
Charla con un artista que (aún) no eligió claudicar
De visita por Luján, Raly Barrionuevo dialogó con algunos periodistas locales. Dejó bien claras sus diferencias con el gobierno y ratificó su compromiso social.
Foto por Ricardo Castiñeira
Es saludable, cada tanto, poder refugiarse en la obra de artistas que además de sus letras, su música, su poesía, construyen una coherencia. Diferentes generaciones admiraron y admiran a León Gieco. Lo escuchan y sus palabras trascienden el momento de la interpretación. Sus estrofas, como la de otros artistas, transportan al pasado, a la memoria, a los recuerdos personales, al compromiso por causas propias o populares.Sin embargo, ese matrimonio por conveniencia entre público y artistas puede transitar crisis. Y sabemos que las crisis son pasajeros o derivan en la separación definitiva. Dependerá de cada caso. Por ejemplo, aquel Gieco rebelde, que cosechó elogios por esa coherencia contagiosa, por sus letras a contramano del olvido, gladiadoras sonoras de causas justas, un día se dedican a la propaganda bien paga de un proyecto político-partido.Varias generaciones también admiraron y admiran la inteligencia de Charly García. Es que supo cantarle verdades a los militares de la última dictadura, con sutilezas y giros que los uniformados nunca llegaron a entender. Y siguió cantando siempre un paso delante de sus “colegas”, hasta que un día su público privado, mínimo, en la Quinta de Olivos, terminó siendo la corte del rey Carlos Saúl de La Rioja. Años más tarde, sus canciones –las mismas- se trasladaron al Salón Blanco de la Casa Rosada, porque los funcionarios del matrimonio Kirchner querían escucharlo. “Cambia, todo cambia”, avisó Mercedes Sosa, antes de mutar de vocera musical de las juventudes de los setenta, en defensora de la actual gestión de gobierno. “Yo tengo mucho respeto por la presidenta, que estuvo en mi casa. Además, da sus discursos sin ayuda memoria. Cristina es muy inteligente”, dijo Mercedes, hace poco, en Luján. Y muchos la escucharán y querrán prender fuegos sus viejos cassettes.Sin la grandeza de los caprichosos ejemplos expuestos, hay un artista que comenzó a construir un pequeño pero -por ahora- firme camino de coherencia entre letras y acción. Se trata de Raly Barrionuevo, un santiagueño y folklorista que se hizo oír en Buenos Aires de la mano de León Gieco (antes de ser kirchnerista). Raly canta en el escenario y también canta su verdad debajo de las tarimas. Es ahí donde un minúsculo grupo de periodistas locales logramos dialogar; cuando tocó como invitado en el Encuentro de la Fe y la Historia.Aquellos que no lo conocen, verán en sus letras palabras como Mo.Ca.Se. no por que le sirva para la rima, sino porque colabora con ese movimiento campesino. Hablará de la Simona no porque su nombre suene simpático, sino porque aporta para que cambie la realidad de ese poblado olvidado en el interior del país. También le canta al Che Guevara, y admite: “Si un tema del Che Guevara vende, a las discográficas les gustará el Che Guevara. Yo canto ‘Hasta siempre comandante’ porque siento la letra”.También, a riesgo de no recibir más invitaciones para tocar en el Salón Blanco y ser el bufón musical del gobierno de turno, aclara que no iría a ese sitio oficial a exponer su arte. Coherencia, porque minutos antes había gritado contra “la puta corrupción”. “Yo con los gobierno, no”, manifiesta, por ahora. Esperemos que la vida no lo haga derrapar porque, como él mismo, dice “daría mucho asco”.
-No es tu primera visita a Luján.-No, toqué en Luján hace varios años. Me acuerdo que tocamos tarde, con muy poquita gente pero un público hermoso. Fue una sorpresa recibir la invitación de este año. La verdad que es muy lindo que nos tengan en cuenta para este tipo de eventos. Nosotros, que tocamos nuestras canciones, nos alegramos con estas invitaciones porque nos llegan como de vuelta de cosas que uno da. Son invitaciones que no caen del cielo, sino que responden a nuestro trabajo. En lo personal, yo no trabajo para que me contraten. No hago canciones ni discos ni nada de lo que hago para que me contraten. Eso es algo que se da después de respetar interiormente una necesidad artística. Si yo tuviera la más ínfima especulación al respecto, estaría en problemas, pero disfrutamos cuando las cosas se dan así, como ahora. Me siento tranquilo y feliz que me inviten.
-Las letras como las tuyas, con cierto compromiso social, no siempre le simpatizan a las discográficas.-A las discográficas les interesa lo que venda, viste. Hay todo tipo de personas en las discográficas, pero si vende una canción del Che Guevara, la van a editar. Pero es porque vende, no porque hable del Che Guevara. Nosotros estamos tranquilos porque sé por qué canto esa canción (“Hasta siempre comandante”). Aparte no es una canción que me haya hecho vender discos, ni mucho menos. Forma parte de nuestro repertorio porque hay un conocimiento de esa figura y demás. El interés de las discográficas es relativo.
-¿Cómo sentiste al público de Luján?.-Hermoso. Nosotros tratamos de divertirnos en el escenario y hacer lo que nos gusta. Y está bueno cuando el público también la pasa bien. A mí me gusta que el público se sienta como tiene ganas de sentirse. Si el público tiene ganas de estar de brazos cruzados y mirar y no aplaudir, hay que dejarlo. Para mí eso de arengar al público para que haga palmas me parece una falta de respeto. Yo quiero hacer mi música y respetar a la gente. Eso lo aprendí con el tiempo; un público que está calladito o no aplaude casi nada, no quiere decir que no le guste lo que estás haciendo. Si no le gusta, se levanta y se va. Cada público tiene su modo de disfrutar de los artistas y de los conciertos y hoy han sido bastante cariñosos con nosotros. Está bueno, nos hace sentir bien y se notaba que había un montón de gente que nos conocía y muchos que no, que nos escuchó por primera vez y les agradezco el respeto, porque por ahí sólo nos sintieron nombrar y pueden estar cargados de prejuicios.
-Es propio de los festivales enfrentar público en parte desconocido.-Claro. Compartís gente con otros artistas. Igualmente, acá, con Teresa Parodi creo que estamos en la misma. Yo la llevo a Teresa como una referente. Y creo que el público de ella, como el nuestro, ideológicamente están en la misma línea.
-¿Seguís relacionado con la Universidad Trashumante?.-Sí, sí, claro. En todos los movimientos con los que aporto, lo hago a través de la música. También suelo participar de talleres reflexivos o asisto a los campamentos con las organizaciones campesinas. Lo que se da, más que nada, es convivencia y talleres de formación. Pero mi aporte es desde la música. Es lo que hago y tardé mucho tiempo en valorar ese aporte. Muchas veces pensaba que la música sólo puede acompañar, apoyar o adherir a ciertos movimientos, pero no es así. Hoy, gracias a un montón de compañeros, siento que a través de la música no sólo acompaño sino que participo. Esa es mi herramienta y me hace sentir muy útil.
-Mercedes Sosa manifestaba recién su respeto hacia las autoridades del gobierno. ¿Cuál es tu relación o tu opinión en relación con el gobierno nacional?-Nooo. Yo con los gobiernos no.
-Tenés razones para no avalar.-Pero claro. Escuchame: lo que pasa es que se siguen llevando el país de a pedazos. Se siguen envenenando las tierras. Está bien, pero yo no. Yo no pongo las esperanzas en los gobiernos. Cada gobierno tiene su interés y su forma de hacer las cosas. No sé qué le agrada a otros. Yo, en mi humilde opinión, siento que hasta que no nacionalicen las tierras de Benetton, hasta que no echen a las empresas mineras Barry Gold, hasta que no le devuelvan la tierra a un montón de campesinos, hasta que no le devuelvan lo que corresponde a todos los pescadores de Mar del Plata y toda la costa argentina, que les devuelvan su derecho al trabajo a los pueblos originarios, que se frene la tala de los bosques de El Impenetrable, hasta que no frene la venta indiscriminada de tierra a los terratenientes, hasta que no cambie todo eso, para mí sigue todo igual. Si cambia eso me sacaré el sombrero ante cualquier gobierno y diré que está bien, que cumple con lo que tiene que cumplir. Hoy no me parece que haya que estar casado con nadie.
-Se sigue peleando por la utopía.-Creo que los caminos para la lucha uno tiene que buscarlos. Cada uno hace lo que puede y lo busca a su manera. A mí me han ofrecido un montón de veces cantar en la Rosada y yo no voy a ir. ¿Cómo voy a ir a avalar algo en lo que no estoy de acuerdo? No es algo personal ni con la presidenta. Es parte del sistema en el que vivimos y me parece que los gobiernos siguen siendo funcionales al vaciamiento del país; de este país maravilloso.Cada uno hace su negocio. Rodríguez Saa sale en las revistas con los pueblos originarios y se pone la bincha. Es una cosa que te da mucho asco, viste. Cada uno tiene su modo, pero yo personalmente pienso que hay que estar muy atentos, porque hoy no se sabe quién es quién. Está todo tan mezclado que mejor lejos. Por las dudas, lejos.
De visita por Luján, Raly Barrionuevo dialogó con algunos periodistas locales. Dejó bien claras sus diferencias con el gobierno y ratificó su compromiso social.
Foto por Ricardo Castiñeira
Es saludable, cada tanto, poder refugiarse en la obra de artistas que además de sus letras, su música, su poesía, construyen una coherencia. Diferentes generaciones admiraron y admiran a León Gieco. Lo escuchan y sus palabras trascienden el momento de la interpretación. Sus estrofas, como la de otros artistas, transportan al pasado, a la memoria, a los recuerdos personales, al compromiso por causas propias o populares.Sin embargo, ese matrimonio por conveniencia entre público y artistas puede transitar crisis. Y sabemos que las crisis son pasajeros o derivan en la separación definitiva. Dependerá de cada caso. Por ejemplo, aquel Gieco rebelde, que cosechó elogios por esa coherencia contagiosa, por sus letras a contramano del olvido, gladiadoras sonoras de causas justas, un día se dedican a la propaganda bien paga de un proyecto político-partido.Varias generaciones también admiraron y admiran la inteligencia de Charly García. Es que supo cantarle verdades a los militares de la última dictadura, con sutilezas y giros que los uniformados nunca llegaron a entender. Y siguió cantando siempre un paso delante de sus “colegas”, hasta que un día su público privado, mínimo, en la Quinta de Olivos, terminó siendo la corte del rey Carlos Saúl de La Rioja. Años más tarde, sus canciones –las mismas- se trasladaron al Salón Blanco de la Casa Rosada, porque los funcionarios del matrimonio Kirchner querían escucharlo. “Cambia, todo cambia”, avisó Mercedes Sosa, antes de mutar de vocera musical de las juventudes de los setenta, en defensora de la actual gestión de gobierno. “Yo tengo mucho respeto por la presidenta, que estuvo en mi casa. Además, da sus discursos sin ayuda memoria. Cristina es muy inteligente”, dijo Mercedes, hace poco, en Luján. Y muchos la escucharán y querrán prender fuegos sus viejos cassettes.Sin la grandeza de los caprichosos ejemplos expuestos, hay un artista que comenzó a construir un pequeño pero -por ahora- firme camino de coherencia entre letras y acción. Se trata de Raly Barrionuevo, un santiagueño y folklorista que se hizo oír en Buenos Aires de la mano de León Gieco (antes de ser kirchnerista). Raly canta en el escenario y también canta su verdad debajo de las tarimas. Es ahí donde un minúsculo grupo de periodistas locales logramos dialogar; cuando tocó como invitado en el Encuentro de la Fe y la Historia.Aquellos que no lo conocen, verán en sus letras palabras como Mo.Ca.Se. no por que le sirva para la rima, sino porque colabora con ese movimiento campesino. Hablará de la Simona no porque su nombre suene simpático, sino porque aporta para que cambie la realidad de ese poblado olvidado en el interior del país. También le canta al Che Guevara, y admite: “Si un tema del Che Guevara vende, a las discográficas les gustará el Che Guevara. Yo canto ‘Hasta siempre comandante’ porque siento la letra”.También, a riesgo de no recibir más invitaciones para tocar en el Salón Blanco y ser el bufón musical del gobierno de turno, aclara que no iría a ese sitio oficial a exponer su arte. Coherencia, porque minutos antes había gritado contra “la puta corrupción”. “Yo con los gobierno, no”, manifiesta, por ahora. Esperemos que la vida no lo haga derrapar porque, como él mismo, dice “daría mucho asco”.
-No es tu primera visita a Luján.-No, toqué en Luján hace varios años. Me acuerdo que tocamos tarde, con muy poquita gente pero un público hermoso. Fue una sorpresa recibir la invitación de este año. La verdad que es muy lindo que nos tengan en cuenta para este tipo de eventos. Nosotros, que tocamos nuestras canciones, nos alegramos con estas invitaciones porque nos llegan como de vuelta de cosas que uno da. Son invitaciones que no caen del cielo, sino que responden a nuestro trabajo. En lo personal, yo no trabajo para que me contraten. No hago canciones ni discos ni nada de lo que hago para que me contraten. Eso es algo que se da después de respetar interiormente una necesidad artística. Si yo tuviera la más ínfima especulación al respecto, estaría en problemas, pero disfrutamos cuando las cosas se dan así, como ahora. Me siento tranquilo y feliz que me inviten.
-Las letras como las tuyas, con cierto compromiso social, no siempre le simpatizan a las discográficas.-A las discográficas les interesa lo que venda, viste. Hay todo tipo de personas en las discográficas, pero si vende una canción del Che Guevara, la van a editar. Pero es porque vende, no porque hable del Che Guevara. Nosotros estamos tranquilos porque sé por qué canto esa canción (“Hasta siempre comandante”). Aparte no es una canción que me haya hecho vender discos, ni mucho menos. Forma parte de nuestro repertorio porque hay un conocimiento de esa figura y demás. El interés de las discográficas es relativo.
-¿Cómo sentiste al público de Luján?.-Hermoso. Nosotros tratamos de divertirnos en el escenario y hacer lo que nos gusta. Y está bueno cuando el público también la pasa bien. A mí me gusta que el público se sienta como tiene ganas de sentirse. Si el público tiene ganas de estar de brazos cruzados y mirar y no aplaudir, hay que dejarlo. Para mí eso de arengar al público para que haga palmas me parece una falta de respeto. Yo quiero hacer mi música y respetar a la gente. Eso lo aprendí con el tiempo; un público que está calladito o no aplaude casi nada, no quiere decir que no le guste lo que estás haciendo. Si no le gusta, se levanta y se va. Cada público tiene su modo de disfrutar de los artistas y de los conciertos y hoy han sido bastante cariñosos con nosotros. Está bueno, nos hace sentir bien y se notaba que había un montón de gente que nos conocía y muchos que no, que nos escuchó por primera vez y les agradezco el respeto, porque por ahí sólo nos sintieron nombrar y pueden estar cargados de prejuicios.
-Es propio de los festivales enfrentar público en parte desconocido.-Claro. Compartís gente con otros artistas. Igualmente, acá, con Teresa Parodi creo que estamos en la misma. Yo la llevo a Teresa como una referente. Y creo que el público de ella, como el nuestro, ideológicamente están en la misma línea.
-¿Seguís relacionado con la Universidad Trashumante?.-Sí, sí, claro. En todos los movimientos con los que aporto, lo hago a través de la música. También suelo participar de talleres reflexivos o asisto a los campamentos con las organizaciones campesinas. Lo que se da, más que nada, es convivencia y talleres de formación. Pero mi aporte es desde la música. Es lo que hago y tardé mucho tiempo en valorar ese aporte. Muchas veces pensaba que la música sólo puede acompañar, apoyar o adherir a ciertos movimientos, pero no es así. Hoy, gracias a un montón de compañeros, siento que a través de la música no sólo acompaño sino que participo. Esa es mi herramienta y me hace sentir muy útil.
-Mercedes Sosa manifestaba recién su respeto hacia las autoridades del gobierno. ¿Cuál es tu relación o tu opinión en relación con el gobierno nacional?-Nooo. Yo con los gobiernos no.
-Tenés razones para no avalar.-Pero claro. Escuchame: lo que pasa es que se siguen llevando el país de a pedazos. Se siguen envenenando las tierras. Está bien, pero yo no. Yo no pongo las esperanzas en los gobiernos. Cada gobierno tiene su interés y su forma de hacer las cosas. No sé qué le agrada a otros. Yo, en mi humilde opinión, siento que hasta que no nacionalicen las tierras de Benetton, hasta que no echen a las empresas mineras Barry Gold, hasta que no le devuelvan la tierra a un montón de campesinos, hasta que no le devuelvan lo que corresponde a todos los pescadores de Mar del Plata y toda la costa argentina, que les devuelvan su derecho al trabajo a los pueblos originarios, que se frene la tala de los bosques de El Impenetrable, hasta que no frene la venta indiscriminada de tierra a los terratenientes, hasta que no cambie todo eso, para mí sigue todo igual. Si cambia eso me sacaré el sombrero ante cualquier gobierno y diré que está bien, que cumple con lo que tiene que cumplir. Hoy no me parece que haya que estar casado con nadie.
-Se sigue peleando por la utopía.-Creo que los caminos para la lucha uno tiene que buscarlos. Cada uno hace lo que puede y lo busca a su manera. A mí me han ofrecido un montón de veces cantar en la Rosada y yo no voy a ir. ¿Cómo voy a ir a avalar algo en lo que no estoy de acuerdo? No es algo personal ni con la presidenta. Es parte del sistema en el que vivimos y me parece que los gobiernos siguen siendo funcionales al vaciamiento del país; de este país maravilloso.Cada uno hace su negocio. Rodríguez Saa sale en las revistas con los pueblos originarios y se pone la bincha. Es una cosa que te da mucho asco, viste. Cada uno tiene su modo, pero yo personalmente pienso que hay que estar muy atentos, porque hoy no se sabe quién es quién. Está todo tan mezclado que mejor lejos. Por las dudas, lejos.
(Esta nota se publicó en la revista digital "Saltar el cerco")
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