miércoles, 26 de marzo de 2008

Bien lejos del conflicto

“El gobierno hace la política del avestruz. Esconde la cabeza bajo la tierra para no enfrentar los problemas”. Una lástima que la incoherencia de su autor, el ex ministro hoy aliado al kirchnerismo Roberto Lavagna, le haya quitado peso a la definición. Hoy esa definición encaja perfectamente para explicar qué (no) hace la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, ante un país que se muestra caótico.
Ayer, un diario ayudaba a recordar cuántas veces el matrimonio presidencial aplicó la política del avestruz: cuando el candidato en Misiones, Carlos Rovira, perdió en su intento reeleccionista; cuando Juan Carlos Blumberg convocó a la primera marcha contra la inseguridad; cuando se produjo la tragedia de Cromañón; cuando murió Jorge Sayago por un acto de represión en Santa Cruz; cuando se realizaron los primeros cortes de los pasos a Uruguay; cuando se supo del caso de los casetes en la causa AMIA, y en estos días, con el país bloqueado y cercano al desabastecimiento por las protestas del campo que ya llevan 14 días.
Cristina Fernández de Kirchner descansó seis días en El Calafate, bien lejos del ruido de los bombos camioneros que mandó a apostar a la vera de las rutas y también bien lejos de las góndolas que se muestran vacías o sobrevaluadas por la amenaza de escasez. Ni siquiera se acercó a los actos centrales por el 24 de marzo de 1976.
Sin entrar en el análisis fino de razones esbozadas de uno y otro lado, resulta indignante que la única política visible del gobierno nacional, ante el firme reclamo del campo, sea dispersar a un grupo de impresentables camioneros rentados por el sindicato y minar el conflicto con un puñado de frases bélicas de los lenguaraces de siempre: Hugo Moyano, Luis D`Elía, los Fernández, entre otros.
¿No hay funcionarios nacionales dedicados a los problemas del agro? Si existen tales funcionarios, ¿qué hacen por mejorar la alarmante situación actual?
Lo cierto es que el gobierno no tuvo la capacidad para frenar las acciones de protesta antes de llegar a la sensación actual y al reciente anuncio de un paro por tiempo indeterminado.
Los dirigidos por Cristina siguieron defendiendo las abusivas retenciones que no distinguen entre productores pequeños, medianos o grandes; su gestión no invirtió ese dinero fácil que llega a las arcas de la Nación en obras o políticas que esbocen un real proyecto de inserción social, y profundizó la estrategia del enfrentamiento entre ciudadanos, machacando con la idea de oligarcas contra el pueblo; de ricos contra pobres.
Nada de lo expuesto es serio para defenderlo como política de Estado y las consecuencias comienzan a asomar. Un país cortado en sus rutas principales, productores que no entregan mercadería de consumo primario, incidentes en los piquetes, precios que se disparan “por las dudas” y –como si faltara más- la idea de la intervención militar para asegurar el abastecimiento.
Todo se desarrolla y se complica mientras el matrimonio presidencial descansa en El Calafate o, en todo caso, uno se preocupa por el modelito adecuado para cada acto y el otro sigue construyendo poder en las cómodas oficinas de la “oligarca” urbanización de Puerto Madero. Ambos, bien lejos de las rutas y el campo.

1 comentario:

fititoe dijo...

Es inconcebible que en un pais rico como es la Argentina, con recursos naturales como la mineria, el petroleo, el agro, la actividad pecuaria, la pesca, la industria y otras condiciones favorables como la escasa poblacion, los cuatro climas, las inexistentes diferencias idiomaticas, raciales y religiosas no se logre erradicar la pobreza extrema. Falla garrafal de la dirigencia, elegida por un pueblo ignorante y enfermo de egoismo.
VIva la Patria. Aguante el campo.