lunes, 7 de enero de 2008

Un freno a prácticas enquistadas

El gobierno salió a romper presuntos pactos preestablecidos o, en todo caso, prácticas que en algún caso no se correspondían con las normativas vigentes o que estaban más emparentadas a los beneficios de tener relación estrecha con el poder, que a los beneficios comunitarios.
Durante los fines de semana que más se esperan en los comercios dedicados al esparcimiento nocturno, el cuerpo de inspectores municipales salió a hacer valer lo establecido por ley. Venta de alcohol a menores, habilitaciones, permisos y factor ocupacional fueron los aspectos que se observaron y que terminaron dejando el tendal.
Las fajas de clausuras se instalaron en puertas que, meses atrás, parecían intocables. Todo un gesto para la opinión pública que tenía instalada en su mente esa idea de que hay empresarios a los que no se les puede hacer mella.
Un periodista de este medio escuchó cuando una persona cercana a los recientes procedimientos nocturnos comentaba en la casa municipal la satisfacción de haber trabajado con tranquilidad y -lo más llamativo- que el día después de secuestrar motos sin sus papeles, labrar actas de infracción en autos o de sancionar a establecimientos nocturnos, “nadie llamó a los inspectores o a sus jefes para pedirles que entregaran tal moto o que no molestaran a tal propietario”. Tácitamente, parecía dejar en claro que eso ocurría en la anterior gestión, aunque hoy resulte incomprobable.
De ser así, el cambio en el modo de trabajar cuando se trata de infraccionar cuestiones que ponen en riesgo la vida de las personas es saludable. Faltará demostrar que además de saludable es duradero, y que con el correr de los meses y los años no aparecerán nuevos “padrinos políticos” que protejan a tal o cual infractor.
En ese contexto de encarar gestiones con estilo diferente, también se inscribe lo que sucedió en los últimos días con las tramitaciones para organizar el festival folklórico “Encuentro de la Fe y la Historia”. El proyecto había nacido con una intención comunitaria que rápidamente se fue transformando en “político dependiente”.
La última comisión de la Asociación Amigos del Festival estaba integrada por gente cercana a la cultura local, pero también por varios ex funcionarios municipales (lo eran hasta el pasado 10 de diciembre). De allí que en muchas ocasiones las rendiciones de cuenta por esos eventos generaran fuertes críticas desde la oposición y poca atención desde el Departamento Ejecutivo.
Lo cierto es que en los últimos días, el gobierno entrante frenó las prácticas habituales y rechazó el pedido de la Asociación para utilizar el espacio público y realizar el festival. Dicen los allegados a la intendenta que la idea es volver a abrir el juego a la “real” participación comunitaria.
En ese camino, sin duda, es muy probable que la música no suba a escena durante 2008. Como se decía más arriba, es de esperar que la suspensión sea para mejorar las condiciones de la organización, para que el municipio deje de correr con los gastos y que “terceros” se apropien de las ganancias. Y que la participación que se pretende lograr no sea un mero cambio de figuras para terminar entregando la responsabilidad de la organización a personas de confianza de la nueva gestión.

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