendenta Graciela Rosso descubrió que en un despacho de acceso restringido, lindante con su oficina, alguien ingresó para sacar, robar o esconder viejos documentos de la administración municipal.
Todo parece indicar que en Luján se quedaron desocupadas muchas personas que sólo saben trabajar dentro de la política y que tenían puestos asegurados por sus años de militancia. Si esa gente se queda sin el paraguas de la Municipalidad, no saben bien qué hacer con su tiempo. En todo caso, querrán ocuparlo en pensar en el regreso y en volver a “gestionar”, lo único para lo que estarían capacitados.
Aquellos que por su capacidad, su conocimiento, su trabajo, su dedicación, quedan dentro de la flamante estructura, difícilmente cambien de actitud. Seguirán siendo trabajadores, capaces, responsables, más allá de un cambio de mando en el timón.
El problema que, de manera urgente, se tiene que salir a atenuar cuando se ingresa a un sitio de gobierno lo suele generar la mano de obra desocupada. Desocupada porque formaba parte de la estructura netamente política, es decir aquella que cada titular del Ejecutivo elige a dedo, o desocupada porque ingresó a la administración con más argumentos que hablan de contactos, amistades o recomendaciones, que por sus habilidades laborales.
Tampoco debería generar mayor preocupación para una administración entrante el personal político o de carrera que se queda sin un puesto de trabajo, pero tiene amplios conocimientos técnicos o de oficios. Sin duda, esos recursos humanos se esperan con ansiedad en el ámbito privado.
Distinto es el panorama cuando las urnas deciden un cambio en el mando ejecutivo, un nuevo equipo de gestión desembarca en un distrito, comuna, provincia (siga eligiendo el ejemplo que más le sirva), y las que quedan desplazadas son personas que sólo saben trabajar de políticos, en la política o para la política.
De hecho, en estos casos hasta resulta difícil definir específicamente qué es lo que saben hacer esas personas. En particular, cuando en su currículo sólo aparece “la militancia”. En ese caso, ¿qué es lo que sabe hacer bien ese político? ¿Gestionar? ¿O esa es tarea de un gestor? Un carpintero sabe trabajar la madera, un abogado tiene manejo de las leyes, un contador de los números. ¿Un político de años de militancia?
Cuando esto último sucede y los desplazados se encuadran en esta última definición, el gobierno entrante tendrá siempre, desde el mismo día en que ganó las elecciones, un frente de conflicto latente.
¿Luján puede enmarcarse en esta última descripción? Por el momento, sólo se registraron situaciones menores que invitan a la reflexión.
El gobierno entrante ya tuvo que recurrir a la Justicia para denunciar el faltante del libro de inventario, el documento en el que tiene que estar asentado todo el patrimonio de la Municipalidad.
A fines de la semana pasada, nuevamente resultó necesaria una presentación judicial porque la intendenta Graciela Rosso descubrió que en un despacho de acceso restringido, lindante con su oficina, alguien ingresó para sacar, robar o esconder viejos documentos de la administración municipal.
Todo parece indicar que en Luján se quedaron desocupadas muchas personas que sólo saben trabajar dentro de la política y que tenían puestos asegurados por sus años de militancia. Si esa gente se queda sin el paraguas de la Municipalidad, no saben bien qué hacer con su tiempo. En todo caso, querrán ocuparlo en pensar en el regreso y en volver a “gestionar”, lo único para lo que estarían capacitados.
martes, 22 de enero de 2008
Escenario de un disputa sindical
Camioneros y Comerciantes eligieron a Luján como escenario de una guerra que tiene varias batallas. La obstrucción para que un corralón no pueda abrir sus puertas, es apenas la punta del iceberg que se esconde en la disputa gremial. Los medios de prensa nacional aseguran que detrás de la pelea local se encuentra el botín: el manejo de la Confederación General del Trabajo, hoy aliada a las políticas gubernamentales.
Circunscribir el problema al futuro comercial de la firma “MJ Materiales” estaría dejando fuera del análisis muchos otros puntos que forman parte de la discusión. En Luján hacen apenas una demostración de fuerza, para saber quiénes son más pesados a la hora de reclamar o conseguir reivindicaciones. Los empleados del corralón o del comercio que sea, son meros peones en el tablero de ajedrez.
También es cierto, como se dijo esta semana desde el gobierno municipal, que en Luján tanto los Camioneros como Comerciantes erraron el método de reclamo.
En principio, Comerciantes llega tarde a apagar el incendio. ¿Por qué recién ahora se muestra tan preocupado por la situación de los trabajadores del corralón? ¿Estaban esos trabajadores bajo todas las condiciones laborales exigidas por ley?
Y el miércoles, en el marco de un paro y movilización, también se confundió la metodología. La adhesión a la medida fue importante, pero cayó en una contradicción. Gran cantidad de comercios -en especial del microcentro- permanecieron con sus persianas cerradas hasta la tarde, más por miedo a recibir represalias por no adherir a la medida, que en claro apoyo solidario con quienes enfrentan el conflicto.
Paradójicamente, en la marcha del miércoles se entregó a la intendenta Graciela Rosso un petitorio para que desde el Estado se asegure la tranquilidad y la erradicación de los aprietes en los sitios de trabajo.
Camioneros, en tanto, demostrando que cae a defender una causa en un terreno que no conoce, le faltó el respeto a decenas de frentistas con sus afiches, creyéndose dueños de todas las paredes de la ciudad.
Comerciantes y Camineros eligieron a Luján como escenario de una batalla, sin que se vislumbren grandes beneficios ni para los camioneros locales ni para los empleados de comercio. Existe una ley, y su cumplimiento debería ser lo único a discutir.
Si en el marco de la disputa este corralón cierra sus puertas, ¿quiénes serán los auténticos perjudicados? ¿Sus dueños? ¿Los gremialitos? Luján tiene ejemplos históricos en los que grandes fuentes de trabajo cierran sus puertas, sus propietarios siguen con su vida habitual sin mayores sobresaltos y varias decenas de empleados se quedan esperando que algún día les paguen lo que corresponde, además de caer sobre sus espaldas la desesperación de la falta de trabajo.
Si el corralón de la discordia cierra, ¿Hugo Moyano y Armando Cavalieri volverán a Luján a darles una solución a sus defendidos?
Circunscribir el problema al futuro comercial de la firma “MJ Materiales” estaría dejando fuera del análisis muchos otros puntos que forman parte de la discusión. En Luján hacen apenas una demostración de fuerza, para saber quiénes son más pesados a la hora de reclamar o conseguir reivindicaciones. Los empleados del corralón o del comercio que sea, son meros peones en el tablero de ajedrez.
También es cierto, como se dijo esta semana desde el gobierno municipal, que en Luján tanto los Camioneros como Comerciantes erraron el método de reclamo.
En principio, Comerciantes llega tarde a apagar el incendio. ¿Por qué recién ahora se muestra tan preocupado por la situación de los trabajadores del corralón? ¿Estaban esos trabajadores bajo todas las condiciones laborales exigidas por ley?
Y el miércoles, en el marco de un paro y movilización, también se confundió la metodología. La adhesión a la medida fue importante, pero cayó en una contradicción. Gran cantidad de comercios -en especial del microcentro- permanecieron con sus persianas cerradas hasta la tarde, más por miedo a recibir represalias por no adherir a la medida, que en claro apoyo solidario con quienes enfrentan el conflicto.
Paradójicamente, en la marcha del miércoles se entregó a la intendenta Graciela Rosso un petitorio para que desde el Estado se asegure la tranquilidad y la erradicación de los aprietes en los sitios de trabajo.
Camioneros, en tanto, demostrando que cae a defender una causa en un terreno que no conoce, le faltó el respeto a decenas de frentistas con sus afiches, creyéndose dueños de todas las paredes de la ciudad.
Comerciantes y Camineros eligieron a Luján como escenario de una batalla, sin que se vislumbren grandes beneficios ni para los camioneros locales ni para los empleados de comercio. Existe una ley, y su cumplimiento debería ser lo único a discutir.
Si en el marco de la disputa este corralón cierra sus puertas, ¿quiénes serán los auténticos perjudicados? ¿Sus dueños? ¿Los gremialitos? Luján tiene ejemplos históricos en los que grandes fuentes de trabajo cierran sus puertas, sus propietarios siguen con su vida habitual sin mayores sobresaltos y varias decenas de empleados se quedan esperando que algún día les paguen lo que corresponde, además de caer sobre sus espaldas la desesperación de la falta de trabajo.
Si el corralón de la discordia cierra, ¿Hugo Moyano y Armando Cavalieri volverán a Luján a darles una solución a sus defendidos?
Los intocables de la ribera
El anterior intendente se acalambró la mandíbula pregonando que Luján es el lugar donde se cruzan los caminos de la fe y la historia. Sin embargo, sus expresiones enfáticas no tuvieron, en más de diez años de gestión continuada, un correlato que permita aceptar o creer en su fanatismo por la ciudad y por la difusión y explotación de sus recursos.
Si Luján es el cruce de la fe y la historia y eso mueve a millones de turistas cada año, no se entiende cómo se pudo permitir un abandono de la magnitud que se muestra en la parte más neurálgica de la zona turística.
Un simple recorrido periodístico demostró que pensar en el embellecimiento de la zona es, por el momento, utópico. Se necesita tiempo y dinero para conseguir que los edificios, las máquinas de esparcimiento y los muebles tengan un aspecto cuanto menos digno.
Los locales estatales entregados por la Municipalidad de Luján a diferentes empresarios o comerciantes, exponen una notable falta de mantenimiento. Su aspecto evidencia que si se despinta, se rompe o se pierde algún elemento, se gasta el peso justo para volver a abrir el fin de semana siguiente. Y nada más que eso.
Por eso se pueden observar unidades cerradas, otras en las que se venden presuntas artesanías o servicio de adivinadores, y arreglos grotescos como los que se pueden constatar en los baños ubicados frente al muelle del catamarán o debajo del edificio La Cúpula.
Quizás como arrastre de la crisis, también se desdibujaron los límites de los productos y servicios que se pueden ofrecer. Hubo años en los que los permisos se hicieron laxos. Hoy, como herencia de esos tiempos, todo parece enmarcarse dentro de artesanía.
De allí que en el propio edificio municipal de La Cúpula, donde trabajan los responsables del turismo local, los fines de semana abre una feria que en su mayoría se dedica a la reventa de productos que se consiguen a muy buen precio en La Salada o en los locales mayoristas de Once.
Que un vendedor tire un paño sobre la vereda y se ponga a vender en la zona turística, y lo levante cuando un inspector se lo pide, es una escena habitual en casi todos los destinos turísticos. Es muy distinto a la falta total de límites, de reglas claras y de permisos o concesiones con cláusulas que exijan mejoras, que detallen a cambio de qué se recibe y se explota tal o cual inmueble.
La anterior gestión dedicó doce años a perfeccionar sus excusas y no tocar los intereses establecidos en toda la zona turística. Trabajó en la elaboración de un plan turístico, lo publicó, lo presentó en distintos ámbitos y hasta recibió felicitaciones por esa tarea. También diseñó una maquiavélica idea de ceder por casi un siglo toda la zona a una sociedad anónima, dibujando la estrategia detrás de la “participación mayoritaria del Estado”.
En la práctica, no sólo no tocó lo establecido. Si un baño se rompía, se permitía que se coloque una manguera; si otro baño se inundaba, se lo dejaba escurrir; si un comercio cerraba su persiana, se lo mantenía en esas condiciones. Y mientras tanto se otorgaban permisos precarios para que nadie cercano o conocido de la gestión se quede sin su kiosquito turístico.
Hoy, un simple recorrido expone las consecuencias de esa desidia o, mejor dicho, de esa práctica orquestada desde el Estado. Con excepción de lo recientemente remodelado, lo que ofrecemos a los miles de turistas que llegan a Luján cada fin de semana es vergonzoso. Urge que se exija inversión a los actuales explotadores, al menos hasta que las condiciones de explotación vuelvan a ser claras, transparentes y beneficiosas para todos: para los privados, para el Estado y en especial para las visitas.
Si Luján es el cruce de la fe y la historia y eso mueve a millones de turistas cada año, no se entiende cómo se pudo permitir un abandono de la magnitud que se muestra en la parte más neurálgica de la zona turística.
Un simple recorrido periodístico demostró que pensar en el embellecimiento de la zona es, por el momento, utópico. Se necesita tiempo y dinero para conseguir que los edificios, las máquinas de esparcimiento y los muebles tengan un aspecto cuanto menos digno.
Los locales estatales entregados por la Municipalidad de Luján a diferentes empresarios o comerciantes, exponen una notable falta de mantenimiento. Su aspecto evidencia que si se despinta, se rompe o se pierde algún elemento, se gasta el peso justo para volver a abrir el fin de semana siguiente. Y nada más que eso.
Por eso se pueden observar unidades cerradas, otras en las que se venden presuntas artesanías o servicio de adivinadores, y arreglos grotescos como los que se pueden constatar en los baños ubicados frente al muelle del catamarán o debajo del edificio La Cúpula.
Quizás como arrastre de la crisis, también se desdibujaron los límites de los productos y servicios que se pueden ofrecer. Hubo años en los que los permisos se hicieron laxos. Hoy, como herencia de esos tiempos, todo parece enmarcarse dentro de artesanía.
De allí que en el propio edificio municipal de La Cúpula, donde trabajan los responsables del turismo local, los fines de semana abre una feria que en su mayoría se dedica a la reventa de productos que se consiguen a muy buen precio en La Salada o en los locales mayoristas de Once.
Que un vendedor tire un paño sobre la vereda y se ponga a vender en la zona turística, y lo levante cuando un inspector se lo pide, es una escena habitual en casi todos los destinos turísticos. Es muy distinto a la falta total de límites, de reglas claras y de permisos o concesiones con cláusulas que exijan mejoras, que detallen a cambio de qué se recibe y se explota tal o cual inmueble.
La anterior gestión dedicó doce años a perfeccionar sus excusas y no tocar los intereses establecidos en toda la zona turística. Trabajó en la elaboración de un plan turístico, lo publicó, lo presentó en distintos ámbitos y hasta recibió felicitaciones por esa tarea. También diseñó una maquiavélica idea de ceder por casi un siglo toda la zona a una sociedad anónima, dibujando la estrategia detrás de la “participación mayoritaria del Estado”.
En la práctica, no sólo no tocó lo establecido. Si un baño se rompía, se permitía que se coloque una manguera; si otro baño se inundaba, se lo dejaba escurrir; si un comercio cerraba su persiana, se lo mantenía en esas condiciones. Y mientras tanto se otorgaban permisos precarios para que nadie cercano o conocido de la gestión se quede sin su kiosquito turístico.
Hoy, un simple recorrido expone las consecuencias de esa desidia o, mejor dicho, de esa práctica orquestada desde el Estado. Con excepción de lo recientemente remodelado, lo que ofrecemos a los miles de turistas que llegan a Luján cada fin de semana es vergonzoso. Urge que se exija inversión a los actuales explotadores, al menos hasta que las condiciones de explotación vuelvan a ser claras, transparentes y beneficiosas para todos: para los privados, para el Estado y en especial para las visitas.
martes, 15 de enero de 2008
Vaivenes del primer mes
Se cumple un mes de la asunción de la doctora Graciela Zulema Rosso al frente del Departamento Ejecutivo municipal. Un mes en el pleno ejercicio del poder y signado, inevitablemente, por el trabajo para entender, ordenar y salir a marcar su impronta a partir de la pesada herencia que dejaron 12 años de administración de Miguel Ángel Prince.
En perspectiva, evaluar a una gestión que tiene cuatro años por delante por lo realizado en cuatro semanas de tarea, es recortado y se estaría pecando de injusto. Con todo, lo que sí es materia de análisis es el modo en que se dieron los primeros pasos y las direcciones o los rumbos que esos pasos parecen marcar.
De allí surge la idea de incluir en el título del editorial la palabra “vaivenes”. La jefa comunal, con un estilo propio -ni bueno, ni malo, sino propio- tomó una serie de medidas que merecen observación.
En principio, corresponde saludar como adecuada la decisión de decretar la emergencia económica. De esa acción drástica se desprende un trabajo de ordenamiento y revisión profunda de los números municipales, de modo de sanear un rojo millonario. Y además se descomprime la voracidad de todos los que están atentos, para caer como aves de rapiña, sobre negocios, acuerdos, permisos y recursos que puede otorgar el gobierno de turno.
La medida no tendría flancos para la crítica si, tal como se prometió, se cubren absolutamente todos los gastos esenciales.
En un plano menos nítido se inscribe la decisión de decretar la feria administrativa para todo enero. Con ella el gobierno cree que puede ordenar la compleja trama del personal municipal y tener tiempo para revisar documentación interna, sin que ingresen nuevas carpetas ansiosas de respuestas o soluciones.
Igual de entendible es la acción que hoy se describe en la página 4 de este medio: revisar los últimos concursos de personal, teñidos de sospechas.
Por el contrario, hay medidas que se deben ubicar en una columna negativa. No se puede demorar un mes de gestión en presentar al equipo de profesionales que acompañarán en el gabinete. Es más, aún faltan nombramientos.
Si Rosso acertó o erró en cada uno de los flamantes funcionarios, será materia de opinión luego de que cada área se ponga efectivamente en marcha. El abanico ideológico, de formación o de razones para su selección que forman los elegidos, abre interrogantes sobre el futuro (tal como se indicó en editoriales anteriores). Todavía el interrogante está abierto.
Lo que menos se entendió o, en todo caso, deja un fuerte sabor amargo en el primer mes de gestión, fue la intervención de la jefa comunal en temas, instituciones y decisiones que no le corresponden.
¿Por qué Rosso tuvo una fuerte influencia en el alejamiento de Vaccaro en la gerencia del Pami o empujó la designación de Pereita? (ver Pág. 11). ¿Por qué gastó esfuerzos para lograr el desplazamiento del capitán Oberti de la Comisaría Luján Primera y habría sugerido la continuidad de Santillán en la Jefatura Distrital?
Es de esperar que los meses por venir dejen de evidenciar vaivenes en las acciones de gobierno y, con transparencia, se pueda entender que cada una de las acciones tiene por objetivo el mejoramiento de la calidad de vida de los lujanenses. Sin segundas intenciones.
En perspectiva, evaluar a una gestión que tiene cuatro años por delante por lo realizado en cuatro semanas de tarea, es recortado y se estaría pecando de injusto. Con todo, lo que sí es materia de análisis es el modo en que se dieron los primeros pasos y las direcciones o los rumbos que esos pasos parecen marcar.
De allí surge la idea de incluir en el título del editorial la palabra “vaivenes”. La jefa comunal, con un estilo propio -ni bueno, ni malo, sino propio- tomó una serie de medidas que merecen observación.
En principio, corresponde saludar como adecuada la decisión de decretar la emergencia económica. De esa acción drástica se desprende un trabajo de ordenamiento y revisión profunda de los números municipales, de modo de sanear un rojo millonario. Y además se descomprime la voracidad de todos los que están atentos, para caer como aves de rapiña, sobre negocios, acuerdos, permisos y recursos que puede otorgar el gobierno de turno.
La medida no tendría flancos para la crítica si, tal como se prometió, se cubren absolutamente todos los gastos esenciales.
En un plano menos nítido se inscribe la decisión de decretar la feria administrativa para todo enero. Con ella el gobierno cree que puede ordenar la compleja trama del personal municipal y tener tiempo para revisar documentación interna, sin que ingresen nuevas carpetas ansiosas de respuestas o soluciones.
Igual de entendible es la acción que hoy se describe en la página 4 de este medio: revisar los últimos concursos de personal, teñidos de sospechas.
Por el contrario, hay medidas que se deben ubicar en una columna negativa. No se puede demorar un mes de gestión en presentar al equipo de profesionales que acompañarán en el gabinete. Es más, aún faltan nombramientos.
Si Rosso acertó o erró en cada uno de los flamantes funcionarios, será materia de opinión luego de que cada área se ponga efectivamente en marcha. El abanico ideológico, de formación o de razones para su selección que forman los elegidos, abre interrogantes sobre el futuro (tal como se indicó en editoriales anteriores). Todavía el interrogante está abierto.
Lo que menos se entendió o, en todo caso, deja un fuerte sabor amargo en el primer mes de gestión, fue la intervención de la jefa comunal en temas, instituciones y decisiones que no le corresponden.
¿Por qué Rosso tuvo una fuerte influencia en el alejamiento de Vaccaro en la gerencia del Pami o empujó la designación de Pereita? (ver Pág. 11). ¿Por qué gastó esfuerzos para lograr el desplazamiento del capitán Oberti de la Comisaría Luján Primera y habría sugerido la continuidad de Santillán en la Jefatura Distrital?
Es de esperar que los meses por venir dejen de evidenciar vaivenes en las acciones de gobierno y, con transparencia, se pueda entender que cada una de las acciones tiene por objetivo el mejoramiento de la calidad de vida de los lujanenses. Sin segundas intenciones.
jueves, 10 de enero de 2008
Hay cosas que no cambian
Desembarcaron en el gobierno hace prácticamente un mes porque muchos ciudadanos, en efecto, la mayoría, los eligió para encarnar un cambio. Estaban cansados de la vieja política y pedían nuevos aires en la gestión municipal.
Por supuesto, con tan poco tiempo transcurrido, el crédito para la gestión sigue intacto. Los que confiaron en la figura de Rosso para escribir una historia diferente en la Municipalidad, siguen pensando que su decisión fue acertada.
Por su parte, la oposición también se encuentra en esa pasividad que le otorgan al arranque de una tarea, después de heredar 12 años de malas prácticas y abundante descontrol.
Sin embargo, hay acciones y decisiones que comienzan a acotar el margen para la sorpresa o que, en realidad, confirman que hay maneras de gestionar que no se modifican a pesar de que las nuevas autoridades lleguen con el discurso del cambio radical.
En la Casa Municipal, mucho antes de que la noticia ganara la calle, se sabía que el capitán Marcelo Oberti dejaba de ser el titular de la Comisaría Luján Primera y que el inspector Hugo Santillán sería confirmado en el cargo de jefe Distrital. Quienes tenían la información de primera mano eran los colaboradores de la intendenta Graciela Rosso.
Con el correr de los días se supo que Rosso fue la que pidió el desplazamiento de Oberti y que las autoridades provinciales accedieron gentilmente. ¿Las razones? Una discusión con la jefa comunal. Oberti no se aleja de la Comisaría porque esté en desacuerdo con las políticas de seguridad de la intendenta porque, en realidad, no hay políticas de seguridad en marcha emanadas desde el gobierno municipal.
Se criticó al entonces intendente Miguel Prince por su intromisión en el desplazamiento de Luis Correale como jefe distrital, pero meses después se cae en la misma práctica.
También hubo participación directa de la intendenta Rosso en la designación del nuevo gerente de la sucursal XXXII del Pami.
Todo indica que Rosso no tenía el mejor trato con Ángel Vaccaro y movió los hilos necesarios para que su sillón lo ocupe Carlos Pereita, ex asesor de la intendenta en el Congreso. Malas prácticas que se repiten. Parece molestar la independencia de poderes o de las propias instituciones.
Es dable señalar que tampoco se inscribe en lo que puede definirse como “nueva política” la designación de funcionarios que, en su mayoría, no llegan a la gestión con gruesas carpetas de curriculums bajo el brazo.
Tres lugares en el gabinete se reservaron para parientes directos de las autoridades máximas. Otra importante porción del Departamento Ejecutivo estará en manos de funcionarios que no brillaron cuando pasaron por la gestión municipal; gestión que -cabe aclarar- era comandada por Prince.
También hay confirmaciones de funcionarios que, lejos de aquella promesa de cambiar todo lo heredado, esbozan lo contrario. Y no faltan tampoco las designaciones “por compromisos contraídos con anterioridad”. Ayudar en la campaña o tener años de militancia sigue pesando más que cualquier otro diploma.
Seguramente Rosso está convencida de que los nombres que eligió para su gabinete; el cambio de comisario, y el nombramiento de una persona de su confianza en el Pami, le asegurarán una buena gestión. Tal vez no se equivoque, pero el diagnóstico inicial es contrario a esa voluntad. Y dista mucho de ser la nueva política.
Por supuesto, con tan poco tiempo transcurrido, el crédito para la gestión sigue intacto. Los que confiaron en la figura de Rosso para escribir una historia diferente en la Municipalidad, siguen pensando que su decisión fue acertada.
Por su parte, la oposición también se encuentra en esa pasividad que le otorgan al arranque de una tarea, después de heredar 12 años de malas prácticas y abundante descontrol.
Sin embargo, hay acciones y decisiones que comienzan a acotar el margen para la sorpresa o que, en realidad, confirman que hay maneras de gestionar que no se modifican a pesar de que las nuevas autoridades lleguen con el discurso del cambio radical.
En la Casa Municipal, mucho antes de que la noticia ganara la calle, se sabía que el capitán Marcelo Oberti dejaba de ser el titular de la Comisaría Luján Primera y que el inspector Hugo Santillán sería confirmado en el cargo de jefe Distrital. Quienes tenían la información de primera mano eran los colaboradores de la intendenta Graciela Rosso.
Con el correr de los días se supo que Rosso fue la que pidió el desplazamiento de Oberti y que las autoridades provinciales accedieron gentilmente. ¿Las razones? Una discusión con la jefa comunal. Oberti no se aleja de la Comisaría porque esté en desacuerdo con las políticas de seguridad de la intendenta porque, en realidad, no hay políticas de seguridad en marcha emanadas desde el gobierno municipal.
Se criticó al entonces intendente Miguel Prince por su intromisión en el desplazamiento de Luis Correale como jefe distrital, pero meses después se cae en la misma práctica.
También hubo participación directa de la intendenta Rosso en la designación del nuevo gerente de la sucursal XXXII del Pami.
Todo indica que Rosso no tenía el mejor trato con Ángel Vaccaro y movió los hilos necesarios para que su sillón lo ocupe Carlos Pereita, ex asesor de la intendenta en el Congreso. Malas prácticas que se repiten. Parece molestar la independencia de poderes o de las propias instituciones.
Es dable señalar que tampoco se inscribe en lo que puede definirse como “nueva política” la designación de funcionarios que, en su mayoría, no llegan a la gestión con gruesas carpetas de curriculums bajo el brazo.
Tres lugares en el gabinete se reservaron para parientes directos de las autoridades máximas. Otra importante porción del Departamento Ejecutivo estará en manos de funcionarios que no brillaron cuando pasaron por la gestión municipal; gestión que -cabe aclarar- era comandada por Prince.
También hay confirmaciones de funcionarios que, lejos de aquella promesa de cambiar todo lo heredado, esbozan lo contrario. Y no faltan tampoco las designaciones “por compromisos contraídos con anterioridad”. Ayudar en la campaña o tener años de militancia sigue pesando más que cualquier otro diploma.
Seguramente Rosso está convencida de que los nombres que eligió para su gabinete; el cambio de comisario, y el nombramiento de una persona de su confianza en el Pami, le asegurarán una buena gestión. Tal vez no se equivoque, pero el diagnóstico inicial es contrario a esa voluntad. Y dista mucho de ser la nueva política.
lunes, 7 de enero de 2008
Un freno a prácticas enquistadas
El gobierno salió a romper presuntos pactos preestablecidos o, en todo caso, prácticas que en algún caso no se correspondían con las normativas vigentes o que estaban más emparentadas a los beneficios de tener relación estrecha con el poder, que a los beneficios comunitarios.
Durante los fines de semana que más se esperan en los comercios dedicados al esparcimiento nocturno, el cuerpo de inspectores municipales salió a hacer valer lo establecido por ley. Venta de alcohol a menores, habilitaciones, permisos y factor ocupacional fueron los aspectos que se observaron y que terminaron dejando el tendal.
Las fajas de clausuras se instalaron en puertas que, meses atrás, parecían intocables. Todo un gesto para la opinión pública que tenía instalada en su mente esa idea de que hay empresarios a los que no se les puede hacer mella.
Un periodista de este medio escuchó cuando una persona cercana a los recientes procedimientos nocturnos comentaba en la casa municipal la satisfacción de haber trabajado con tranquilidad y -lo más llamativo- que el día después de secuestrar motos sin sus papeles, labrar actas de infracción en autos o de sancionar a establecimientos nocturnos, “nadie llamó a los inspectores o a sus jefes para pedirles que entregaran tal moto o que no molestaran a tal propietario”. Tácitamente, parecía dejar en claro que eso ocurría en la anterior gestión, aunque hoy resulte incomprobable.
De ser así, el cambio en el modo de trabajar cuando se trata de infraccionar cuestiones que ponen en riesgo la vida de las personas es saludable. Faltará demostrar que además de saludable es duradero, y que con el correr de los meses y los años no aparecerán nuevos “padrinos políticos” que protejan a tal o cual infractor.
En ese contexto de encarar gestiones con estilo diferente, también se inscribe lo que sucedió en los últimos días con las tramitaciones para organizar el festival folklórico “Encuentro de la Fe y la Historia”. El proyecto había nacido con una intención comunitaria que rápidamente se fue transformando en “político dependiente”.
La última comisión de la Asociación Amigos del Festival estaba integrada por gente cercana a la cultura local, pero también por varios ex funcionarios municipales (lo eran hasta el pasado 10 de diciembre). De allí que en muchas ocasiones las rendiciones de cuenta por esos eventos generaran fuertes críticas desde la oposición y poca atención desde el Departamento Ejecutivo.
Lo cierto es que en los últimos días, el gobierno entrante frenó las prácticas habituales y rechazó el pedido de la Asociación para utilizar el espacio público y realizar el festival. Dicen los allegados a la intendenta que la idea es volver a abrir el juego a la “real” participación comunitaria.
En ese camino, sin duda, es muy probable que la música no suba a escena durante 2008. Como se decía más arriba, es de esperar que la suspensión sea para mejorar las condiciones de la organización, para que el municipio deje de correr con los gastos y que “terceros” se apropien de las ganancias. Y que la participación que se pretende lograr no sea un mero cambio de figuras para terminar entregando la responsabilidad de la organización a personas de confianza de la nueva gestión.
Durante los fines de semana que más se esperan en los comercios dedicados al esparcimiento nocturno, el cuerpo de inspectores municipales salió a hacer valer lo establecido por ley. Venta de alcohol a menores, habilitaciones, permisos y factor ocupacional fueron los aspectos que se observaron y que terminaron dejando el tendal.
Las fajas de clausuras se instalaron en puertas que, meses atrás, parecían intocables. Todo un gesto para la opinión pública que tenía instalada en su mente esa idea de que hay empresarios a los que no se les puede hacer mella.
Un periodista de este medio escuchó cuando una persona cercana a los recientes procedimientos nocturnos comentaba en la casa municipal la satisfacción de haber trabajado con tranquilidad y -lo más llamativo- que el día después de secuestrar motos sin sus papeles, labrar actas de infracción en autos o de sancionar a establecimientos nocturnos, “nadie llamó a los inspectores o a sus jefes para pedirles que entregaran tal moto o que no molestaran a tal propietario”. Tácitamente, parecía dejar en claro que eso ocurría en la anterior gestión, aunque hoy resulte incomprobable.
De ser así, el cambio en el modo de trabajar cuando se trata de infraccionar cuestiones que ponen en riesgo la vida de las personas es saludable. Faltará demostrar que además de saludable es duradero, y que con el correr de los meses y los años no aparecerán nuevos “padrinos políticos” que protejan a tal o cual infractor.
En ese contexto de encarar gestiones con estilo diferente, también se inscribe lo que sucedió en los últimos días con las tramitaciones para organizar el festival folklórico “Encuentro de la Fe y la Historia”. El proyecto había nacido con una intención comunitaria que rápidamente se fue transformando en “político dependiente”.
La última comisión de la Asociación Amigos del Festival estaba integrada por gente cercana a la cultura local, pero también por varios ex funcionarios municipales (lo eran hasta el pasado 10 de diciembre). De allí que en muchas ocasiones las rendiciones de cuenta por esos eventos generaran fuertes críticas desde la oposición y poca atención desde el Departamento Ejecutivo.
Lo cierto es que en los últimos días, el gobierno entrante frenó las prácticas habituales y rechazó el pedido de la Asociación para utilizar el espacio público y realizar el festival. Dicen los allegados a la intendenta que la idea es volver a abrir el juego a la “real” participación comunitaria.
En ese camino, sin duda, es muy probable que la música no suba a escena durante 2008. Como se decía más arriba, es de esperar que la suspensión sea para mejorar las condiciones de la organización, para que el municipio deje de correr con los gastos y que “terceros” se apropien de las ganancias. Y que la participación que se pretende lograr no sea un mero cambio de figuras para terminar entregando la responsabilidad de la organización a personas de confianza de la nueva gestión.
miércoles, 2 de enero de 2008
Interrogantes abiertos para 2008
Testigos presenciales aseguran que el matrimonio Kirchner se sentó en la combi después de dar por inaugurados los arreglos en la plaza Belgrano y la restauración de la Basílica. Miraron al entonces intendente Miguel Ángel Prince, que se encontraba en plena campaña electoral -como ellos-, y le preguntaron cómo marchaba su candidatura y si precisaba algo. “No gracias, estamos muy bien”, habría sido la respuesta del ex mandatario local.
Hoy, llorando sobre la leche derramada, un ex funcionario recuerda aquel breve diálogo y mantiene un interrogante abierto: ¿por qué no le pidió a Kirchner que articulara lo necesario para bajar la lista que encabezaba Graciela Rosso? Todavía creen que un llamado oportuno a la persona indicada hubiese dejado a Prince y los suyos el camino libre para una nueva reelección. Tarde para lágrimas.
Los otros interrogantes que se abrieron con el correr de 2007 todavía esperan respuesta. Todavía necesitan una respuesta.
Graciela Rosso y sus socios en la campaña electoral, ¿estaban convencidos que podían ganar? Ligada a esa pregunta, la otra duda es más seria: ¿tenían equipos técnicos y de trabajo para asumir la responsabilidad de gobernar Luján durante los próximos cuatro años? Es enorme el interrogante que se abrió a partir del resultado que arrojaron las urnas el 28 de octubre y que hoy, a dos meses de aquella jornada, sigue sin respuesta.
A diferencia del gobierno nacional, al que tanto miran y halagan las autoridades municipales, en Luján no se asumió con el equipo de gabinete completo.
Con el correr de las semanas se informó sobre el nombramiento de seis secretarios, pero el resto de los funcionarios -al menos en la presentación formal- siguen brillando por su ausencia. Se sabe, por el día a día, que hay directores designados, que otras personas tendrían el cargo de subdirectores y que también se incrementará el plantel de subsecretarios.
Volvemos a los interrogantes. Rosso llegó al gobierno cuestionando, entre otros aspectos de la administración saliente, la cantidad de personal político que ni siquiera se sabía para qué estaba en la administración municipal. Para conformar a los que sólo miran la superficie, dijo que su gobierno “no tendrá coordinadores”. Seguramente cumplirá con esa promesa.
Sin embargo hoy, a dos meses de su triunfo, ¿Rosso puede seguir blandeando ese argumento de superpoblación de funcionarios o la estructura del Departamento Ejecutivo que todavía confecciona es aún más grande que la existente en el gobierno saliente?
En estrecha relación con las reflexiones recién vertidas, también merece un análisis la conformación del equipo de funcionarios que empezó a confeccionar Rosso, en diálogo constante con María Inés Fernández y su esposo, el ex concejal, ahora secretario de Gobierno, Humberto Guibaud.
¿Cuántos de los elegidos responden a la expresión ideológica de Rosso? En términos políticos, ¿cuántos son de su riñón? A riesgo de sonar antipáticos, debemos decir que su equipo de colaboradores lo integran duhaldistas devenidos en kirchneristas, profesionales de renombre en la actividad privada, ex funcionarios de las peores épocas institucionales que recuerda la historia municipal (la última dictadura), princistas desencantados con su viejo líder y personas que llegan a la administración con abultados curriculums personales, pero sin el más mínimo conocimiento sobre los problemas de la ciudad.
Seguramente, el contragolpe a esta opinión puede indicar que Rosso no miró en ideologías y que eligió a las mejores personas y profesionales de cada especialidad para ordenar y mejorar todos los aspectos de la comuna. ¿Habrán sido las mejores opciones? Otra pregunta que se abrió en el corriente año y que espera respuesta. Eso sí, habrá que esperar hasta febrero, porque en enero hay feria administrativa.
Hoy, llorando sobre la leche derramada, un ex funcionario recuerda aquel breve diálogo y mantiene un interrogante abierto: ¿por qué no le pidió a Kirchner que articulara lo necesario para bajar la lista que encabezaba Graciela Rosso? Todavía creen que un llamado oportuno a la persona indicada hubiese dejado a Prince y los suyos el camino libre para una nueva reelección. Tarde para lágrimas.
Los otros interrogantes que se abrieron con el correr de 2007 todavía esperan respuesta. Todavía necesitan una respuesta.
Graciela Rosso y sus socios en la campaña electoral, ¿estaban convencidos que podían ganar? Ligada a esa pregunta, la otra duda es más seria: ¿tenían equipos técnicos y de trabajo para asumir la responsabilidad de gobernar Luján durante los próximos cuatro años? Es enorme el interrogante que se abrió a partir del resultado que arrojaron las urnas el 28 de octubre y que hoy, a dos meses de aquella jornada, sigue sin respuesta.
A diferencia del gobierno nacional, al que tanto miran y halagan las autoridades municipales, en Luján no se asumió con el equipo de gabinete completo.
Con el correr de las semanas se informó sobre el nombramiento de seis secretarios, pero el resto de los funcionarios -al menos en la presentación formal- siguen brillando por su ausencia. Se sabe, por el día a día, que hay directores designados, que otras personas tendrían el cargo de subdirectores y que también se incrementará el plantel de subsecretarios.
Volvemos a los interrogantes. Rosso llegó al gobierno cuestionando, entre otros aspectos de la administración saliente, la cantidad de personal político que ni siquiera se sabía para qué estaba en la administración municipal. Para conformar a los que sólo miran la superficie, dijo que su gobierno “no tendrá coordinadores”. Seguramente cumplirá con esa promesa.
Sin embargo hoy, a dos meses de su triunfo, ¿Rosso puede seguir blandeando ese argumento de superpoblación de funcionarios o la estructura del Departamento Ejecutivo que todavía confecciona es aún más grande que la existente en el gobierno saliente?
En estrecha relación con las reflexiones recién vertidas, también merece un análisis la conformación del equipo de funcionarios que empezó a confeccionar Rosso, en diálogo constante con María Inés Fernández y su esposo, el ex concejal, ahora secretario de Gobierno, Humberto Guibaud.
¿Cuántos de los elegidos responden a la expresión ideológica de Rosso? En términos políticos, ¿cuántos son de su riñón? A riesgo de sonar antipáticos, debemos decir que su equipo de colaboradores lo integran duhaldistas devenidos en kirchneristas, profesionales de renombre en la actividad privada, ex funcionarios de las peores épocas institucionales que recuerda la historia municipal (la última dictadura), princistas desencantados con su viejo líder y personas que llegan a la administración con abultados curriculums personales, pero sin el más mínimo conocimiento sobre los problemas de la ciudad.
Seguramente, el contragolpe a esta opinión puede indicar que Rosso no miró en ideologías y que eligió a las mejores personas y profesionales de cada especialidad para ordenar y mejorar todos los aspectos de la comuna. ¿Habrán sido las mejores opciones? Otra pregunta que se abrió en el corriente año y que espera respuesta. Eso sí, habrá que esperar hasta febrero, porque en enero hay feria administrativa.
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