jueves, 6 de marzo de 2008

El techo lo pone el bolsillo

“Un fraude”. Así calificó el abogado de la Central de Trabajadores del Estado (CTA), Horacio Meguira, al acuerdo logrado esta semana entre Camioneros y el gobierno nacional. Se trata, sin lugar a dudas, de un acuerdo orquestado con la clara intención de difuminar el pacto salarial de los camioneros con un ficticio techo de aumento de 19,5 por ciento.
Tanto la CTA, como empresas de logística que desde el miércoles calculan cómo aplicar el incremento, afirman que el aumento real para los representados por Hugo Moyano es del 24 por ciento (porque se obvió decir que al 19,5 hay que agregarle una serie de aportes que suman al sueldo). Y que ese porcentaje se adosa a todos los aumentos acordados para el mismo sector durante 2007, por un porcentaje total de entre 38 y 40 por ciento.
Pero Moyano, seguramente a cambio de favores que no aparecen en los medios (como, por ejemplo, asegurarse la continuidad al frente de la CGT), ayuda al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a construir esta realidad paralela que se da de bruces con la realidad del bolsillo.
24 por ciento de aumento real para los camioneros. 24 por ciento podría ser la cifra final para arreglo que permita a los docentes iniciar el ciclo lectivo. Los trabajadores de edificios, en sus paritarias, no se bajarán del pedido de 27 por ciento de aumento. Los panaderos no se muestran dispuestos a aceptar menos del 30 por ciento. Los empleados de empresas viales y portuarias reclaman un 35 por ciento. Los gremios que representan a los mecánicos pelean por un incremento del 35 por ciento. Los gastronómicos, enfrentados con Moyano, todavía no revelaron qué cifra se sentarán a negociar, pero se sabe que estará por encima del oficialista 19,5 por ciento.
Lo cierto es que ninguno de los gremios -amigos o enemistados con el gobierno- se sienta a reclamar aumentos en sintonía con las cifras de inflación del INDEC. Nadie toma en cuenta los ridículos cálculos de ese organismo oficial, que seguramente tiene la orden de dibujar un número que no dispare la macroeconomía, pero que nada tiene que ver con la economía diaria, de bolsillo. Ocurre, en definitiva, que ni siquiera en el gobierno aceptan a esas cifras del INDEC como reales.
Hace meses que en algunos medios de prensa se informa acerca del verdadero costo de vida a través de la constatación de los aumentos de los productos de consumo o uso cotidiano. Los contestadores de las radios se atestan de denuncias que hablan de aumentos diarios en todos los productos, de los más variados rubros.
Al margen de los incrementos notables en la mercadería de temporada (canasta navideña para fin de año, alquileres y demás servicios relacionados con las vacaciones, canasta de útiles escolares o los inminentes aumentos en los productos típicos de semana santa, por citar algunos ejemplos), las cosas aumentan a un ritmo que marca la inflación real y el aumento del costo de vida. Es por ello que ni en chiste los gremios se sientan a hablar de aumentos atados a la inflación oficial. Todos, con mayores o menores pretensiones, pelean por porcentajes más acordes con la realidad.

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