jueves, 6 de marzo de 2008

No importa cuántas tapitas eran

Los gestos solidarios tienen un valor que no se mide en monedas. Se trata de acciones que realizan las personas resignando tiempo, recursos e ideas propias con la única intención de aportar al bien común; para ayudar a los que menos tienen, cualquier sea la causa esa desventaja o de esa necesidad. Existen gestos solidarios urgentes, como los que suelen aparecer ante desastres naturales. Y otros que se sostienen en el tiempo, cuyo ejemplo más cercano lo encontramos en las entidades solidarias. Sin duda, los gestos solidarios representan una de las expresiones más apreciadas de un ser humano.
Un par de vecinos de Luján iniciaron hace años una campaña solidaria cuyo beneficiario era el Hospital Municipal Nuestra Señora de Luján; es decir, directa o indirectamente, toda la comunidad de Luján.
Entendieron que una manera de ayudar, contando con la colaboración de los vecinos lujanenses, eran reunir tapitas plásticas (elemento habitual en todos los hogares), vender ese material y, con los fondos, comprar o reparar lo que hiciera falta en el establecimiento público de salud.
Incontable cantidad de vecinos se sumaron a la propuesta que logró amplia difusión en los medios de comunicación. Durante años, chicos y grandes, sólo o por sugerencia de entidades sociales o educativas, llenaron bolsas de tapitas que primero se depositaron en la casa de uno de los voluntarios, y en los últimos tiempos pasaron a almacenarse en el mismo Hospital Municipal.
Según se supo en estos días, la última venta de tapitas se había realizado a mediados del año pasado y con el dinero se atendieron necesidades muy concretas del Hospital (reparación de un portón, compra de una mesa, de un esterilizador, entre otras cosas). Desde ese entonces, kilos y kilos de tapitas se fueron juntando con el edificio de salud.
El 31 de enero pasado uno de los voluntarios se acercó al nosocomio para preguntar qué se haría con el dinero derivado de la venta de cerca de 2.000 kilos de plástico que se almacenaban en el lavadero. No se acordó el destino y las tapitas siguieron esperando. Se presumía en ese entonces que la recaudación por la venta podía rozar los 2.500 pesos.
Lo cierto es que quince días más tarde el mismo voluntario regresó el Hospital para definir qué hacer con las tapitas, pero ya no estaban en el establecimiento. Nadie se dignó a darle una respuesta por la misteriosa desaparición.
En nuestra edición pasada se informó en detalle sobre lo ocurrido aunque, claro está, faltaban las explicaciones oficiales. Por tratarse de un gesto solidario cuyo valor excede lo monetario, era de esperar que las explicaciones contundentes aparecieran de inmediato.
Pasaron los días y sólo por la insistencia de este medio en conocer qué pasó con las tapitas, apenas se alcanzó a saber que “el director del Hospital tiene resuelto abrir un sumario para que se investigue lo ocurrido”. Se buscaron más precisiones y oficialmente se dijo que “el texto del sumario lo terminarán de definir el director del Hospital (Dr. Daniel Ortega) y el secretario de Legal y Técnica”.
Hoy por hoy, no se sabe qué pasó con 2.000 kilos de plástico que solidariamente juntaron cientos y cientos de lujanenses para ayudar a su propio Hospital. En realidad, se sabe que desaparecieron y que alguien ingresó al edificio público y retiró la abultada carga sin que las autoridades se inmutaran.
Estamos ante un pésimo ejemplo para aquellos que están a tiempo de aprender el valor de la solidaridad. Estamos ante un acto de desidia, que debería provocar vergüenza.

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