viernes, 4 de abril de 2008

El problema no son las retenciones

El conflicto del campo con el gobierno sigue, tan latente como la semana pasada. Y con el agravante del desabastecimiento, una consecuencia directa del bloqueo de rutas y de la intransigencia de las autoridades nacionales para plantear un diálogo franco; un diálogo que no tenga sesgo tribunero.
Ayer, sin una explicación lógica, el gobierno nacional trabajó arduamente para llenar la Plaza de Mayo. Nuevo discurso de la presidenta de la Nación y una pregunta que queda flotando: y ahora, ¿qué cambia?
Tan innecesaria como costosa fue la convocatoria de ayer. ¿Qué pretendía demostrar el gobierno? ¿Que puede llenar la plaza? ¿Que tiene poder de movilización? De ser así, permitan otra pregunta: ¿quién lo cuestionaba?
De hecho, cualquier análisis tiene que admitir que la oradora de ayer fue votada por la mayoría de los argentinos. No hay dudas respecto de ello. Tal vez se sienta cómoda observando fantasmas de desestabilidad.
¿Acaso la presidenta anda floja de autoestima y necesita que miles de personas le aplaudan sus dichos? En todo caso, que alguien le indique que para los “argentinos y argentinas” no representa un problema cotidiano la estima personal de la presidenta.
El problema de los “argentinos y argentinas” pasa por otro lado. Pasa por las góndolas vacías y la necedad oficial de un lado y la necedad dirigencial del otro. Pasa por los precios que se disparan, que se tornan imposibles para la enorme mayoría de los bolsillos y nadie parece tener las herramientas para ponerle un freno. Las autoridades nacionales, ¿tendrán las herramientas para después de esta tormenta retrotraer los precios a mediados de marzo?
Con 20 días de conflicto y posiciones cerradas de ambos lados, habrá que comenzar a buscar preguntas y respuestas más de fondo; que no se limiten a porcentajes de retenciones.
Habría que comenzar a preguntarse si esta crisis no estará atada a una falta de credibilidad que se mantiene en el marco de la extraña continuidad-alternancia del matrimonio Kirchner en el poder.
Es probable que muchos “argentinos y argentinas” sencillamente no le crean a la presidenta y, por efecto dominó, tampoco a sus ministros. Porque aislado de todo el cúmulo de situaciones que rodean al paro del campo, las medidas que el lunes anunció el ministro de Economía de la Nación no parecían desacertadas. Incluso nos animaríamos a decir que en muchos casos sonaban justas, equitativas, con sana diferenciación entre los grandes productores y los que se tienen que romper el lomo en un puñado de hectáreas para redondear un ingreso digno.
El problema de fondo parecería, entonces, radicar en la credibilidad. Un problema que trae atado otro problema: la credibilidad de un gobierno no se pierde ni se construye de la noche a la mañana. No se pierde ni se construye con uno, dos o tres discursos. Se pierde cuando es evidente la distancia entre los dichos y los hechos.

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