viernes, 25 de enero de 2008

Los desocupados de la política

El problema principal para cualquier gestión de gobierno entrante -la de Luján o la que usted prefiera elegir para realizar un análisis de situación- no se encuentra específicamente en el interior de la administración, sino en el exterior.
Aquellos que por su capacidad, su conocimiento, su trabajo, su dedicación, quedan dentro de la flamante estructura, difícilmente cambien de actitud. Seguirán siendo trabajadores, capaces, responsables, más allá de un cambio de mando en el timón.
El problema que, de manera urgente, se tiene que salir a atenuar cuando se ingresa a un sitio de gobierno lo suele generar la mano de obra desocupada. Desocupada porque formaba parte de la estructura netamente política, es decir aquella que cada titular del Ejecutivo elige a dedo, o desocupada porque ingresó a la administración con más argumentos que hablan de contactos, amistades o recomendaciones, que por sus habilidades laborales.
Tampoco debería generar mayor preocupación para una administración entrante el personal político o de carrera que se queda sin un puesto de trabajo, pero tiene amplios conocimientos técnicos o de oficios. Sin duda, esos recursos humanos se esperan con ansiedad en el ámbito privado.
Distinto es el panorama cuando las urnas deciden un cambio en el mando ejecutivo, un nuevo equipo de gestión desembarca en un distrito, comuna, provincia (siga eligiendo el ejemplo que más le sirva), y las que quedan desplazadas son personas que sólo saben trabajar de políticos, en la política o para la política.
De hecho, en estos casos hasta resulta difícil definir específicamente qué es lo que saben hacer esas personas. En particular, cuando en su currículo sólo aparece “la militancia”. En ese caso, ¿qué es lo que sabe hacer bien ese político? ¿Gestionar? ¿O esa es tarea de un gestor? Un carpintero sabe trabajar la madera, un abogado tiene manejo de las leyes, un contador de los números. ¿Un político de años de militancia?
Cuando esto último sucede y los desplazados se encuadran en esta última definición, el gobierno entrante tendrá siempre, desde el mismo día en que ganó las elecciones, un frente de conflicto latente.
¿Luján puede enmarcarse en esta última descripción? Por el momento, sólo se registraron situaciones menores que invitan a la reflexión.
El gobierno entrante ya tuvo que recurrir a la Justicia para denunciar el faltante del libro de inventario, el documento en el que tiene que estar asentado todo el patrimonio de la Municipalidad.
A fines de la semana pasada, nuevamente resultó necesaria una presentación judicial porque la intendenta Graciela Rosso descubrió que en un despacho de acceso restringido, lindante con su oficina, alguien ingresó para sacar, robar o esconder viejos documentos de la administración municipal.
Todo parece indicar que en Luján se quedaron desocupadas muchas personas que sólo saben trabajar dentro de la política y que tenían puestos asegurados por sus años de militancia. Si esa gente se queda sin el paraguas de la Municipalidad, no saben bien qué hacer con su tiempo. En todo caso, querrán ocuparlo en pensar en el regreso y en volver a “gestionar”, lo único para lo que estarían capacitados.

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