Contradictorio. Es lo más adecuado que se puede expresar para preservar los modos políticamente correctos y definir lo que por un lado realiza el gobierno municipal y por otro lado permite que se haga. ¿De qué hablamos?
Días atrás, a través de una gacetilla de prensa, el gobierno comunal invitó a los vecinos de Luján a colaborar con una campaña solidaria para la recolección de libros y así aportar al equipamiento de una biblioteca. La encabeza un área de la estructura comunal: la Casa de la Juventud. Y la destinataria elegida es la biblioteca popular “Nueva Esperanza”, del barrio El Ceibo.
Esta semana, en el marco de los anuncios oficiales por la realización del festival “Encuentro de la Fe y la Historia”, previsto para los próximos 15 y 16 de marzo, las autoridades locales vuelven a apelar a la solidaridad de los vecinos. Destacaron que la entrada a todos los espectáculos será gratuita, pero que se colocarán recipientes para que se depositen alimentos no perecederos que serán clasificados y distribuidos por la Dirección de Atención y Emergencia Directa de la Municipalidad.
Sumamente interesante cada una de las iniciativas del gobierno local. Lástima que el pasado inmediato no nos permita fomentar en los vecinos ese espíritu solidario si quien lo pide es el gobierno municipal, y mucho menos ofrecer nuestro espacio de difusión como garantía de que lo que se done llegará a las manos que lo necesitan.
Es lo mínimo que se puede expresar ante el silencio cuasi burlón que las mismas autoridades que ahora piden colaboración, asumen a la hora de (no) explicar qué pasó con los cerca de 2.000 kilos de tapitas de plástico que la gente donó para colaborar con el Hospital. Y que desaparecieron de ese establecimiento de salud sin que nadie se haga cargo de lo ocurrido.
Lo expresamos en ediciones pasadas y no deberíamos cansarnos de decirlo: lo que ocurrió con el material donado por incontable cantidad de lujanenses de todas las edades, con el fin de ayudar al Hospital público, es vergonzoso. Y sólo agrega una cuota de vergüenza el hecho que no se comunique a los responsables de la campaña qué pasó con un cargamento que se valúa –aunque importante la cifra- en unos 2.400 pesos.
Carlos Mainelli fue el vecino al que se le ocurrió la iniciativa de juntar las tapitas y tuvo la desafortunada idea de pensar en el mismo Hospital como el mejor resguardo para el acopio. Desde el gobierno le dijeron que si quiere explicar o recibir explicaciones de la intendenta, tiene que pedirlo por nota.
El gobierno municipal muestra un flagrante desinterés por explicar por qué se frustró una campaña solidaria, pide a los vecinos que colaboren con dos propuestas de esa característica.
A modo de consejo; si los vecinos no vieron herido su sentimiento solidario con lo que ocurrió en el Hospital, y donan libros o alimentos no perecederos, tengan en cuenta un sitio para su acopio y una correcta vigilancia de lo depositado. No sería bueno que uno, dos o tres vivos se apoderen de lo que la gente entrega con la intención de ayudar a los demás
lunes, 10 de marzo de 2008
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