El clima político local, con su inevitable contagio en ciertos sectores de la sociedad, no es el ideal. No reina la calma. Y una descripción de lo que sucede en Luján -transmitido en diferentes notas publicadas por este medio- tal vez encuentra coincidencias con lo que ocurre en otros distritos en los que las urnas le dieron un corte definitivo a varios años de una misma administración.
Fue el propio gobierno municipal encabezado por la doctora Graciela Rosso el que rubricó la seriedad de lo que sucede en nuestro partido.
Allá lejos, en octubre pasado, los primeros indicios de que el camino no sería sencillo: actas de las elecciones con horrores que dan a un ganador erróneo y que fueron avaladas y publicadas por autoridades provinciales. Jamás se dio a conocer una desmentida; por el contrario, Florencio Randazzo (responsable máximo de aquella página web que generó zozobra en los lujanenses) saltó de una función provincial a una nacional.
Corrieron las semanas y los hechos siguieron apareciendo. Hace unos diez días, cuando los nuevos funcionarios se sentaban en los sillones que quedaron vacíos por el recambio de autoridades, desde el Departamento Ejecutivo se denunció en la Justicia que en ninguna de las oficinas municipales aparecía el libro de inventario. No se trata de un elemento más. El que sigue sin aparecer es el documento en el que deberían estar registradas todas las pertenencias de la Municipalidad de Luján.
Dicho de otro modo, sin ese libro se complica saber qué había antes del 10 de diciembre, qué quedó o -sin ánimo de ser malpensados- qué se pudieron haber llevado los invitados a retirarse por el voto de la gente.
Durante este fin de semana, el clima continuó enrareciéndose. Entre la mañana del sábado y la mañana del lunes pasado, alguien entró a uno de los despachos de la Intendencia, revolvió papeles y carpetas y sustrajo algunos de esos documentos públicos. No tocó la caja fuerte de esa dependencia, dejando en claro que no se trató de un robo. Tal como se cuenta el hecho en este editorial, consta en la denuncia judicial realizada por las autoridades comunales y en el sumario interno que se abrió para saber qué fue lo que sucedió y quiénes pecaron por acción u omisión.
El escenario de suspenso se terminó de armar con la aparición, esta semana, de afiches que sólo los autores y los receptores del mensaje alcanzarían a entender en toda su magnitud. La foto de Graciela Rosso, de Isabel Perón y de Raúl Guglielminetti, con la frase “Roma no paga a traidores” y la firma de “La Cámpora”.
En lugar de adoptar la más saludable actitud ante mensajes anónimos -porque “La Cámpora” se encargó de desmentir la autoría del panfleto- e ignorar la bravuconada, la propia intendenta salió a definir a esos papeles como “un mensaje mafioso” que le endilgó a “delincuentes” a los que “les estamos cambiando su relación con el poder, con el dinero, con los negocios”.
En parte por seriedad, pero también por tranquilidad para todos los ciudadanos, es necesario que el gobierno entrante no abandone las causas judiciales que decidió iniciar. Es necesario que busque a los responsables de la desaparición del libro de inventario y que esa sustracción no pase al olvido. Es necesario también que investigue quién o quiénes ingresaron a su despacho, qué se llevaron y con qué fin. Y también que se identifique a los “delincuentes” que utilizan la vía pública para difundir sus mensajes. Porque si realmente se trata de delincuentes, su lugar en la sociedad no es la libertad de las calles sino la cárcel.
lunes, 28 de enero de 2008
viernes, 25 de enero de 2008
Los desocupados de la política
El problema principal para cualquier gestión de gobierno entrante -la de Luján o la que usted prefiera elegir para realizar un análisis de situación- no se encuentra específicamente en el interior de la administración, sino en el exterior.
Aquellos que por su capacidad, su conocimiento, su trabajo, su dedicación, quedan dentro de la flamante estructura, difícilmente cambien de actitud. Seguirán siendo trabajadores, capaces, responsables, más allá de un cambio de mando en el timón.
El problema que, de manera urgente, se tiene que salir a atenuar cuando se ingresa a un sitio de gobierno lo suele generar la mano de obra desocupada. Desocupada porque formaba parte de la estructura netamente política, es decir aquella que cada titular del Ejecutivo elige a dedo, o desocupada porque ingresó a la administración con más argumentos que hablan de contactos, amistades o recomendaciones, que por sus habilidades laborales.
Tampoco debería generar mayor preocupación para una administración entrante el personal político o de carrera que se queda sin un puesto de trabajo, pero tiene amplios conocimientos técnicos o de oficios. Sin duda, esos recursos humanos se esperan con ansiedad en el ámbito privado.
Distinto es el panorama cuando las urnas deciden un cambio en el mando ejecutivo, un nuevo equipo de gestión desembarca en un distrito, comuna, provincia (siga eligiendo el ejemplo que más le sirva), y las que quedan desplazadas son personas que sólo saben trabajar de políticos, en la política o para la política.
De hecho, en estos casos hasta resulta difícil definir específicamente qué es lo que saben hacer esas personas. En particular, cuando en su currículo sólo aparece “la militancia”. En ese caso, ¿qué es lo que sabe hacer bien ese político? ¿Gestionar? ¿O esa es tarea de un gestor? Un carpintero sabe trabajar la madera, un abogado tiene manejo de las leyes, un contador de los números. ¿Un político de años de militancia?
Cuando esto último sucede y los desplazados se encuadran en esta última definición, el gobierno entrante tendrá siempre, desde el mismo día en que ganó las elecciones, un frente de conflicto latente.
¿Luján puede enmarcarse en esta última descripción? Por el momento, sólo se registraron situaciones menores que invitan a la reflexión.
El gobierno entrante ya tuvo que recurrir a la Justicia para denunciar el faltante del libro de inventario, el documento en el que tiene que estar asentado todo el patrimonio de la Municipalidad.
A fines de la semana pasada, nuevamente resultó necesaria una presentación judicial porque la intendenta Graciela Rosso descubrió que en un despacho de acceso restringido, lindante con su oficina, alguien ingresó para sacar, robar o esconder viejos documentos de la administración municipal.
Todo parece indicar que en Luján se quedaron desocupadas muchas personas que sólo saben trabajar dentro de la política y que tenían puestos asegurados por sus años de militancia. Si esa gente se queda sin el paraguas de la Municipalidad, no saben bien qué hacer con su tiempo. En todo caso, querrán ocuparlo en pensar en el regreso y en volver a “gestionar”, lo único para lo que estarían capacitados.
Aquellos que por su capacidad, su conocimiento, su trabajo, su dedicación, quedan dentro de la flamante estructura, difícilmente cambien de actitud. Seguirán siendo trabajadores, capaces, responsables, más allá de un cambio de mando en el timón.
El problema que, de manera urgente, se tiene que salir a atenuar cuando se ingresa a un sitio de gobierno lo suele generar la mano de obra desocupada. Desocupada porque formaba parte de la estructura netamente política, es decir aquella que cada titular del Ejecutivo elige a dedo, o desocupada porque ingresó a la administración con más argumentos que hablan de contactos, amistades o recomendaciones, que por sus habilidades laborales.
Tampoco debería generar mayor preocupación para una administración entrante el personal político o de carrera que se queda sin un puesto de trabajo, pero tiene amplios conocimientos técnicos o de oficios. Sin duda, esos recursos humanos se esperan con ansiedad en el ámbito privado.
Distinto es el panorama cuando las urnas deciden un cambio en el mando ejecutivo, un nuevo equipo de gestión desembarca en un distrito, comuna, provincia (siga eligiendo el ejemplo que más le sirva), y las que quedan desplazadas son personas que sólo saben trabajar de políticos, en la política o para la política.
De hecho, en estos casos hasta resulta difícil definir específicamente qué es lo que saben hacer esas personas. En particular, cuando en su currículo sólo aparece “la militancia”. En ese caso, ¿qué es lo que sabe hacer bien ese político? ¿Gestionar? ¿O esa es tarea de un gestor? Un carpintero sabe trabajar la madera, un abogado tiene manejo de las leyes, un contador de los números. ¿Un político de años de militancia?
Cuando esto último sucede y los desplazados se encuadran en esta última definición, el gobierno entrante tendrá siempre, desde el mismo día en que ganó las elecciones, un frente de conflicto latente.
¿Luján puede enmarcarse en esta última descripción? Por el momento, sólo se registraron situaciones menores que invitan a la reflexión.
El gobierno entrante ya tuvo que recurrir a la Justicia para denunciar el faltante del libro de inventario, el documento en el que tiene que estar asentado todo el patrimonio de la Municipalidad.
A fines de la semana pasada, nuevamente resultó necesaria una presentación judicial porque la intendenta Graciela Rosso descubrió que en un despacho de acceso restringido, lindante con su oficina, alguien ingresó para sacar, robar o esconder viejos documentos de la administración municipal.
Todo parece indicar que en Luján se quedaron desocupadas muchas personas que sólo saben trabajar dentro de la política y que tenían puestos asegurados por sus años de militancia. Si esa gente se queda sin el paraguas de la Municipalidad, no saben bien qué hacer con su tiempo. En todo caso, querrán ocuparlo en pensar en el regreso y en volver a “gestionar”, lo único para lo que estarían capacitados.
martes, 22 de enero de 2008
Escenario de un disputa sindical
Camioneros y Comerciantes eligieron a Luján como escenario de una guerra que tiene varias batallas. La obstrucción para que un corralón no pueda abrir sus puertas, es apenas la punta del iceberg que se esconde en la disputa gremial. Los medios de prensa nacional aseguran que detrás de la pelea local se encuentra el botín: el manejo de la Confederación General del Trabajo, hoy aliada a las políticas gubernamentales.
Circunscribir el problema al futuro comercial de la firma “MJ Materiales” estaría dejando fuera del análisis muchos otros puntos que forman parte de la discusión. En Luján hacen apenas una demostración de fuerza, para saber quiénes son más pesados a la hora de reclamar o conseguir reivindicaciones. Los empleados del corralón o del comercio que sea, son meros peones en el tablero de ajedrez.
También es cierto, como se dijo esta semana desde el gobierno municipal, que en Luján tanto los Camioneros como Comerciantes erraron el método de reclamo.
En principio, Comerciantes llega tarde a apagar el incendio. ¿Por qué recién ahora se muestra tan preocupado por la situación de los trabajadores del corralón? ¿Estaban esos trabajadores bajo todas las condiciones laborales exigidas por ley?
Y el miércoles, en el marco de un paro y movilización, también se confundió la metodología. La adhesión a la medida fue importante, pero cayó en una contradicción. Gran cantidad de comercios -en especial del microcentro- permanecieron con sus persianas cerradas hasta la tarde, más por miedo a recibir represalias por no adherir a la medida, que en claro apoyo solidario con quienes enfrentan el conflicto.
Paradójicamente, en la marcha del miércoles se entregó a la intendenta Graciela Rosso un petitorio para que desde el Estado se asegure la tranquilidad y la erradicación de los aprietes en los sitios de trabajo.
Camioneros, en tanto, demostrando que cae a defender una causa en un terreno que no conoce, le faltó el respeto a decenas de frentistas con sus afiches, creyéndose dueños de todas las paredes de la ciudad.
Comerciantes y Camineros eligieron a Luján como escenario de una batalla, sin que se vislumbren grandes beneficios ni para los camioneros locales ni para los empleados de comercio. Existe una ley, y su cumplimiento debería ser lo único a discutir.
Si en el marco de la disputa este corralón cierra sus puertas, ¿quiénes serán los auténticos perjudicados? ¿Sus dueños? ¿Los gremialitos? Luján tiene ejemplos históricos en los que grandes fuentes de trabajo cierran sus puertas, sus propietarios siguen con su vida habitual sin mayores sobresaltos y varias decenas de empleados se quedan esperando que algún día les paguen lo que corresponde, además de caer sobre sus espaldas la desesperación de la falta de trabajo.
Si el corralón de la discordia cierra, ¿Hugo Moyano y Armando Cavalieri volverán a Luján a darles una solución a sus defendidos?
Circunscribir el problema al futuro comercial de la firma “MJ Materiales” estaría dejando fuera del análisis muchos otros puntos que forman parte de la discusión. En Luján hacen apenas una demostración de fuerza, para saber quiénes son más pesados a la hora de reclamar o conseguir reivindicaciones. Los empleados del corralón o del comercio que sea, son meros peones en el tablero de ajedrez.
También es cierto, como se dijo esta semana desde el gobierno municipal, que en Luján tanto los Camioneros como Comerciantes erraron el método de reclamo.
En principio, Comerciantes llega tarde a apagar el incendio. ¿Por qué recién ahora se muestra tan preocupado por la situación de los trabajadores del corralón? ¿Estaban esos trabajadores bajo todas las condiciones laborales exigidas por ley?
Y el miércoles, en el marco de un paro y movilización, también se confundió la metodología. La adhesión a la medida fue importante, pero cayó en una contradicción. Gran cantidad de comercios -en especial del microcentro- permanecieron con sus persianas cerradas hasta la tarde, más por miedo a recibir represalias por no adherir a la medida, que en claro apoyo solidario con quienes enfrentan el conflicto.
Paradójicamente, en la marcha del miércoles se entregó a la intendenta Graciela Rosso un petitorio para que desde el Estado se asegure la tranquilidad y la erradicación de los aprietes en los sitios de trabajo.
Camioneros, en tanto, demostrando que cae a defender una causa en un terreno que no conoce, le faltó el respeto a decenas de frentistas con sus afiches, creyéndose dueños de todas las paredes de la ciudad.
Comerciantes y Camineros eligieron a Luján como escenario de una batalla, sin que se vislumbren grandes beneficios ni para los camioneros locales ni para los empleados de comercio. Existe una ley, y su cumplimiento debería ser lo único a discutir.
Si en el marco de la disputa este corralón cierra sus puertas, ¿quiénes serán los auténticos perjudicados? ¿Sus dueños? ¿Los gremialitos? Luján tiene ejemplos históricos en los que grandes fuentes de trabajo cierran sus puertas, sus propietarios siguen con su vida habitual sin mayores sobresaltos y varias decenas de empleados se quedan esperando que algún día les paguen lo que corresponde, además de caer sobre sus espaldas la desesperación de la falta de trabajo.
Si el corralón de la discordia cierra, ¿Hugo Moyano y Armando Cavalieri volverán a Luján a darles una solución a sus defendidos?
Los intocables de la ribera
El anterior intendente se acalambró la mandíbula pregonando que Luján es el lugar donde se cruzan los caminos de la fe y la historia. Sin embargo, sus expresiones enfáticas no tuvieron, en más de diez años de gestión continuada, un correlato que permita aceptar o creer en su fanatismo por la ciudad y por la difusión y explotación de sus recursos.
Si Luján es el cruce de la fe y la historia y eso mueve a millones de turistas cada año, no se entiende cómo se pudo permitir un abandono de la magnitud que se muestra en la parte más neurálgica de la zona turística.
Un simple recorrido periodístico demostró que pensar en el embellecimiento de la zona es, por el momento, utópico. Se necesita tiempo y dinero para conseguir que los edificios, las máquinas de esparcimiento y los muebles tengan un aspecto cuanto menos digno.
Los locales estatales entregados por la Municipalidad de Luján a diferentes empresarios o comerciantes, exponen una notable falta de mantenimiento. Su aspecto evidencia que si se despinta, se rompe o se pierde algún elemento, se gasta el peso justo para volver a abrir el fin de semana siguiente. Y nada más que eso.
Por eso se pueden observar unidades cerradas, otras en las que se venden presuntas artesanías o servicio de adivinadores, y arreglos grotescos como los que se pueden constatar en los baños ubicados frente al muelle del catamarán o debajo del edificio La Cúpula.
Quizás como arrastre de la crisis, también se desdibujaron los límites de los productos y servicios que se pueden ofrecer. Hubo años en los que los permisos se hicieron laxos. Hoy, como herencia de esos tiempos, todo parece enmarcarse dentro de artesanía.
De allí que en el propio edificio municipal de La Cúpula, donde trabajan los responsables del turismo local, los fines de semana abre una feria que en su mayoría se dedica a la reventa de productos que se consiguen a muy buen precio en La Salada o en los locales mayoristas de Once.
Que un vendedor tire un paño sobre la vereda y se ponga a vender en la zona turística, y lo levante cuando un inspector se lo pide, es una escena habitual en casi todos los destinos turísticos. Es muy distinto a la falta total de límites, de reglas claras y de permisos o concesiones con cláusulas que exijan mejoras, que detallen a cambio de qué se recibe y se explota tal o cual inmueble.
La anterior gestión dedicó doce años a perfeccionar sus excusas y no tocar los intereses establecidos en toda la zona turística. Trabajó en la elaboración de un plan turístico, lo publicó, lo presentó en distintos ámbitos y hasta recibió felicitaciones por esa tarea. También diseñó una maquiavélica idea de ceder por casi un siglo toda la zona a una sociedad anónima, dibujando la estrategia detrás de la “participación mayoritaria del Estado”.
En la práctica, no sólo no tocó lo establecido. Si un baño se rompía, se permitía que se coloque una manguera; si otro baño se inundaba, se lo dejaba escurrir; si un comercio cerraba su persiana, se lo mantenía en esas condiciones. Y mientras tanto se otorgaban permisos precarios para que nadie cercano o conocido de la gestión se quede sin su kiosquito turístico.
Hoy, un simple recorrido expone las consecuencias de esa desidia o, mejor dicho, de esa práctica orquestada desde el Estado. Con excepción de lo recientemente remodelado, lo que ofrecemos a los miles de turistas que llegan a Luján cada fin de semana es vergonzoso. Urge que se exija inversión a los actuales explotadores, al menos hasta que las condiciones de explotación vuelvan a ser claras, transparentes y beneficiosas para todos: para los privados, para el Estado y en especial para las visitas.
Si Luján es el cruce de la fe y la historia y eso mueve a millones de turistas cada año, no se entiende cómo se pudo permitir un abandono de la magnitud que se muestra en la parte más neurálgica de la zona turística.
Un simple recorrido periodístico demostró que pensar en el embellecimiento de la zona es, por el momento, utópico. Se necesita tiempo y dinero para conseguir que los edificios, las máquinas de esparcimiento y los muebles tengan un aspecto cuanto menos digno.
Los locales estatales entregados por la Municipalidad de Luján a diferentes empresarios o comerciantes, exponen una notable falta de mantenimiento. Su aspecto evidencia que si se despinta, se rompe o se pierde algún elemento, se gasta el peso justo para volver a abrir el fin de semana siguiente. Y nada más que eso.
Por eso se pueden observar unidades cerradas, otras en las que se venden presuntas artesanías o servicio de adivinadores, y arreglos grotescos como los que se pueden constatar en los baños ubicados frente al muelle del catamarán o debajo del edificio La Cúpula.
Quizás como arrastre de la crisis, también se desdibujaron los límites de los productos y servicios que se pueden ofrecer. Hubo años en los que los permisos se hicieron laxos. Hoy, como herencia de esos tiempos, todo parece enmarcarse dentro de artesanía.
De allí que en el propio edificio municipal de La Cúpula, donde trabajan los responsables del turismo local, los fines de semana abre una feria que en su mayoría se dedica a la reventa de productos que se consiguen a muy buen precio en La Salada o en los locales mayoristas de Once.
Que un vendedor tire un paño sobre la vereda y se ponga a vender en la zona turística, y lo levante cuando un inspector se lo pide, es una escena habitual en casi todos los destinos turísticos. Es muy distinto a la falta total de límites, de reglas claras y de permisos o concesiones con cláusulas que exijan mejoras, que detallen a cambio de qué se recibe y se explota tal o cual inmueble.
La anterior gestión dedicó doce años a perfeccionar sus excusas y no tocar los intereses establecidos en toda la zona turística. Trabajó en la elaboración de un plan turístico, lo publicó, lo presentó en distintos ámbitos y hasta recibió felicitaciones por esa tarea. También diseñó una maquiavélica idea de ceder por casi un siglo toda la zona a una sociedad anónima, dibujando la estrategia detrás de la “participación mayoritaria del Estado”.
En la práctica, no sólo no tocó lo establecido. Si un baño se rompía, se permitía que se coloque una manguera; si otro baño se inundaba, se lo dejaba escurrir; si un comercio cerraba su persiana, se lo mantenía en esas condiciones. Y mientras tanto se otorgaban permisos precarios para que nadie cercano o conocido de la gestión se quede sin su kiosquito turístico.
Hoy, un simple recorrido expone las consecuencias de esa desidia o, mejor dicho, de esa práctica orquestada desde el Estado. Con excepción de lo recientemente remodelado, lo que ofrecemos a los miles de turistas que llegan a Luján cada fin de semana es vergonzoso. Urge que se exija inversión a los actuales explotadores, al menos hasta que las condiciones de explotación vuelvan a ser claras, transparentes y beneficiosas para todos: para los privados, para el Estado y en especial para las visitas.
martes, 15 de enero de 2008
Vaivenes del primer mes
Se cumple un mes de la asunción de la doctora Graciela Zulema Rosso al frente del Departamento Ejecutivo municipal. Un mes en el pleno ejercicio del poder y signado, inevitablemente, por el trabajo para entender, ordenar y salir a marcar su impronta a partir de la pesada herencia que dejaron 12 años de administración de Miguel Ángel Prince.
En perspectiva, evaluar a una gestión que tiene cuatro años por delante por lo realizado en cuatro semanas de tarea, es recortado y se estaría pecando de injusto. Con todo, lo que sí es materia de análisis es el modo en que se dieron los primeros pasos y las direcciones o los rumbos que esos pasos parecen marcar.
De allí surge la idea de incluir en el título del editorial la palabra “vaivenes”. La jefa comunal, con un estilo propio -ni bueno, ni malo, sino propio- tomó una serie de medidas que merecen observación.
En principio, corresponde saludar como adecuada la decisión de decretar la emergencia económica. De esa acción drástica se desprende un trabajo de ordenamiento y revisión profunda de los números municipales, de modo de sanear un rojo millonario. Y además se descomprime la voracidad de todos los que están atentos, para caer como aves de rapiña, sobre negocios, acuerdos, permisos y recursos que puede otorgar el gobierno de turno.
La medida no tendría flancos para la crítica si, tal como se prometió, se cubren absolutamente todos los gastos esenciales.
En un plano menos nítido se inscribe la decisión de decretar la feria administrativa para todo enero. Con ella el gobierno cree que puede ordenar la compleja trama del personal municipal y tener tiempo para revisar documentación interna, sin que ingresen nuevas carpetas ansiosas de respuestas o soluciones.
Igual de entendible es la acción que hoy se describe en la página 4 de este medio: revisar los últimos concursos de personal, teñidos de sospechas.
Por el contrario, hay medidas que se deben ubicar en una columna negativa. No se puede demorar un mes de gestión en presentar al equipo de profesionales que acompañarán en el gabinete. Es más, aún faltan nombramientos.
Si Rosso acertó o erró en cada uno de los flamantes funcionarios, será materia de opinión luego de que cada área se ponga efectivamente en marcha. El abanico ideológico, de formación o de razones para su selección que forman los elegidos, abre interrogantes sobre el futuro (tal como se indicó en editoriales anteriores). Todavía el interrogante está abierto.
Lo que menos se entendió o, en todo caso, deja un fuerte sabor amargo en el primer mes de gestión, fue la intervención de la jefa comunal en temas, instituciones y decisiones que no le corresponden.
¿Por qué Rosso tuvo una fuerte influencia en el alejamiento de Vaccaro en la gerencia del Pami o empujó la designación de Pereita? (ver Pág. 11). ¿Por qué gastó esfuerzos para lograr el desplazamiento del capitán Oberti de la Comisaría Luján Primera y habría sugerido la continuidad de Santillán en la Jefatura Distrital?
Es de esperar que los meses por venir dejen de evidenciar vaivenes en las acciones de gobierno y, con transparencia, se pueda entender que cada una de las acciones tiene por objetivo el mejoramiento de la calidad de vida de los lujanenses. Sin segundas intenciones.
En perspectiva, evaluar a una gestión que tiene cuatro años por delante por lo realizado en cuatro semanas de tarea, es recortado y se estaría pecando de injusto. Con todo, lo que sí es materia de análisis es el modo en que se dieron los primeros pasos y las direcciones o los rumbos que esos pasos parecen marcar.
De allí surge la idea de incluir en el título del editorial la palabra “vaivenes”. La jefa comunal, con un estilo propio -ni bueno, ni malo, sino propio- tomó una serie de medidas que merecen observación.
En principio, corresponde saludar como adecuada la decisión de decretar la emergencia económica. De esa acción drástica se desprende un trabajo de ordenamiento y revisión profunda de los números municipales, de modo de sanear un rojo millonario. Y además se descomprime la voracidad de todos los que están atentos, para caer como aves de rapiña, sobre negocios, acuerdos, permisos y recursos que puede otorgar el gobierno de turno.
La medida no tendría flancos para la crítica si, tal como se prometió, se cubren absolutamente todos los gastos esenciales.
En un plano menos nítido se inscribe la decisión de decretar la feria administrativa para todo enero. Con ella el gobierno cree que puede ordenar la compleja trama del personal municipal y tener tiempo para revisar documentación interna, sin que ingresen nuevas carpetas ansiosas de respuestas o soluciones.
Igual de entendible es la acción que hoy se describe en la página 4 de este medio: revisar los últimos concursos de personal, teñidos de sospechas.
Por el contrario, hay medidas que se deben ubicar en una columna negativa. No se puede demorar un mes de gestión en presentar al equipo de profesionales que acompañarán en el gabinete. Es más, aún faltan nombramientos.
Si Rosso acertó o erró en cada uno de los flamantes funcionarios, será materia de opinión luego de que cada área se ponga efectivamente en marcha. El abanico ideológico, de formación o de razones para su selección que forman los elegidos, abre interrogantes sobre el futuro (tal como se indicó en editoriales anteriores). Todavía el interrogante está abierto.
Lo que menos se entendió o, en todo caso, deja un fuerte sabor amargo en el primer mes de gestión, fue la intervención de la jefa comunal en temas, instituciones y decisiones que no le corresponden.
¿Por qué Rosso tuvo una fuerte influencia en el alejamiento de Vaccaro en la gerencia del Pami o empujó la designación de Pereita? (ver Pág. 11). ¿Por qué gastó esfuerzos para lograr el desplazamiento del capitán Oberti de la Comisaría Luján Primera y habría sugerido la continuidad de Santillán en la Jefatura Distrital?
Es de esperar que los meses por venir dejen de evidenciar vaivenes en las acciones de gobierno y, con transparencia, se pueda entender que cada una de las acciones tiene por objetivo el mejoramiento de la calidad de vida de los lujanenses. Sin segundas intenciones.
jueves, 10 de enero de 2008
Hay cosas que no cambian
Desembarcaron en el gobierno hace prácticamente un mes porque muchos ciudadanos, en efecto, la mayoría, los eligió para encarnar un cambio. Estaban cansados de la vieja política y pedían nuevos aires en la gestión municipal.
Por supuesto, con tan poco tiempo transcurrido, el crédito para la gestión sigue intacto. Los que confiaron en la figura de Rosso para escribir una historia diferente en la Municipalidad, siguen pensando que su decisión fue acertada.
Por su parte, la oposición también se encuentra en esa pasividad que le otorgan al arranque de una tarea, después de heredar 12 años de malas prácticas y abundante descontrol.
Sin embargo, hay acciones y decisiones que comienzan a acotar el margen para la sorpresa o que, en realidad, confirman que hay maneras de gestionar que no se modifican a pesar de que las nuevas autoridades lleguen con el discurso del cambio radical.
En la Casa Municipal, mucho antes de que la noticia ganara la calle, se sabía que el capitán Marcelo Oberti dejaba de ser el titular de la Comisaría Luján Primera y que el inspector Hugo Santillán sería confirmado en el cargo de jefe Distrital. Quienes tenían la información de primera mano eran los colaboradores de la intendenta Graciela Rosso.
Con el correr de los días se supo que Rosso fue la que pidió el desplazamiento de Oberti y que las autoridades provinciales accedieron gentilmente. ¿Las razones? Una discusión con la jefa comunal. Oberti no se aleja de la Comisaría porque esté en desacuerdo con las políticas de seguridad de la intendenta porque, en realidad, no hay políticas de seguridad en marcha emanadas desde el gobierno municipal.
Se criticó al entonces intendente Miguel Prince por su intromisión en el desplazamiento de Luis Correale como jefe distrital, pero meses después se cae en la misma práctica.
También hubo participación directa de la intendenta Rosso en la designación del nuevo gerente de la sucursal XXXII del Pami.
Todo indica que Rosso no tenía el mejor trato con Ángel Vaccaro y movió los hilos necesarios para que su sillón lo ocupe Carlos Pereita, ex asesor de la intendenta en el Congreso. Malas prácticas que se repiten. Parece molestar la independencia de poderes o de las propias instituciones.
Es dable señalar que tampoco se inscribe en lo que puede definirse como “nueva política” la designación de funcionarios que, en su mayoría, no llegan a la gestión con gruesas carpetas de curriculums bajo el brazo.
Tres lugares en el gabinete se reservaron para parientes directos de las autoridades máximas. Otra importante porción del Departamento Ejecutivo estará en manos de funcionarios que no brillaron cuando pasaron por la gestión municipal; gestión que -cabe aclarar- era comandada por Prince.
También hay confirmaciones de funcionarios que, lejos de aquella promesa de cambiar todo lo heredado, esbozan lo contrario. Y no faltan tampoco las designaciones “por compromisos contraídos con anterioridad”. Ayudar en la campaña o tener años de militancia sigue pesando más que cualquier otro diploma.
Seguramente Rosso está convencida de que los nombres que eligió para su gabinete; el cambio de comisario, y el nombramiento de una persona de su confianza en el Pami, le asegurarán una buena gestión. Tal vez no se equivoque, pero el diagnóstico inicial es contrario a esa voluntad. Y dista mucho de ser la nueva política.
Por supuesto, con tan poco tiempo transcurrido, el crédito para la gestión sigue intacto. Los que confiaron en la figura de Rosso para escribir una historia diferente en la Municipalidad, siguen pensando que su decisión fue acertada.
Por su parte, la oposición también se encuentra en esa pasividad que le otorgan al arranque de una tarea, después de heredar 12 años de malas prácticas y abundante descontrol.
Sin embargo, hay acciones y decisiones que comienzan a acotar el margen para la sorpresa o que, en realidad, confirman que hay maneras de gestionar que no se modifican a pesar de que las nuevas autoridades lleguen con el discurso del cambio radical.
En la Casa Municipal, mucho antes de que la noticia ganara la calle, se sabía que el capitán Marcelo Oberti dejaba de ser el titular de la Comisaría Luján Primera y que el inspector Hugo Santillán sería confirmado en el cargo de jefe Distrital. Quienes tenían la información de primera mano eran los colaboradores de la intendenta Graciela Rosso.
Con el correr de los días se supo que Rosso fue la que pidió el desplazamiento de Oberti y que las autoridades provinciales accedieron gentilmente. ¿Las razones? Una discusión con la jefa comunal. Oberti no se aleja de la Comisaría porque esté en desacuerdo con las políticas de seguridad de la intendenta porque, en realidad, no hay políticas de seguridad en marcha emanadas desde el gobierno municipal.
Se criticó al entonces intendente Miguel Prince por su intromisión en el desplazamiento de Luis Correale como jefe distrital, pero meses después se cae en la misma práctica.
También hubo participación directa de la intendenta Rosso en la designación del nuevo gerente de la sucursal XXXII del Pami.
Todo indica que Rosso no tenía el mejor trato con Ángel Vaccaro y movió los hilos necesarios para que su sillón lo ocupe Carlos Pereita, ex asesor de la intendenta en el Congreso. Malas prácticas que se repiten. Parece molestar la independencia de poderes o de las propias instituciones.
Es dable señalar que tampoco se inscribe en lo que puede definirse como “nueva política” la designación de funcionarios que, en su mayoría, no llegan a la gestión con gruesas carpetas de curriculums bajo el brazo.
Tres lugares en el gabinete se reservaron para parientes directos de las autoridades máximas. Otra importante porción del Departamento Ejecutivo estará en manos de funcionarios que no brillaron cuando pasaron por la gestión municipal; gestión que -cabe aclarar- era comandada por Prince.
También hay confirmaciones de funcionarios que, lejos de aquella promesa de cambiar todo lo heredado, esbozan lo contrario. Y no faltan tampoco las designaciones “por compromisos contraídos con anterioridad”. Ayudar en la campaña o tener años de militancia sigue pesando más que cualquier otro diploma.
Seguramente Rosso está convencida de que los nombres que eligió para su gabinete; el cambio de comisario, y el nombramiento de una persona de su confianza en el Pami, le asegurarán una buena gestión. Tal vez no se equivoque, pero el diagnóstico inicial es contrario a esa voluntad. Y dista mucho de ser la nueva política.
lunes, 7 de enero de 2008
Un freno a prácticas enquistadas
El gobierno salió a romper presuntos pactos preestablecidos o, en todo caso, prácticas que en algún caso no se correspondían con las normativas vigentes o que estaban más emparentadas a los beneficios de tener relación estrecha con el poder, que a los beneficios comunitarios.
Durante los fines de semana que más se esperan en los comercios dedicados al esparcimiento nocturno, el cuerpo de inspectores municipales salió a hacer valer lo establecido por ley. Venta de alcohol a menores, habilitaciones, permisos y factor ocupacional fueron los aspectos que se observaron y que terminaron dejando el tendal.
Las fajas de clausuras se instalaron en puertas que, meses atrás, parecían intocables. Todo un gesto para la opinión pública que tenía instalada en su mente esa idea de que hay empresarios a los que no se les puede hacer mella.
Un periodista de este medio escuchó cuando una persona cercana a los recientes procedimientos nocturnos comentaba en la casa municipal la satisfacción de haber trabajado con tranquilidad y -lo más llamativo- que el día después de secuestrar motos sin sus papeles, labrar actas de infracción en autos o de sancionar a establecimientos nocturnos, “nadie llamó a los inspectores o a sus jefes para pedirles que entregaran tal moto o que no molestaran a tal propietario”. Tácitamente, parecía dejar en claro que eso ocurría en la anterior gestión, aunque hoy resulte incomprobable.
De ser así, el cambio en el modo de trabajar cuando se trata de infraccionar cuestiones que ponen en riesgo la vida de las personas es saludable. Faltará demostrar que además de saludable es duradero, y que con el correr de los meses y los años no aparecerán nuevos “padrinos políticos” que protejan a tal o cual infractor.
En ese contexto de encarar gestiones con estilo diferente, también se inscribe lo que sucedió en los últimos días con las tramitaciones para organizar el festival folklórico “Encuentro de la Fe y la Historia”. El proyecto había nacido con una intención comunitaria que rápidamente se fue transformando en “político dependiente”.
La última comisión de la Asociación Amigos del Festival estaba integrada por gente cercana a la cultura local, pero también por varios ex funcionarios municipales (lo eran hasta el pasado 10 de diciembre). De allí que en muchas ocasiones las rendiciones de cuenta por esos eventos generaran fuertes críticas desde la oposición y poca atención desde el Departamento Ejecutivo.
Lo cierto es que en los últimos días, el gobierno entrante frenó las prácticas habituales y rechazó el pedido de la Asociación para utilizar el espacio público y realizar el festival. Dicen los allegados a la intendenta que la idea es volver a abrir el juego a la “real” participación comunitaria.
En ese camino, sin duda, es muy probable que la música no suba a escena durante 2008. Como se decía más arriba, es de esperar que la suspensión sea para mejorar las condiciones de la organización, para que el municipio deje de correr con los gastos y que “terceros” se apropien de las ganancias. Y que la participación que se pretende lograr no sea un mero cambio de figuras para terminar entregando la responsabilidad de la organización a personas de confianza de la nueva gestión.
Durante los fines de semana que más se esperan en los comercios dedicados al esparcimiento nocturno, el cuerpo de inspectores municipales salió a hacer valer lo establecido por ley. Venta de alcohol a menores, habilitaciones, permisos y factor ocupacional fueron los aspectos que se observaron y que terminaron dejando el tendal.
Las fajas de clausuras se instalaron en puertas que, meses atrás, parecían intocables. Todo un gesto para la opinión pública que tenía instalada en su mente esa idea de que hay empresarios a los que no se les puede hacer mella.
Un periodista de este medio escuchó cuando una persona cercana a los recientes procedimientos nocturnos comentaba en la casa municipal la satisfacción de haber trabajado con tranquilidad y -lo más llamativo- que el día después de secuestrar motos sin sus papeles, labrar actas de infracción en autos o de sancionar a establecimientos nocturnos, “nadie llamó a los inspectores o a sus jefes para pedirles que entregaran tal moto o que no molestaran a tal propietario”. Tácitamente, parecía dejar en claro que eso ocurría en la anterior gestión, aunque hoy resulte incomprobable.
De ser así, el cambio en el modo de trabajar cuando se trata de infraccionar cuestiones que ponen en riesgo la vida de las personas es saludable. Faltará demostrar que además de saludable es duradero, y que con el correr de los meses y los años no aparecerán nuevos “padrinos políticos” que protejan a tal o cual infractor.
En ese contexto de encarar gestiones con estilo diferente, también se inscribe lo que sucedió en los últimos días con las tramitaciones para organizar el festival folklórico “Encuentro de la Fe y la Historia”. El proyecto había nacido con una intención comunitaria que rápidamente se fue transformando en “político dependiente”.
La última comisión de la Asociación Amigos del Festival estaba integrada por gente cercana a la cultura local, pero también por varios ex funcionarios municipales (lo eran hasta el pasado 10 de diciembre). De allí que en muchas ocasiones las rendiciones de cuenta por esos eventos generaran fuertes críticas desde la oposición y poca atención desde el Departamento Ejecutivo.
Lo cierto es que en los últimos días, el gobierno entrante frenó las prácticas habituales y rechazó el pedido de la Asociación para utilizar el espacio público y realizar el festival. Dicen los allegados a la intendenta que la idea es volver a abrir el juego a la “real” participación comunitaria.
En ese camino, sin duda, es muy probable que la música no suba a escena durante 2008. Como se decía más arriba, es de esperar que la suspensión sea para mejorar las condiciones de la organización, para que el municipio deje de correr con los gastos y que “terceros” se apropien de las ganancias. Y que la participación que se pretende lograr no sea un mero cambio de figuras para terminar entregando la responsabilidad de la organización a personas de confianza de la nueva gestión.
miércoles, 2 de enero de 2008
Interrogantes abiertos para 2008
Testigos presenciales aseguran que el matrimonio Kirchner se sentó en la combi después de dar por inaugurados los arreglos en la plaza Belgrano y la restauración de la Basílica. Miraron al entonces intendente Miguel Ángel Prince, que se encontraba en plena campaña electoral -como ellos-, y le preguntaron cómo marchaba su candidatura y si precisaba algo. “No gracias, estamos muy bien”, habría sido la respuesta del ex mandatario local.
Hoy, llorando sobre la leche derramada, un ex funcionario recuerda aquel breve diálogo y mantiene un interrogante abierto: ¿por qué no le pidió a Kirchner que articulara lo necesario para bajar la lista que encabezaba Graciela Rosso? Todavía creen que un llamado oportuno a la persona indicada hubiese dejado a Prince y los suyos el camino libre para una nueva reelección. Tarde para lágrimas.
Los otros interrogantes que se abrieron con el correr de 2007 todavía esperan respuesta. Todavía necesitan una respuesta.
Graciela Rosso y sus socios en la campaña electoral, ¿estaban convencidos que podían ganar? Ligada a esa pregunta, la otra duda es más seria: ¿tenían equipos técnicos y de trabajo para asumir la responsabilidad de gobernar Luján durante los próximos cuatro años? Es enorme el interrogante que se abrió a partir del resultado que arrojaron las urnas el 28 de octubre y que hoy, a dos meses de aquella jornada, sigue sin respuesta.
A diferencia del gobierno nacional, al que tanto miran y halagan las autoridades municipales, en Luján no se asumió con el equipo de gabinete completo.
Con el correr de las semanas se informó sobre el nombramiento de seis secretarios, pero el resto de los funcionarios -al menos en la presentación formal- siguen brillando por su ausencia. Se sabe, por el día a día, que hay directores designados, que otras personas tendrían el cargo de subdirectores y que también se incrementará el plantel de subsecretarios.
Volvemos a los interrogantes. Rosso llegó al gobierno cuestionando, entre otros aspectos de la administración saliente, la cantidad de personal político que ni siquiera se sabía para qué estaba en la administración municipal. Para conformar a los que sólo miran la superficie, dijo que su gobierno “no tendrá coordinadores”. Seguramente cumplirá con esa promesa.
Sin embargo hoy, a dos meses de su triunfo, ¿Rosso puede seguir blandeando ese argumento de superpoblación de funcionarios o la estructura del Departamento Ejecutivo que todavía confecciona es aún más grande que la existente en el gobierno saliente?
En estrecha relación con las reflexiones recién vertidas, también merece un análisis la conformación del equipo de funcionarios que empezó a confeccionar Rosso, en diálogo constante con María Inés Fernández y su esposo, el ex concejal, ahora secretario de Gobierno, Humberto Guibaud.
¿Cuántos de los elegidos responden a la expresión ideológica de Rosso? En términos políticos, ¿cuántos son de su riñón? A riesgo de sonar antipáticos, debemos decir que su equipo de colaboradores lo integran duhaldistas devenidos en kirchneristas, profesionales de renombre en la actividad privada, ex funcionarios de las peores épocas institucionales que recuerda la historia municipal (la última dictadura), princistas desencantados con su viejo líder y personas que llegan a la administración con abultados curriculums personales, pero sin el más mínimo conocimiento sobre los problemas de la ciudad.
Seguramente, el contragolpe a esta opinión puede indicar que Rosso no miró en ideologías y que eligió a las mejores personas y profesionales de cada especialidad para ordenar y mejorar todos los aspectos de la comuna. ¿Habrán sido las mejores opciones? Otra pregunta que se abrió en el corriente año y que espera respuesta. Eso sí, habrá que esperar hasta febrero, porque en enero hay feria administrativa.
Hoy, llorando sobre la leche derramada, un ex funcionario recuerda aquel breve diálogo y mantiene un interrogante abierto: ¿por qué no le pidió a Kirchner que articulara lo necesario para bajar la lista que encabezaba Graciela Rosso? Todavía creen que un llamado oportuno a la persona indicada hubiese dejado a Prince y los suyos el camino libre para una nueva reelección. Tarde para lágrimas.
Los otros interrogantes que se abrieron con el correr de 2007 todavía esperan respuesta. Todavía necesitan una respuesta.
Graciela Rosso y sus socios en la campaña electoral, ¿estaban convencidos que podían ganar? Ligada a esa pregunta, la otra duda es más seria: ¿tenían equipos técnicos y de trabajo para asumir la responsabilidad de gobernar Luján durante los próximos cuatro años? Es enorme el interrogante que se abrió a partir del resultado que arrojaron las urnas el 28 de octubre y que hoy, a dos meses de aquella jornada, sigue sin respuesta.
A diferencia del gobierno nacional, al que tanto miran y halagan las autoridades municipales, en Luján no se asumió con el equipo de gabinete completo.
Con el correr de las semanas se informó sobre el nombramiento de seis secretarios, pero el resto de los funcionarios -al menos en la presentación formal- siguen brillando por su ausencia. Se sabe, por el día a día, que hay directores designados, que otras personas tendrían el cargo de subdirectores y que también se incrementará el plantel de subsecretarios.
Volvemos a los interrogantes. Rosso llegó al gobierno cuestionando, entre otros aspectos de la administración saliente, la cantidad de personal político que ni siquiera se sabía para qué estaba en la administración municipal. Para conformar a los que sólo miran la superficie, dijo que su gobierno “no tendrá coordinadores”. Seguramente cumplirá con esa promesa.
Sin embargo hoy, a dos meses de su triunfo, ¿Rosso puede seguir blandeando ese argumento de superpoblación de funcionarios o la estructura del Departamento Ejecutivo que todavía confecciona es aún más grande que la existente en el gobierno saliente?
En estrecha relación con las reflexiones recién vertidas, también merece un análisis la conformación del equipo de funcionarios que empezó a confeccionar Rosso, en diálogo constante con María Inés Fernández y su esposo, el ex concejal, ahora secretario de Gobierno, Humberto Guibaud.
¿Cuántos de los elegidos responden a la expresión ideológica de Rosso? En términos políticos, ¿cuántos son de su riñón? A riesgo de sonar antipáticos, debemos decir que su equipo de colaboradores lo integran duhaldistas devenidos en kirchneristas, profesionales de renombre en la actividad privada, ex funcionarios de las peores épocas institucionales que recuerda la historia municipal (la última dictadura), princistas desencantados con su viejo líder y personas que llegan a la administración con abultados curriculums personales, pero sin el más mínimo conocimiento sobre los problemas de la ciudad.
Seguramente, el contragolpe a esta opinión puede indicar que Rosso no miró en ideologías y que eligió a las mejores personas y profesionales de cada especialidad para ordenar y mejorar todos los aspectos de la comuna. ¿Habrán sido las mejores opciones? Otra pregunta que se abrió en el corriente año y que espera respuesta. Eso sí, habrá que esperar hasta febrero, porque en enero hay feria administrativa.
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