La relación comenzó complicada. La intendenta Graciela Rosso no había asumido y ya asomaban pequeños cortocircuitos para trabajar con la información emanada de la nueva gestión. Se pidió y gestionó una entrevista exclusiva con la electa jefa comunal. Las tratativas se realizaron a través de la persona que trabajó como prensa de la campaña. Quien ofició de intermediario para conseguir la nota pidió quedarse a escucharla. No hubo problemas para acceder al pedido, pero horas más tarde al menos dos preguntas realizadas por este medio fueron repetidas para una nota que se pasó en la televisión antes de la publicación de nuestra entrevista.
Rosso eligió a Fabián Pérez para el cargo de director de Prensa. Horas después de esa decisión, trascendió que la intendenta electa –aún no había asumido- había emprendido un viaje al exterior. Se buscó la confirmación de esa noticia y se llamó al responsable de prensa, inminente funcionario: “¿Rosso viajó a Cuba?”, le preguntó este medio. “Eso es lo que están diciendo”, respondió el por entonces no asumido director. “¿Cómo ‘lo están diciendo’? ¿Quién lo está diciendo?”, se insistió. “Eso dicen, pero parece que ella (Rosso) tuvo un problema de presión por la campaña y se tomó unos días”. Se intentó explicar que esa no era una respuesta acorde con la situación, pero fue en vano.
Rosso regresó de Cuba y comenzó a transitar su gestión. Los funcionarios comenzaban a trabajar en sus cargos, pero no aparecía la información oficial sobre cada uno de los nombramientos. Se solicitaron datos y desde Prensa se prometió una grilla completa de todos los colaboradores políticos de la administración, pero la grilla sigue sin aparecer. Sólo se aportaron los datos de los secretarios y de un puñado de directores y subdirectores.
Otro caso testigo de la dificultad en la recepción de la información oficial: la intendenta se reunió con la secretaria de Medio Ambiente de Nación, Romina Picolotti, y no se avisó a los medios de prensa sobre su presencia. El importante encuentro se tradujo y sintetizó en una gacetilla de dos párrafos. Desde nuestra redacción se pidió una ampliación y se redactó una segunda gacetilla, más completa, que se entregó a todos los medios; no sólo al que la pidió.
Siguieron los vaivenes en la recepción de la información oficial hasta que este medio supo y difundió el caso de la desaparición en el Hospital de las tapitas de plástico que los vecinos juntaban solidariamente para adquirir elementos para ese establecimiento de salud. Desde entonces, en incontable cantidad de ocasiones, se solicitó a la Dirección de Prensa que ayudara a conseguir una explicación oficial. Como respuesta, se pedía tiempo. En una ocasión, un periodista de este medio insistió en el pedido y se logró que el director del Hospital, Daniel Ortega, adelantara que se abriría un sumario interno. “Pero va a hablar con la secretaria de Salud para ver qué se termina informando”, respondió el funcionario Pérez.
Cuando EL CIVISMO consiguió, a través de un testigo presencial, la información de lo que ocurrió con las bolsas de tapitas y otros elementos que molestaban en el lavadero, se le volvió a pedir a Pérez que las autoridades dieran su versión de los hechos. “Mañana o pasado van a dar una conferencia de prensa o algo para informar”.
La semana pasada –mientras insistíamos en conseguir una explicación oficial- la Dirección de Prensa redactó una aclaración con palabras de Ortega (que no aclara en nada lo informado por este medio y sólo ratifica la apertura de un sumario). Ese informe público se entregó a todos los medios de prensa de Luján, menos a EL CIVISMO.
Se le preguntó a Pérez la causa de la discriminación en la difusión de ese acto de gobierno, y el funcionario sólo explicó que “Graciela está enojada por lo que ustedes escribieron de las tapitas. Le molestó ese tema”. “Podemos entender el enojo, pero usted sabe que pedimos explicaciones oficiales no menos de diez veces. Además, una cosa no debería tener relación con la otra. Un enojo no puede fijar la política de comunicación de una gestión de gobierno”, intentó explicar este medio. “Sí, sé que ustedes pidieron la información, pero está enojada. Está enojada”, volvió a decir el funcionario. “¿Y usted no le explicó que esa conducta era equivocada?”. “Sí, se lo dije. Y se lo voy a volver a decir. Pero se enojó”, reiteró.
Nos cuesta creer que el enojo por una nota derive en la discriminación de la información oficial hacia un medio de prensa; que el enojo desemboque en la censura total sobre los actos de gobierno para un medio de comunicación y termine fijando una política de comunicación. Consideramos que quienes transitan la arena política desde hace muchos años tienen el deber de conocer la gravedad de semejante medida. Y conocer, además, que la información de los actos de gobierno no se puede cercenar bajo ninguna excusa.
Nos cuesta creer, pero deberemos hacerlo porque durante esta semana sólo se enviaron a la redacción de EL CIVISMO dos gacetillas de la Dirección de Prensa. Se le preguntó al responsable del área si la medida de censura ya estaba en marcha y respondió que “sí”. “Entonces, ¿las dos gacetillas de esta semana llegaron por error?”, se preguntó. “Deben haber llegado por error”, respondió el funcionario Pérez. “Necesitamos la confirmación oficial de las razones de esa discriminación”, pidió este medio. “Ella está muy enojada por esa nota de las tapitas”, volvió a argumentar el director de Prensa. Y desde entonces (el martes, para ser más específicos) no volvimos a hablar con la Dirección de Prensa. Y tampoco llegaron más gacetillas oficiales.
miércoles, 26 de marzo de 2008
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