Se cumple un mes de la asunción de la doctora Graciela Zulema Rosso al frente del Departamento Ejecutivo municipal. Un mes en el pleno ejercicio del poder y signado, inevitablemente, por el trabajo para entender, ordenar y salir a marcar su impronta a partir de la pesada herencia que dejaron 12 años de administración de Miguel Ángel Prince.
En perspectiva, evaluar a una gestión que tiene cuatro años por delante por lo realizado en cuatro semanas de tarea, es recortado y se estaría pecando de injusto. Con todo, lo que sí es materia de análisis es el modo en que se dieron los primeros pasos y las direcciones o los rumbos que esos pasos parecen marcar.
De allí surge la idea de incluir en el título del editorial la palabra “vaivenes”. La jefa comunal, con un estilo propio -ni bueno, ni malo, sino propio- tomó una serie de medidas que merecen observación.
En principio, corresponde saludar como adecuada la decisión de decretar la emergencia económica. De esa acción drástica se desprende un trabajo de ordenamiento y revisión profunda de los números municipales, de modo de sanear un rojo millonario. Y además se descomprime la voracidad de todos los que están atentos, para caer como aves de rapiña, sobre negocios, acuerdos, permisos y recursos que puede otorgar el gobierno de turno.
La medida no tendría flancos para la crítica si, tal como se prometió, se cubren absolutamente todos los gastos esenciales.
En un plano menos nítido se inscribe la decisión de decretar la feria administrativa para todo enero. Con ella el gobierno cree que puede ordenar la compleja trama del personal municipal y tener tiempo para revisar documentación interna, sin que ingresen nuevas carpetas ansiosas de respuestas o soluciones.
Igual de entendible es la acción que hoy se describe en la página 4 de este medio: revisar los últimos concursos de personal, teñidos de sospechas.
Por el contrario, hay medidas que se deben ubicar en una columna negativa. No se puede demorar un mes de gestión en presentar al equipo de profesionales que acompañarán en el gabinete. Es más, aún faltan nombramientos.
Si Rosso acertó o erró en cada uno de los flamantes funcionarios, será materia de opinión luego de que cada área se ponga efectivamente en marcha. El abanico ideológico, de formación o de razones para su selección que forman los elegidos, abre interrogantes sobre el futuro (tal como se indicó en editoriales anteriores). Todavía el interrogante está abierto.
Lo que menos se entendió o, en todo caso, deja un fuerte sabor amargo en el primer mes de gestión, fue la intervención de la jefa comunal en temas, instituciones y decisiones que no le corresponden.
¿Por qué Rosso tuvo una fuerte influencia en el alejamiento de Vaccaro en la gerencia del Pami o empujó la designación de Pereita? (ver Pág. 11). ¿Por qué gastó esfuerzos para lograr el desplazamiento del capitán Oberti de la Comisaría Luján Primera y habría sugerido la continuidad de Santillán en la Jefatura Distrital?
Es de esperar que los meses por venir dejen de evidenciar vaivenes en las acciones de gobierno y, con transparencia, se pueda entender que cada una de las acciones tiene por objetivo el mejoramiento de la calidad de vida de los lujanenses. Sin segundas intenciones.
martes, 15 de enero de 2008
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